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«Noche y océano»: La novela Premio Biblioteca Breve 2020 cuyo estilo recuerda a Paul Auster

La escritora española Raquel Taranilla nos entrega con esta galardonada obra un texto sólido, y donde la proliferación constante de nombres y de vidas, lejos de cansar, más bien asombran, y remiten a sus lectores a la extraordinaria ficción «El libro de las ilusiones» del imprescindible narrador estadounidense.

Por Martín Parra Olave

Publicado el 13.8.2020

La escritora Raquel Taranilla (Barcelona, 1981) ha sido la ganadora de la última versión del premio Biblioteca Breve, con una novela muy poco común, cuyo mérito radica en el esfuerzo por exponer una historia algo alejada de las modas y corrientes que hoy en día circulan. Quien cuenta la historia es una profesora universitaria, Beatriz Silva, especializada en Lukacs que hace clases de sociología y ocio del turismo en una universidad de segundo orden. Ella, a través del relato en primera persona,  nos cuenta la obstinada historia de Quirós, un fanático que desea “hacer una película sobre los meses que Murnau pasó en la polinesia, filmando Tabú, justo antes de morir”.

Sin embargo, la narración no se cierra única y exclusivamente en el anhelo de este fanático, sino que por el contrario crece y se bifurca, tal cual se indica en parte de su epígrafe: “cada tesis o hipótesis engendra una verdadera prole de proposiciones”. En este sentido, la narración crece y se abre continuamente por caminos aledaños, haciéndonos conocedores de un sin fin de otras historias que aportan algo a la historia central y que de pasada, transforman el trabajo de Taranilla, en un desafío poco frecuente en estos tiempos.

El uso de este recurso acumulativo no es azaroso, sino que más bien vendría a ser una respuesta en sintonía con lo que sucede en nuestra realidad, donde el abundante exceso de información nos desvía permanentemente de aquello a lo cual querríamos prestar atención.

La noticia de la desaparición de la cabeza del cadáver del director de cine alemán Friedrich Wilhelm Murnau (1988-1931), uno de los más influyentes de la era del cine mudo, es el punto de partida de la narración para luego, de manera pausada pero consistente, comenzar el trayecto que nos lleva a pasear por las vidas de innumerables personalidades, utilizados tangencial o directamente por la narradora. Mención aparte es el entretenido juego que realiza con las notas al pie, un recurso que le sirve de balanza a Beatriz para medir lo que ella a hecho hasta ese momento de su vida.

El juego consiste en informar las obras que estas personalidades han realizado en sus primeros treinta y dos años de vida, la misma edad que tiene ella al momento de la narración. Es así como por ejemplo, nos enteramos que Antoine de Saint-Exupéry lleva tres novelas publicadas al cumplir la edad de marras; “George-Bush padre original llega a los treinta y dos en 1956, dedicado, según su biografía oficial, al negocio petrolero”. Por otro lado, George Simenon ha publicado ciento setenta y cinco novelas, casi todas bajo seudónimo. En cambio, Slavoj Zizek al llegar a la mentada edad, completa su tesis doctoral y viaja por primera vez a Paris donde va a profundizar las teorías de Lacan. Como vemos, el abanico es amplio y sin limites, tal como sucede en la vida y en la metabolización que ha mencionado la narradora.

En la página 321, Beatriz reconoce que ha nombrado más de 330 nombres, lo que viene a reforzar esta idea de la multiplicidad o metabolización por la cual se juega la escritora. En este sentido, su trabajo es una apuesta a cuestionar ciertos aspectos de la lógica y poner el desafío en manos del lector: “Concentración, me exigirán ustedes, pero yo hace muchas páginas que he renunciado a sujetar las riendas de este relato, de modo que no voy a poder evitar que se imponga en él cierta lógica turbia, pero tan real como la carne viva que, sobre mi esqueleto, metaboliza, metaboliza, metaboliza.”

Quizás en este párrafo se transmita una suerte de declaración de principios de la escritora, una especie de secreto anhelo por intentar capturar la vida misma dentro de la narración y que ella sea capaz de contener la infinidad propia de un destino, que no crece ni se forja aisladamente, sino que se alimenta permanentemente desde todos lados y a veces sin control ni explicación.

La escritora Raquel Taranilla nos entrega una novela sólida, donde la  proliferación constante de nombres y vidas no cansan sino que más bien asombran. Un crecimiento canceroso pero creativo, que invade por todos lados de manera silenciosa la narración, donde lo lúdico no deja de estar presente en todo momento. En definitiva, una novela difícil de comprimir en un par de líneas, por lo que la invitación es a embarcarse en la lectura de esta poco común construcción, tan desbordante como adictiva.

 

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Martín Parra Olave es licenciado en gobierno y gestión pública de la Universidad de Chile y magíster en letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

«Noche y océano», de Raquel Taranilla (Seix Barral, 2020)

 

 

Martín Parra Olave

 

 

Crédito de la imagen destacada: Ana Jiménez.

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