Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor: Lo que necesita la gestión sanitaria en Chile para frenar al Covid-19

Hoy nos hace falta un Winston Churchill con adherencia a la realidad, que dé mayores posibilidades de supervivencia y de salir adelante con conocimiento de causa, porque una característica fundamental de la prestación de los servicios de salud debe ser el hecho de que sean humanos trabajando sobre seres en cuestiones relativas a la vida y a la muerte, pero por vocación.

Por Rodrigo Barra Villalón

Publicado el 4.4.2020

—Hola A, soy B; hicimos el internado en el hospital C y quería contarte que he estado yendo a trabajar sin descanso en estas últimas semanas, doblando turnos, prácticamente sin equipos, con una mascarilla de papel y un delantal de los normales, los guantes se acabaron hace una semana. Pero no te escribo por eso. Mi madre, ¿te acuerdas de ella…? Murió por el virus hace diez días y mi tía, su hermana, que vivía con nosotros murió anoche. Lo más probable es que haya sido yo quién las contagió. Estoy desolada y se me pasan todo tipo de ideas por la cabeza, me siento profundamente culpable. Ya no quiero más aplausos ni que me hagan ver como heroína en las entrevistas que he dado. No sé como voy a seguir viviendo con esta congoja, esta culpa…

Bienvenidos al escenario de un tema rabiosamente actual. Quizá no sea toda la realidad, pero sí es parte importante de ella, y tal vez más real que el carnaval de aspavientos televisivos y noticias con tufillo alentador que hoy mismo nos inundan…

—Bolsa cierra al alza ante recuperación del petróleo e IPSA repunta más de 4 %.

—Temperatura llega a una máxima de 33, 9º y rompe récord para abril en Santiago.

—Contaminación acústica en el Toque de Queda: nivel de ruido baja 75 %.

—Organización lanza campaña que busca la prohibición de los mercados de animales vivos.

—Encuesta: ¿Estarías de acuerdo en derogar los feriados restantes tras el término del Covid-19?

La realidad es que una tercera parte de la humanidad está confinada. Somos casi 2.500 millones de personas encerrados en nuestras casas para evitar el contagio y unos 1.500 millones de niños y jóvenes han abandonado momentáneamente sus estudios. ¿Dónde están los otros 5.000 millones de seres humanos?  Hay 2.100 millones que carecen de agua potable (eso es 1 de cada 3 habitantes del planeta) y la mitad de la población mundial no cuenta con servicios sanitarios básicos. Un billón y medio habita espacios insuficientes y precarios y, de esos, 1.000 millones viven en la calle. Para ellos es imposible lavarse las manos y mantener la distancia social. No cabe cuarentena ni encierro en su caso. Y si hay estratos y clases entre los que podemos confinarnos, por ejemplo, los que tienen acceso a leer esto. También las hay entre los que no pueden ni siquiera confinarse. En el fondo del pozo y a merced de todo tipo de enfermedades e injusticias están quienes huyen de guerras y persecuciones, los refugiados y emigrantes; que se han hecho invisibles, pero siguen estando, y ahora son aún más vulnerables. A propósito de guerras…

Con una reconocida trayectoria política y militar y un talante opuesto al de su pasivo antecesor (Neville Chamberlain y su fracasada política de apaciguamiento ante el Reich) el nuevo primer ministro británico Winston Churchill consiguió sumar a laboristas y liberales a la mayoría conservadora y se dirigió dos días después a la Cámara de los Comunes y, por ende, a todo el pueblo británico en su discurso radiado por la BBC. En esa primera alocución del 13 de mayo de 1940, hizo gala del decidido papel que Reino Unido estaba dispuesto a adjudicarse en la guerra, asumiendo el liderazgo del bando Aliado. «Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» fue la famosa expresión utilizada en aquel histórico discurso.

Aquí, los mismos que hace solo unas semanas decían que era una gripe que se pasaba con paracetamol, que salieras a la calle, que no pasaba nada, que no había problema y todo estaba preparado, que era cosa de los ricos. Son los mismos que ahora, para distraernos, mandan a sus secuaces a hacer heroicas entrevistas, publican noticias estremecedoras pero suavizadas de sustrato alentador y muestran acciones heroicas de trabajadores reales que las vienen haciendo a diario desde hace años mostrando, por ejemplo, lo mal muy mal que lo está pasando el personal de la salud, quienes saben que esto no es un carnaval. Insisten en tratar al pueblo como idiotas. Propio de sociedades infantilizadas. Como lo dijo el periodista Edward R. Murrow, que se caracterizó por su honradez e integridad a la hora de difundir las noticias: «Una nación de Ovejas engendra un gobierno de Lobos». Resistir es lindo, pero es obsceno detenerse en los detalles de lo que está sucediendo y más aun detenerse en lo superficial. Basta analizar las cifras de personas que no se pueden lavar sus manos en el mundo y entender que esto será una verdadera tragedia. Que no hay Test, ni suficientes respiradores mecánicos ni esfuerzo por separar contagiados de no contagiados en el Transantiago. Todo esto es profundamente obsceno, porque existió la oportunidad de mirar a la medicina y la salud como un bien social y no uno de consumo. Pero todos escogimos, como ovejas, mirar a un lado y dejar que los lobos actuaran.

Hoy, nos hace falta un Churchill con adherencia a la realidad; que dé mayores posibilidades de supervivencia y de salir adelante con conocimiento de causa. Porque héroe es aquel que escoge su destino; si no, se llaman simplemente victimas. Una característica fundamental de la prestación de los servicios de salud debe ser el hecho de que sean humanos trabajando sobre humanos en cuestiones relativas a la salud y la muerte: con sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Pero por vocación.

 

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Rodrigo Barra Villalón nació en Magallanes en 1965. Cirujano dentista titulado en la Universidad de Chile, ejerció durante algunos años para luego dedicarse a la actividad empresarial en un ámbito del que recién se comenzaba a hablar: Internet. La literatura siempre fue una pasión, pero se mantuvo inactiva por razones de fuerza mayor. Hasta que en 2018, alejado ya de temas comerciales, tomó la decisión de convertirla en un imperativo.

En ese año sometió su escritura al escrutinio de diversos editores, talleres y cursos; publicando su primer libro de cuentos y de crónicas políticas del período de la dictadura (1973-1991), Algo habrán hecho, en diciembre de esa temporada (Zuramerica, 2018), el cual obtuvo una positiva reacción por parte de la crítica especializada y del público lector. Luego vendría Fabulario (Zuramerica, 2019), una colección de 37 narraciones de ficción alegóricas y se encuentra trabajando en su primera novela, Un delicioso jardín. Es socio activo de Letras de Chile.

Asimismo es redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

Rodrigo Barra Villalón

 

 

Crédito de la imagen destacada: Agencia Uno.