«Puntos suspensivos»: Una obra impactante del nuevo teatro español

Esta pieza escrita con un lenguaje desenfadado y muy actual, como lo exige todo título dramático que aspire a dejar huella en el espectador, es un texto en el que cualquiera de nosotros, sin distinción de género, se puede reconocer y no solo por los problemas personales de las tres protagonistas, quienes hablan abiertamente de sus insatisfacciones y de sus frustraciones, pero también de sus planes y de sus sueños.

Por Sergio Inestrosa

Publicado el 7.2.2019

En el contexto de mi visita a España he visitado Alcalá de Henares lugar en que nació Miguel de Cervantes, hemos visitado su casa, el Colegio de San Ildefonso que me hizo recordar el Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México. Hemos visto también su catedral de estilo gótico y después me he sentado a leer con enorme placer el pequeño libro de teatro Puntos suspensivos que me ha regalo su autora Esther Santos Tello.

Ya sé que para la mayoría de los lectores de Cine y Literatura, Esther va a resultar ser una persona desconocida, pues me adelanto a decir que espero que esta breve reseña de su libro sirva para hacer su presentación formal ante todos ustedes. Esther no solo es una mujer guapa e inteligente sino que además es una mujer apasionada por el teatro y junto a su socio tienen una pequeña editorial (Acto primero) que se dedica casi exclusivamente a publicar obras de este género.

Tuve la suerte de visitar a Esther y a su socio en sus oficinas de la calle Eduardo Vicente, muy cerca de la casa que habitó Juan Carlos Onetti durante los años que vivió en Madrid, a unos pasos de la Avenida de América.

La obra Puntos suspensivos fue estrenada hace exactamente un año, en enero del 2018, Esther mismo dirigió la puesta en escena. El argumento trata sobre tres mujeres, dos hermanas: Mara y Sofía (hay una tercera a quien nunca vemos, pero sabemos de ella por las llamadas telefónicas que recibe Sofía) y Violeta. Las tres se encuentran por casualidad en la sala de espera de un hospital. Las dos hermanas tienen internada a su madre que ha tratado, una vez más, de suicidarse y Violeta a su marido, quien sufrió un accidente de tránsito hace ya un tiempo. La conversación, a veces ríspida, como era de esperar comienza entre las hermanas, pero pronto Violeta es incorporada a las conversaciones, después que las hermanas escuchan dos llamadas telefónicas muy diferentes que recibe Violeta; la primera llamada las hace especular si Violeta es una prostituta, la segunda si es una vendedora de utensilios de cocina; y por esta última ruta es que se va a establecer el vínculo entre ellas.

Durante el tiempo, suponemos que no demasiado largo, que duran las conversaciones asistimos a los problemas, deseos, angustias y anhelos de estas tres mujeres.

Al final sabemos que alguien muere pero no podremos saber si es la madre o el marido de Violeta el que ha fallecido; lo único que nos es dado ver es la angustia de las tres mujeres que corren hacia los respectivos cuartos donde están sus seres queridos (uno junto al otro).

Esta obra de teatro escrita con un lenguaje desenfadado y muy actual, como lo exige toda obra de teatro que aspire a dejar huella en el espectador, es un texto en el que cualquiera de nosotros, sin distinción de género, se puede reconocer y no solo por los problemas personales de las tres protagonistas (esto quizá sería más fácil para las mujeres) quienes hablan abiertamente de sus insatisfacciones, de sus frustraciones pero también de sus planes, de sus sueños. Mara, por ejemplo, quiere irse a París, pues sospecha que no le van a renovar el contrato, Violeta, cuyo marido es parisino la anima a irse, Sofía termina revelando que va a ser madre.

Pero Esther no se olvida de la problemática social en que estamos inmersos todos, o casi todos, y se sirve de este trasfondo para darle realismo a su obra. Este contexto político social que es tan común hoy en día no solo en una ciudad como Madrid, sino en casi todas partes del mundo está marcado por el creciente costo de la vida, la inseguridad, la violencia, el machismo, la precariedad laboral, la inestabilidad social. Ante esta dura realidad casi ninguno de nosotros puede ser indiferente y Esther menos que nadie por ser ella quien presta su voz a los personajes de esta estupenda pieza dramática.

Espero que el lector o lectora pueda hacer un esfuerzo y conseguir este texto que lo hará pensar sobre su propia realidad, su propio entorno y circunstancias.

 

Sergio Inestrosa (San Salvador, 1957) es profesor de español y de asuntos latinoamericanos en el Endicott College, Beverly, de Massachusetts, Estados Unidos, además de redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

 

 

 

Imagen destacada: Montaje de Puntos suspensivos en el Teatro Lara de Madrid, durante agosto y octubre de 2018.