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«El diario del año de la peste», de Daniel Defoe: Un periodismo de pandemias

El texto del escritor inglés —conocido por su novela «Robinson Crusoe»— puede leerse como una crónica redactada en primera persona, en torno a la crisis sanitaria provocada por una enfermedad contagiosa, que azotó a la ciudad de Londres entre los años de 1664 y 1665.

Por Sergio Inestrosa

Publicado el 20.5.2020

La obra más conocida de Daniel Defoe es Robinson Crusoe, pero como andamos metidos, a distintos ritmos, en los meandros de esta pandemia decidí compartir con ustedes mi lectura de este diario ficticio, pues Defoe no vivió la peste directamente: él era un niño de apenas cinco años cuando ocurrió la peste en Londres.

Según la crítica el texto que tenemos está basado en los diarios de su tío Henry Foe.

Sin embargo, el hecho de hacerlos aparecer como un documento fidedigno, usando la primera persona para darle verosimilitud al diario hace que el texto tenga más fuerza y sea mucho más impactante.

El libro nos permite ver que los seremos humanos repetimos los mismos errores, las mismas excusas, argumentos falsos, mentiras, medias verdades y que el miedo cunde a gran velocidad y que las reacciones de la gente frente a las personas que pueden tener la enfermedad se repiten hoy en día: miedo, rechazo, difamación, etcétera.

“Fue a principios de septiembre de 1664 cuando, mezclado entre los demás vecinos, escuché durante una charla habitual que la peste había vuelto a Holanda…”.  Así comienza el libro Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Este libro de casi 200 páginas se puede leer como una crónica periodística de la plaga que entre 1664 y 1665 azotó a Londres:

—He anotado este asunto tan detalladamente porque tal vez mi historia pueda resultar útil a quienes vengan detrás de mí, si alguna vez se ven sometidos a la misma angustia, y a la misma opción; por esta razón deseo que esta narración sea, más que una historia de mis actos, una guía para aquellos a quienes muy poco les puede importar lo que fue de mí.

 

La crítica afirma que el libro fue escrito un poco antes de su primera publicación en 1722. El mismo Defoe —afirma la crítica especializada— escribió sobre el texto: “escribí este librito tardío con la intención de dejar constancia de las miserias, y las pocas virtudes, que una epidemia conlleva”.

Esta historia de terror está escrita con una minuciosidad periodística muy pormenorizada, además de que Defoe logra que el lector se asome a su diario y se mantenga interesado gracias a sus anécdotas sentimentales, a veces, pero siempre dramáticas; además de que el autor exige a los gobernantes asumir sus responsabilidades políticas y a nosotros nos sugiere formas posibles de sobrevivir en caso de una nueva epidemia.

El texto va haciendo un recuento de los muertos, semana a semana, con un sistema no muy diferente al que usan ahora los medios digitales como el sitio de la Universidad John Hopkins que actualiza su información de forma continua. La agilidad periodística de Defoe nos ofrece un relato muy vivido de lo que fue la plaga que nos relata.

El libro puede servir de espejo en el cual nos podemos ver, no solo respecto a cómo se va desarrollando la plaga y el modo en que se comporta la población en distintos países frente al miedo real de ser infectados por este virus que se expande minuto a minuto por todo el planeta; las medidas de confinamiento que ya se aplicaban en aquel entonces, la aparición de remedios mágicos prometiendo proteger contra la peste, y la forma en que los ricos huyen de la ciudad hacia el campo.

El libro también nos deja ver las medidas económicas que se tomaron como el cierre del puerto de Londres y el colapso del comercio y la escasez de mercancías, así como las dificultades económicas de la gente; además de las medidas de higiene que se pedían a los pobladores, sin descuidar la manipulación que las autoridades hacen de los números para evitar que cunda el miedo y también cómo la gente siente alivio cuando bajan los números y crece el temor cuando los números de muertos y infectados se incrementan.

No podía faltar en este texto la carga religiosa, como también está muy presente en la actualidad y el autor refiere que para tomar su decisión de partir de la ciudad o quedarse recurrió a la Biblia, la cual abrió en el Salmo 91 y en él encontró la fuerza y la confianza para quedarse en Londres. En nuestros días hemos visto misas, bendiciones, afirmaciones de distintos líderes religiosos que de nuevo apelan a las Escrituras para mantener nuestra confianza de que Dios sabrá guardarnos y guiarnos en este momento de tanta necesidad.

Al final, me parece que con este libro o sin él, lo que tenemos es el mismo miedo de siempre, el miedo a nuestra propia muerte.

 

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«¡Diez cosas que ocurren en toda peste! ¡La novena te sorprenderá!»: Lecturas de un chileno confinado en Barcelona.

 

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Sergio Inestrosa (San Salvador, 1957) es escritor y profesor de español y de asuntos latinoamericanos en el Endicott College, Beverly, de Massachusetts, Estados Unidos, además de redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

Una de las tantas ediciones en castellano del libro publicado originalmente en lengua inglesa (1722)

 

 

Sergio Inestrosa

 

 

Imagen destacada: El escritor inglés Daniel Defoe.

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