«El juego de la impro»: Teatro, subversión y construcción colaborativa

A partir de haber sido espectadora del montaje del Colectivo Impróseres, he descubierto que la «improvisación» es un espectáculo teatral en que los intérpretes adquieren un protagonismo voraz, potenciando el desarrollo de habilidades vocales, corporales y creativas, en función de un despliegue escénico comparable a la de las performances.

Por Jessenia Chamorro Salas

Publicado el 28.11.2019

El sábado recién pasado (23 de noviembre) fui invitada a la presentación de cierre de proceso del Colectivo Impróseres, una agrupación que trabaja sobre la técnica de la improvisación teatral, desarrollando distintas habilidades dramáticas, narrativas y performáticas a través de ejercicios en donde los participantes van entretejiendo un relato espontáneo a partir de sus histriónicos aportes y la relación que van estableciendo con los distintos integrantes del grupo.

Ingenio, rapidez, capacidad de adaptación, creatividad, histrionismo y humor, son las características que pueden asociarse a esta técnica, la cual no es solo una herramienta teatral que colabora con el desarrollo de múltiples habilidades en el actor/performer, sino que es la esencia misma del teatro, capturada en estas breves piezas escénicas que se van construyendo a modo de legos, en un montaje colaborativo, dinámico, constructivo, y siempre innovador, ya que la elaboración dramática –y del hilo argumental– se va configurando a partir de las intervenciones que realizan los integrantes que participan de la acción que en un tiempo inmediato, se está llevando a cabo en el escenario.

La Improvisación requiere de estudio, de ensayo y dedicación, no se trata de “partir de cero”, sino de crear un relato nuevo y único, a partir del cruce e interconexión de los aportes que hacen los distintos integrantes de la escena. Por tanto, esta técnica requiere de conocer al otro, ser cómplice activo en el desarrollo de las ideas, proponer y aceptar la acción, y a partir de ella, ser un eslabón en el tejido dramático que se está escenificando.

En este sentido, la Improvisación puede considerarse un “juego teatral”, en que el rol activo de los participantes es la clave, un juego que, como todos, tiene reglas, reglas colaborativas que contribuyen a darle forma e hilo a las historias que se van entretejiendo. Entre éstas se encuentran aceptar lo que el compañero propone y complementarlo con algo nuevo, proponer de manera positiva, e incluso, proponer de manera negativa –como ocurre en la cotidianidad, en que los “No” siempre van acompañados de otra idea– pero siempre transformando el relato y brindándole una continuidad que lo lleve a una progresión dramática sorpresiva en cada esquina.

La capacidad de asombro es fundamental en la Improvisación, ser capaces de sorprender al público a través de acciones, diálogos y relatos inesperados, despertando en ellos la intriga, la risa y esa sensación inquietante de no saber qué ocurrirá después o cómo terminará aquella historia que se está desarrollando. De este modo, el humor emerge como consecuencia obvia, ya que la capacidad de asombro se nutre del carácter lúdico que imponen los participantes a ese juego que nos retrotrae a la infancia, cuya inocencia se haya en la espontaneidad de sus intervenciones. Acciones cómicas, quiebres dramáticos producidos por un diálogo absurdo, intempestivos giros argumentales, son parte del universo que envuelve la Improvisación, la cual, a partir de un pie forzado como puede ser un tema o un título, construyen una figura de legos siempre novedosa, distinta y única, siempre con un desarrollo alterno, un guión que se escribe en escena, y un desenlace inesperado.

A partir de haber sido espectadora del montaje de Impróseres, he descubierto que la «improvisación» es un espectáculo teatral en que los intérpretes adquieren un protagonismo voraz, potenciando el desarrollo de habilidades vocales, corporales y creativas, en función de un despliegue escénico comparable a la de las performances. En relación con esto, el investigador teatral Marco De Marinis, en Hacia la acción eficaz, sostiene que el teatro es una experiencia física plurisensorial y que la esencia del teatro radica en el actor, la palabra, el movimiento y el espacio.

Resulta innegable, por tanto, que la Improvisación es parte del entramado teatral, ya que contiene sus elementos esenciales y los pone a disposición de la experiencia misma, tanto de los intérpretes como de los espectadores. En este sentido, y siguiendo a De Marinis, la Improvisación correspondería a lo que él denomina una “acción eficaz” en que el actor/performer/intérprete a través de su cuerpo y voz, da vida a una nueva creación. Por último, él señala además que el arte es un vehículo, y como tal, implica un trabajo técnico – creativo de composición de una “partitura”, la cual no tiene un producto u objetivo final pues el foco está puesto en el proceso. Precisamente lo que ocurre en la Improvisación, ya que se trata de una composición abierta que está siempre en desarrollo, buscando la eficacia del intérprete/performer/actor y sus acciones escénicas.

Finalmente, considero que la teatralidad que contiene la Improvisación radica en su capacidad lúdica, en la trasgresión que realiza de la convencionalidad, en su carácter representacional, y en el trabajo colaborativo que propone.

Dentro de la escena nacional, además del Colectivo Impróseres, cuyos talleres realizaron esta temporada, pese a la contingencia nacional, en Espacio Arte Escondido (Barrio Matta), se encuentran también “Los Pleimóvil”, con quince años de trayectoria; Colectivo Mamut, además de los Talleres que realiza Escenalborde, Balmaceda Arte Joven, Azulvioleta, entre otros centros culturales que han dado cabida al desarrollo de esta veta teatral que pone ne jaque la noción de representación, e invita a adentrarnos en la esencia misma del teatro: el juego.

 

Jessenia Chamorro Salas es licenciada en lengua y literatura hispánica de la Universidad de Chile, profesora de lenguaje y comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, magíster en literatura latinoamericana de la Universidad de Santiago de Chile, y doctora (c) en literatura de la Universidad de Chile. Igualmente es redactora estable del Diario Cine y Literatura.

 

 

Ficha técnica:

Título: El juego de la impro.
Elenco: Nicolás Becar, Camila Salinas, Diego Painefilo, Valentina Escobar, María José Larraín, Miguel Toro y Susana Quiroz.
Directores: María Pia Larrain y Pablo Silva.
Lugar: Espacio Arte Escondido, calle Londres Nº 1030.

 

 

Crédito de las imágenes utilizadas: Colectivo Impróseres.