[Ensayo] «Rey, dama, valet»: Una historia deudora de ‘Madame Bovary’

Esta novela es una obra temprana de Vladimir Nabokov, pero que ya da cuenta de la destreza con la cual el autor ruso abordará su posterior producción: un relato con una prosa clara y nítida, a ratos poética, que con una fina ironía y humor negro reflejan los diversos recursos a la hora de crear sus historias por parte del narrador.

Por Cristián Uribe Moreno

Publicado el 21.2.2026

La carrera literaria de Vladimir Nabokov es una de las más originales. Nacido en San Petersburgo en 1899, en el seno de una familia acomodada, aprendió ruso, inglés y francés en su infancia.

Si bien sus primeros libros los escribió en ruso durante su exilio en Alemania, su fama mundial la alcanzó con sus obras en inglés, que publicó en Estados Unidos, especialmente Lolita (1955).

En efecto, el texto de Rey, dama, valet (1928) fue la segunda novela de Nabokov y está escrita originalmente en ruso.

Sin embargo, la edición que Anagrama reedita en la sección Compactos es una traducción realizada por el hijo de Nabokov, revisada por el propio autor en 1967. Cuenta con un prefacio del escritor ruso donde asegura que cambió ciertos elementos pues en ese entonces sonaban anticuados.

Asimismo, modificó otros que consideró un tanto débiles pues no aportaban a la trama del libro. De este modo se da el juego donde el experimentado maestro corrige al novel creador.

Rey, dama, valet es el relato de un triángulo amoroso, un juego de adulterio, donde el autor crea una historia deudora de Madame Bovary o de Anna Karenina, personajes mencionados en algún momento.

La alusión del título está relacionada con los nombres de las cartas del naipe y el paralelismo con los personajes principales. El rey es Dreyer, un berlinés, de mediana edad, muy bromista, pagado de sí mismo, solo preocupado de sus negocios. La dama es Marta, su esposa, de 34 años, muy bella, que vive en la casa una existencia tediosa.

Al hogar de este frío matrimonio, llega Franz, el valet, sobrino veinteañero de Dreyer, mandado del campo a Berlín para ponerse a disposición de su tío para que trabaje en su negocio.

Corto de vista, poca personalidad y escaso sentido del humor son los rasgos que sobresalen en Franz.

 

El casero y un inventor

El relato se desarrolla por las etapas que suelen tener este tipo de historias. En este caso, Marta aburrida de su monótono matrimonio, decide convertir al tímido Franz en su amante, por lo que lo seduce, primero de forma sutil, esperando que él tome la iniciativa, para luego, echarse en sus brazos en la habitación de este, debido a la inacción del sobrino.

Los amantes comienzan a tener un ardiente romance, en distintos encuentros furtivos. Empiezan a proyectar una vida juntos lejos de Dreyer. Hasta que Marta decide que su esposo es un problema, por lo cual concluye que hay que deshacerse de él y convierte a Franz en su secuaz, en los diversos planes que proyecta a lo largo del relato.

Con todo, la novela destila un humor negro que envuelve las acciones. Esto es refrendado por el propio Nabokov quien, en algún momento, al ser consultado por el libro, lo llamó su obra «más cómica».

Junto con este humor sutil, el autor crea un par de relatos paralelos en los que introduce la idea del «creador» que juega con sus invenciones, igual que el narrador lo hace con sus personajes.

Por un lado, está el casero de Franz, hombre oscuro y malhumorado que es testigo del romance desde el primer momento. Él vive con su esposa, que extrañamente siempre está en el sofá y solo se describe de espalda. En su fantasía, siente que lo que ocurre a su alrededor es solo producto de su imaginación y todos estos personajes se mueven por su voluntad.

Y, por otro lado, aparece un inventor que trata de vender a Dreyer un autómata que él ha inventado.

Pero Dreyer en vez de comprarlo, decide financiar al inventor para que ideara otros dos autómatas más para crear un trío de estos, que interactúen como si fueran personas.

 

Con juegos metaficcionales

El paralelismo con la narración central es evidente pues en el progreso de los personajes protagónicos, se percibe más bien un titiritero creador que mueve los hilos de sus héroes con fines estéticos. Se está lejos de las pasiones románticas que mueven a los protagonistas de otros grandes libros de la literatura universal, relacionadas con el mismo tema.

Además, el propio Nabokov se incluye como personaje cuando se alude a Blavdak Vinomori, un anagrama de su nombre. Estos juegos de espejos entre el creador y su obra los llevará mucho más lejos en obras posteriores como La verdadera vida de Sebastián Knight (1941), Pálido fuego (1962) o Ada o el ardor (1969).

En el libro también se alude a otros gustos de Nabokov que desarrollará en obras posteriores: la psicología freudiana, el ajedrez o la lepidopterología, el arte de cazar y coleccionar mariposas, actividad de la cual el maestro ruso se convertirá en un profesional.

La novela Rey, dama, valet es una obra temprana de Vladimir Nabokov, pero que ya da cuenta de la destreza con que abordará su producción posterior. El relato presenta una prosa clara y nítida, que a ratos se vuelve poética, con una fina ironía y humor negro y con juegos metaficcionales que dan cuenta de los diversos recursos a la hora de crear sus historias.

Un libro sólido, que entretiene y donde el siglo que nos separa de su creación, no se nota para nada.

 

 

 

 

 

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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.

También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.

Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).

 

«Rey, dama, valet», de Vladimir Nabokov (Editorial Anagrama, 2025)

 

 

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: Vladimir Nabokov.