[Ensayo] «The Knick»: Los claroscuros de la ciencia

En esta serie audiovisual de dos temporadas y con su cámara de bisturí, el realizador estadounidense Steven Soderbergh opera dentro de una sociedad que está en un proceso de cambio, dejando al descubierto su grandeza y su miseria, su deseo de progreso y su cáscara añeja de resistencia. Disponible en la plataforma de streaming de Hbo Max.

Por Cristián Uribe Moreno

Publicado el 25.7.2021

La llegada a Chile de la plataforma de streaming HBO Max, se viene a sumar el amplio conjunto de producciones ofrecidas por sitios del mismo estilo.

De la variada gama de películas que están en este nuevo streaming, lo más atrayente para cinéfilos, sin duda, es la especial dedicación a la obra del maestro Alfred Hitchcock. Películas que iremos degustando lentamente.

Sin embargo, el gran plus siguen siendo las series de HBO, sinónimo de calidad a lo largo de décadas. Y ahora se suman los contenidos de todas las cadenas que pertenecen a WarnerMedia.

Con el desembarco de HBO Max, iré completando la lista de series que en su momento no vi. De sus grandes producciones, partí por el universo de Steven Soderbergh, uno de mis directores favoritos, y su realización para Cinemax, The Knick (2014 – 2015). Había leído elogiosos comentarios de su trabajo y al verla creo que se los merece con largueza.

La serie se inscribe bajo el rótulo de drama hospitalario. La acción se sitúa en el New York del año 1900, cambio de siglo y de mentalidades.

El hospital Knickerbocker, llamado coloquialmente The knick, es el centro de las actividades del Dr. John «Thack» Thackery (Clive Owen), un brillante cirujano que opera con los últimos avances médicos las distintas patologías. Tiene una reputación que atrae tanto a médicos como a donantes filántropos.

Allí llega el nuevo cirujano, Dr. Algernon Edwards (Andre Holland), primer médico afroamericano, a formar parte del staff de cirujanos, integrado por Dr. Bertram «Bertie» Chickering y Dr. Everett Gallinger.

El impacto de ser el primer médico de color en el hospital será el eje principal de la trama.

 

La modernidad en códigos audiovisuales

Se suman a este cuadro, las enfermeras, entre las que destacan, Lucy Elkins, cuya vida se cruzara con la del Dr. Thack. Cornelia Robertson, hija del magnate Capitán August Robertson, filántropo y principal sostenedor del hospital.

Ella luchará por tener una vida como mujer independiente que se labra su propio destino, resistiéndose a convertirse en una heredera que deba seguir las directrices que su familia y su clase la obliga. Está el gerente Herman Barrow, que trata de mantener el funcionamiento y las finanzas del hospital, sin dejar de tomar una tajada aquí y allá.

La hermana Harriet, monja católica que ayuda en el hospital y que guarda más de un secreto. Y Tom Cleary, el conductor de ambulancias que va trazando sus propios planes, en relación a la vida del hospital.

El foco de atención está en el grupo de médicos que con dedicación absoluta, son presentados como verdaderos apóstoles de la ciencia moderna y sus métodos. En una sociedad que va dejando atrás los procedimientos oscurantistas y arcaicos, para adentrarse en la modernidad de la ciencia, ellos están en la vanguardia.

Esa ciencia que se va renovando de manera muy rápida, al igual que la sociedad, va ampliando los límites de lo que se puede hacer. Y a menudo, los límites de lo que es moralmente aceptable se van volviendo más difusos. Por cada éxito que los médicos logran, quedan atrás errores que a menudo han acabado en la muerte de los pacientes.

El personaje principal en este progresista grupo de médicos es el Dr. Thack, una suerte de rockstar, con sus zapatos blancos, su vestimenta estrafalaria, su corte de pelo y su incurable adicción a la cocaína. Él es la estrella en el hospital y así se mueve. En una sociedad que se deslumbra por cada nuevo avance, él es el gran demiurgo.

En su quirófano, llamado coloquialmente “el circo”, cuando se viste con su bata blanca, una suerte de alba sacerdotal para celebrar una liturgia profana, el Dr. Thack deslumbra a su fiel feligresía que aguarda ansiosa la revelación de los nuevos milagros médicos.

Lo otro destacable es que las historias de los médicos y trabajadores del hospital funcionan como una radiografía social. Al seguir la pista de cada personaje, mostrarlo en su lugar de trabajo y luego su día a día cotidiano, la serie amplia el espectro de los distintos rincones de la ciudad en la que interactúan los personajes.

Y es aquí donde se van desarrollando tramas secundarias, alrededor de otros temas que no se apartan mucho de la sociedad actual: problemas de inmigración, la pobreza, el hacinamiento, la corrupción, la delincuencia, la drogadicción, el aborto, la prostitución, el papel marginal de la mujer, el clasismo y el racismo, son solo algunos temas que dan una visión más completa de esta moderna sociedad neoyorquina que va emergiendo.

 

Un altar de sacrificio de los nuevos dioses

En este aspecto, la serie se prodiga en una serie de detalles apócales para dar credibilidad. Detalles que son el deleite de cualquier espectador. Los utensilios médicos contemporáneos, las maquinas que van apareciendo o creando, los decorados de las casas, las calles, el vestuario de los personajes, todo está desplegado con gran cuidado. Esto da un aire realista al relato.

Realismo que también aparece al mostrar con prolijidad los procesos quirúrgicos mismos. Ese esfuerzo por exhibir las imágenes de la práctica médica, con ciertas reminiscencias al gore, raya en la crudeza, no siendo muy apto para estómagos delicados.

El toque sugerente de la serie, claramente lo tienen la iluminación y la música. En lo que respecta a la iluminación, los tonos ocres para los espacios cerrados, tonos azulados para los exteriores.

Y todo en baja intensidad, explicados por la reciente aparición de las primeras bombillas eléctricas, dan una sensación un tanto onírica y oscura a los distintos rincones donde transcurren las historias. Enfatizando que la luz eléctrica está poco a poco alumbrando una sociedad que está sumida en las penumbras.

Lo único realmente iluminado es el quirófano donde la luz de la ciencia es la guía. Y la sangre que emana de los cuerpos, es el precio que se debe pagar por este progreso. Como si fuera un altar de sacrificio de los nuevos dioses.

La música incidental, a cargo de Cliff Martínez, con sus teclados absolutamente contemporáneos, dan una atmósfera única a la serie. El contraste de un espectáculo de Belle Epoque, con cadencias electrónicas computacionales absolutamente contemporáneas, es un toque notable.

De sus detalles, de la manera experta con que presenta y acompaña a los personajes, estamos ante uno de los grandes trabajos de Steven Soderbergh. A la altura de Traffic, esa crónica implacable que exhibía los alcances de la perdida guerra contra la droga.

En The Knick con su cámara bisturí, Soderbergh opera dentro de una sociedad que está en un proceso de cambio, dejando al descubierto su grandeza y su miseria, su deseo de progreso y su cáscara añeja de resistencia.

La serie funciona como una historia epocal, un comentario social y una muestra más de la condición humana, en una factura impecable de uno de los realizadores más talentosos del cine.

Un verdadero regalo.

 

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Cristian Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional «General José Miguel Carrera», y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile, también es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.

Aficionado a la literatura y el cine, y poeta ocasional, publicó en 2017 el libro Versos y yerros.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: The Knick (2014 – 2015).