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«Nunca más vamos a hablar de esto»: El cortometraje que aborda el abuso sexual cometido a través de Zoom

La obra audiovisual, que puede visionarse desde la red social Instagram, se encuentra dirigida por la joven realizadora Camila Ortega —quien acaba de exhibir un crédito suyo en SANFIC 16—, y su guión se inspira en uno de los relatos de «¿Cuánto tiempo viven los perros?», el primer libro publicado por la promisoria y talentosa escritora nacional, Amanda Teillery. [Nota de la Redacción]

Por Amanda Teillery

Publicado el 26.8.2020

“Una amiga me contó también una historia suya sobre abuso por Zoom. Fue súper fuerte para mí, pero también me hizo pensar hasta qué punto estaba ella de ahogada con eso para querer contarlo por esta vía”.

Paula Galleguillos, actriz de 21 años y estudiante de actuación de la Pontificia Universidad Católica (PUC), narra esto desde su cámara en una videollamada por Zoom. La pandemia puso en pausa sus proyectos actuales, como el trabajo audiovisual que desarrolla con la cineasta Javiera Rodriguez y la obra de teatro Margarita de Laura Romero. El evento que cuenta ahora sirve como una suerte de espejo con el corto que acabamos de grabar, del que ella es una de las protagonistas.

Con el título de Nunca más vamos a hablar de esto y basado en un cuento de mi primer libro ¿Cuánto tiempo viven los perros?, la historia muestra una reunión por Zoom de seis amigas en medio de la pandemia. Entre bromas y mucho alcohol, de pronto un testimonio de abuso aparece, quebrando el ambiente y la manera en que todas se miran. “Me sentí apelada”, cuenta Paula, que interpreta a Emilia, una de las amigas: “Por mi historia personal. Toca algo en mí, algo que callé por mucho tiempo”.

Porque, si bien es ficción, el tema del abuso es familiar para casi todas las mujeres. Ese tema habla ahora en una videollamada de Zoom con las actrices y la directora del corto, Camila Ortega, estudiante de dirección audiovisual de la PUC y directora de 25 de octubre, seleccionado en el SANFIC 16 que se acababa de proyectar por streaming hace unos días.

Nathalie Kozac, de 24 años y actriz de la Universidad de Nueva York en Abu Dhabi, participante del colectivo Tooth n’ Fag y quien interpreta a Amelia, una de las amigas que insiste en jugar verdad o castigo en el corto,  indaga más sobre el tema DE las confesiones y el formato digital: “Es interesante lo que puede pasar”, dice. “Está la posibilidad de crear un espacio súper seguro de apañe femenino, y al mismo tiempo nos permite cuestionar las herramientas que tenemos nosotras mismas para brindar apoyo”.

Camila, agrega: “Por plataformas digitales, ya sea hablando por Zoom o compartiendo un testimonio en redes sociales, no está el enfrentamiento real, es decir, físico, por ende hay una mayor sensación de seguridad. Es un tema complejo, de todos modos, y siempre está el miedo a que no te crean».

Francisca Molina, de 25 años, es actriz y dramaturga de la Universidad Mayor y autora de la obra Huacha de madre. Durante la cuarentena también se ha mantenido activa, desarrollando Proyecto Happiness, del cual es directora y escritora. En el corto es Consuelo, una de las amigas que escucha la confesión de Agustina.

“En el caso del corto que estamos haciendo —dice— pasa que se cuenta una confesión de abuso y el resto de las amigas prefieren creer que es mentira e irse, porque es un tema incómodo y se prefiere dejar sin hablar. A las mujeres nos enseñaron una manera tan errática para contar y enfrentarnos al abuso, no ha decir las cosas tal cual fueron, pero sí a cargar con la culpa. En el corto te queda la duda, si las amigas lo creen realmente y prefieren dejarlo como una obra porque es más cómodo y fácil así”, describe.

“Es que no es fácil salir de eso”, dice Paloma Avendaño, de 22 años, estudiante de tercer año de actuación en la PUC y diseñadora de vestuario. La actriz, quien interpreta a Francisca en el corto, se especializa actualmente en teoría y práctica del cuerpo, además de aportar con el vestuario en la obra El tesoro de la compañía «La recóndita» y protagonizar videos de Felipe Prado. “En ese sentido se presenta el problema y el tema de cómo nosotras nos ayudamos mutuamente para derrotar esos estigmas”, explica.

 

«Nunca más vamos a hablar de esto»

 

El peligro que rodea a las mujeres

En los primeros minutos del corto, escuchamos a las amigas compartir experiencias sexuales y confidencias. Es un ambiente seguro, solo mujeres y amigas de toda la vida. Se ve una suerte de empoderamiento que después, cuando Agustina cuenta su historia, el ambiente se ve corrompido o más frágil, dando cuenta de que el peligro está siempre rodeando a las mujeres.

“El peligro son los hombres, el patriarcado», explica Paula. «Con el corto pensé en mi hermana, que tiene doce años y que ahora se encuentra en cuarentena y, de alguna manera eso me tranquiliza, ya que está fuera de peligro, no va a ir a fiestas y estar rodeada de gente que le podría hacer daño”.

Florencia Soto, de 23 años, actriz  y bailarina que actualmente forma parte de Pictórica Colectiva y ofrece vía online clases de breakdance gratuitas a través de Maule Elige Cultura, ve el tema desde una perspectiva histórica: “La historia siempre ha sido así. Hemos estado sanando, pero no completamente, sino más bien con un parche curita. Hay que cambiar esto desde la raíz, sino siempre va a estar la sombra. Lo bueno es que estamos en época de transitar, de cambios. Hay que entender la historia para ver sus productos”, afirma.

Al respecto de la comunicación en formato Zoom y las redes sociales como un espacio de denuncia, las actrices ven puntos a favor y en contra.

Octavia Bernasconi, estudiante de primer año de actuación en la PUC y Agustina en el corto señala que: “existe una dualidad en los formatos digitales”. La actriz, también protagonista del corto Las tres gracias cuenta que, poniéndose en el lugar de Agustina al relatar sobre su abuso, sintió la distancia con sus interlocutoras: “es un problema no tener el apoyo físico. Como Agustina, veía las caras de sus amigas en la pantalla y se sentía como que ellas están ahí y yo aquí, sola, lejos. Esa ausencia física puede ser un arma de doble filo”.

Camila Ortega apoya la idea: “A veces no se da contar cosas con tanta naturalidad estando en la virtualidad”.

“Ahí está el problema de la cuarentena —comenta Paula Galleguillos—, piensa que Agustina está en este contexto y más encima con esta experiencia guardada. Estamos en agosto, quizás desde marzo está asfixiada con esto”.

Sobre la responsabilidad del arte de reflejar la contingencia también hay opiniones diversas.

 

«Nunca más vamos a hablar de esto»

 

Banalizar un tema delicado

Francisca Molina ve la responsabilidad como algo fundamental: “El arte funciona como espejo, toma cosas de la realidad y quizás después lo transforma en algo más, pero desde lo honesto. Por eso me violentan series como La jauría que es súper sensacionalista y vuelven en thriller temas delicados. Creo que hay que tener ojo crítico, sobre todo en un sistema que no tiene tapujo en vender cualquier cosa», acusa.

“Claro, cuando el arte se capitaliza o capitaliza sus formas hay un problema”, señala Paloma. «Pero creo que el arte es un espacio de creación, libertad, búsqueda. Hay que hacer arte de lo que te moviliza».

“Yo soy más partidaria de que el arte no tiene que justificarse», agrega Paula. «Por ejemplo, yo aplaudí mucho una serie como La jauría, aunque tenga sus defectos, como presentar una versión romántica de este tipo de casos. Pero creo que no todo el arte debería ser un espejo o una postura política», reflexiona.

«Creo que no existe un consenso general de qué es arte… para mí es una palabra casi ontológica y preguntarse qué es existencial o no responde a una cosmovisión y a una subjetividad. Para mi ‘arte’ no es restrictivo ni selectivo… son valiosas todas las formas de expresión sensible que puedan existir. En ese sentido, el ‘arte’ no debería tener un rol más allá de la valoración y apreciación (o no) de las distintas expresiones de distintas éticas, almas y emociones. Es hermoso que todxs tengamos algo distinto que decir”, concluye Paula Galleguillos.

“Claro, no necesariamente todo tiene que tener un fin político o ser contingente —continúa Camila— pero si lo haces, tienes que hacerlo con cuidado y respeto, investigar bien de lo que vas a hablar. Ver la contingencia como un motivo para vender es un problema, sobre todo si no se hace cargo de la historia que se cuenta”.

Paloma, en cambio, dice que: “es raro y feo ese manoseo a la contingencia”.

“Pero existen casos en que hay un equipo atrás que si se siente movido por lo que cuenta», explica Nathalie. «Mucha gente puede sentirse diferente ante el mismo proyecto. Ahí está la pregunta de qué es finalmente el plan perfecto, porque es subjetivo. Yo aplaudo la visibilidad que hay hoy a pesar de todo, cosas que antes no se veían en pantalla”, añade la actriz.

“Pero, de todos modos, lo personal es político —argumenta Florencia—. Si algo te da lo mismo, eso ya es una postura política. Todo tiene ideología”.

El cortometraje Nunca más vamos a hablar de esto puede visionarse desde los perfiles de Instagram de la realizadora Camila Ortega y de su guionista, la escritora Amanda Teillery.

 

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Amanda Teillery Delattre (1995) es licenciada en letras de la Universidad Diego Portales, escritora y autora del libro de relatos ¿Cuánto tiempo viven los perros? (Emecé, 2017) y de la novela La buena educación (Emecé, 2019).

 

Amanda Teillery

 

 

Imagen destacada: Nunca más vamos a hablar de esto (2020).

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