[Crítica] «Flash»: No hay caso, Batman es lo más grande que tiene DC

El estreno de la semana a nivel mundial es el filme dedicado al superhéroe que se destaca por su velocidad —luego de haber mutado y sufrido un accidente eléctrico en una tormenta—, y el cual protagonizado en esta inaugural oportunidad por el polémico actor Ezra Miller, trae nuevamente a las pistas cinematográficas al hombre murciélago interpretado por Michael Keaton, en un irregular largometraje dirigido por el realizador argentino Andy Muschietti.

Por Enrique Morales Lastra

Publicado el 14.06.2023

Lejos de tratarse de un buen filme en torno a Flash, estamos en presencia de una gran película sobre Batman, de aquel personaje que encarnado por Michael Keaton, hizo resurgir comercial y cinematográficamente, la figura de un superhéroe que hasta entonces estaba desahuciado y condenado a la desaparición del imaginario colectivo. Aunque Kim Basinger y Michelle Pfeiffer tienen alguna responsabilidad también en el asunto (ese de 1989 y de 1992, respectivamente).

De esta forma, más allá del manejo que se hace del argumento dramático de los multiversos ( un tópico que es el gran aporte de Flash al acervo de DC Comics), y que en esta ocasión se aprecia reiterativo y de un escalón artístico y audiovisual más abajo, luego del estreno reciente por Marvel de Spider-Man: Sin camino a casa (2021) —que se inspira en idéntico nudo literario—, el principal hallazgo de este largometraje es la presencia de ese Batman que inauguró la modernidad del mítico cómic a fines de la década de 1980, a cargo del imaginario estético de Tim Burton.

La vitalidad de este inesperado retorno, hace que un filme del montón y regular, sea una mejor versión de sí mismo, luego de que su rol central, cae en un reiterativo y monotemático discurso cinético en torno a sus objetivos dramáticos, en el transcurso de las secuencias que ocupan los casi primeros 40 minutos del metraje.

Así, cuando pese a la buena interpretación de Ezra Miller como Flash-Barry Allen, los recursos inventivos de la historia, parecen agotarse de una manera evidente y sin sentido, la aparición estelar de Batman-Keaton, le entregan un nuevo aire a un largometraje que parecía sentenciado a los bostezos de un escaso interés narrativo en su desarrollo argumental, y hasta audiovisual.

Es decir, que cuando Flash y Allen ya no pueden correr inclusive a velocidades que traspasan la física del tiempo, sin exhibir nada mayor que eso, Bruce Wayne, el magnate retirado de sus correrías nocturnas por la paz que ha alcanzado Ciudad Gótica, se afeita y se corta el pelo, y pasa a protagonizar un crédito y un guion, donde solo estaba llamado a ser una personalidad de reparto en pos de un objetivo que hasta entonces le era ajeno: potenciar con su inmensa compañía al escuálido hombre rayo de esta franquicia.

 

El oficio de Warner Bros

El sello del director argentino Andy Muschietti —el notable realizador de la saga de It— se observa en la hispanización del largometraje, gracias a la actuación de Maribel Verdú (como la madre de Allen) y de la música que sonoriza su presencia, y donde la voz de la cantante mexicana de origen chileno Natalia Lafourcade, se escucha en una posición preponderante del soundtrack.

Muschietti es un realizador que otorga agilidad visual a sus secuencias, y para conseguir aquello apela a una economía del guion hacia lo estrictamente necesario a fin de relatar la historia que se trae entre manos. No obstante, aquí el problema es que el desarrollo de su personaje principal queda a medias tintas (a media cámara, mejor dicho), pese al intento por exhibir con rapidez los núcleos traumáticos y vitales de un hombre quebrado por el asesinato y los quiebres familiares.

No en vano, el metraje se detiene hasta en las frustraciones sentimentales y sexuales de Allen.

Un punto debe ser reconocido, empero: si bien la inclusión de Batman se roba la película, el total del filme adquiere un ritmo vertiginoso tal, que sus 144 minutos se pasan literalmente volando, y también que cada una de las referencia propias a las apariciones de diversos héroes ajenos a la franquicia —pero no al mundo de DC Studios—, son siempre coherentes y jamás desusados, gratuitos o bien inexplicables en su ulterior justificación dramática.

El problema lejos de ser Batman, es que el largometraje se titula Flash, y por ahí se deslizan nuestras aprehensiones, en que la cámara debía retratar con mayor virtud, la super velocidad del personaje creado originalmente por el escritor Robert Kanigher y el dibujante Carmine Infantino.

Aún así, el circuito de Warner Bros hace tiempo que congrega a los mejores actores de la industria en sus producciones, y que el equipo de guionistas a cargo, pese a transitar por los límites de lo increíble siempre entrega fluidez y continuidad a sus creaciones, unas verdaderas amalgamas de los mejores dispositivos audiovisuales (planos espectaculares, digitalizaciones de «última generación», fotografías perfectas) y los cuales se convierten en su factura final, en una buena y feliz excusa para ir a encerrarse por más de dos horas a una sala de proyección.

Y esto último no es poca cosa.

 

 

 

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Tráiler:

 

 

 

Imagen destacada: Flash (2023).