“Días de Cleo”: Entre la apatía y el desajuste

A pesar de un guión lento (muy lento), personajes planos y diálogos inverosímiles (por ejemplo, entre la protagonista y Esteban), hay algo, un estado de extrañeza, un desajuste dramático, que delata el absurdo de un existir sin sentido, sin claridad ni pasión. Si en algo podemos valorar este largometraje es precisamente eso. La latencia de un descontento que, sin embargo, no alcanza a tomar forma.

Por Francisco Marín-Naritelli

Publicado el 23.10.2017

“¡Soledad, silencio, incomparable castidad de lo celeste!”
Charles Baudelaire

Cleo vive sola. Aunque eso es un poco impreciso: Cleo vive junto a Violeta, su pájaro, y Esperanza, su perra. Pero Cleo, en el fondo, vive sola. Y le gusta. Aunque tiene amigos, no los ve. Aunque la llaman, no responde. Su mundo se reduce a pasear a Esperanza, y trabajar como vestuarista en un programa de televisión. En esta apatía se desenvuelve, y sin cuestionamientos. Este es el argumento de “Días de Cleo” (2015), dirigido y escrito por María Elvira Reymond, largometraje de ficción presentado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia (2015) y el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (2016), entre otros certámenes.

Pero algo le ocurre a Cleo. Un hecho fortuito, hasta paranormal. Un tipo se le acerca en la calle y le pregunta si “bautizó” a Esperanza. Una serie de hechos se desencadenan a continuación. Encuentros desagradables. Sus plantas se secan. Violeta muere. Esperanza la muerde. ¿Un mal de ojo? De pronto su mundo en penumbras, distante de la vida social y el tráfico incesante de la ciudad, comienza a tambalear.

¿Se puede vivir de otra forma? La vida como un continuo enajenado, hipster, donde las posibilidades quedan circunscritas a una elección personal, individual. El spleen, tal como entiende Baudelaire. Opaco existir. El hedonismo de la soledad. Cleo no se diferencia de muchos otros, otros que como ella se sumergen en el retiro, en la monotonía segura de las paredes de su departamento. Pero allí, tras esa apatía y esas paredes, está la carencia y la fragilidad. Nada es seguro. Todo puede destruirse, desvanecerse.

A pesar de un guión lento (muy lento), personajes planos y diálogos inverosímiles (por ejemplo, entre Cleo y Esteban), hay algo, un estado de extrañeza, un desajuste, que delata el absurdo de un existir sin sentido, sin claridad ni pasión. Si en algo podemos valorar este largometraje es precisamente eso. La latencia de un descontento que, sin embargo, no alcanza a tomar forma.

 

El diálogo entre la protagonista y el personaje de Esteban, amén de ser “lento” resulta francamente inverosímil

 

Tráiler: