[Ensayo] «Flee»: De la emigración forzada y la resiliencia

El largometraje del realizador danés Jonas Poher Rasmussen —y el cual se exhibe actualmente en la cartelera española— ha obtenido numerosos galardones entre los que destacan el premio del jurado en el Festival de Sundance 2021, y su nominación como mejor filme internacional en los Oscar de esta temporada 2022.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 7.3.2022

«Siempre estás en guardia, incluso cuando estás en un lugar seguro».
Amin

Un refugiado afgano residente en Dinamarca nos relata su historia de resiliencia tras verse forzado a abandonar su país. Y como acepta hacerlo con la condición de preservar su anonimato, Rasmussen —qué mirada más empática la suya— decide mostrárnosla en animación. El resultado es un original documental en el que se mezclan algunas imágenes reales con excelentes dibujos animados de gran potencia expresiva.

El largometraje ha obtenido una gran acogida por parte tanto del público como de la crítica logrando numerosos galardones entre los que destaca el premio del jurado en el Festival de Sundance 2021, lista que puede ampliarse en breve , puesto que está nominado como mejor película internacional en los Oscar de esta temporada 2022.

 

Forzados a dejar el hogar

Lamentablemente multitudes de personas en todo nuestro mundo se ven con la necesidad de abandonar su tierra. Se marchan obligados como esperanza de supervivencia ante estados dictatoriales, hambrunas, conflictos étnicos, guerras…

La lista de lugares parece interminable, Ucrania es el último caso de esta lacra que causa vergüenza a todo aquel que se siente humano. Quizás pueda pensarse que somos pocos los que así nos sentimos y que nada podemos hacer ante tanta inhumanidad.

Pero a pesar de las apariencias, a pesar de las bombas físicas y mentales, a pesar del crecimiento de los populismos radicales, a pesar de las corazas auto-protectoras y tantos otros «a pesar de», muchos seguimos defendiendo el corazón humano que late en cada ser, la humanidad que somos. Allí están por ejemplo las ONG con su callada y abnegada labor humanitaria.

Porque nadie quiere abandonar el hogar y dejar atrás todo para arriesgar su vida en una travesía horrible hacia un incierto futuro. El hogar (por humilde que sea) es un lugar seguro que uno puede dejar atrás si acaso por propia decisión y no forzado por aberrantes circunstancias externas.

 

Cicatrices

Amin, un nombre ficticio para un hombre real que a pesar del mucho tiempo transcurrido desde que dejó el hogar y de su buena situación actual en Dinamarca aún sigue temiendo. En sus palabras: «Siempre estás en guardia, incluso cuando estás en un lugar seguro».

Y aún así se atreve a explicar su larga odisea reconociendo que le duele muchísimo recordar todo lo que ha vivenciado hasta llegar a este final luminoso: «pero es mi pasado y no puedo huir de él», añade consciente de que huyó de una tierra devastada pero que nunca podrá huir de la devastación sufrida en propia piel, él sabe de sus cicatrices que van mucho más allá de sí mismo.

Se nos muestra el horror de todo lo vivenciado, los durísimos años en Rusia tras salir por piernas de su hogar junto a su madre y un hermano. De cómo temían a la corrupta policía cuya inhumanidad era incluso superior a la de los mafiosos que transportaban gente de país en país.

La cicatriz quizás más dolorosa es la producida por tener —nada podía hacer salvo morir en el intento— que abandonar a una chica inmigrante ante unos agentes dispuestos a forzarla sexualmente. Y muchas más como el horror vivido en un contenedor cerrado en el cual viajaron un nutrido grupo de personas en condiciones peores que el ganado.

Rasmussen nos muestra esos episodios crueles de forma sublime, el dibujo en color se torna escala de grises con un efecto carbonilla negra difuso que transmite sutilmente la contundencia de lo vivenciado. Esos dibujos del terror son lo más logrado del filme, un degradé oscuro, un espectro al carbón como imagen de la maldad de lo inhumano.

 

Sabor agridulce

Frente a tanta maldad, Amin se demostró resiliente como pocos. Un hombre sensible que en la adversidad se descubrió fuerte, un hombre de gran corazón que tuvo la fortuna de tener cerca a otros de su misma condición quienes le ayudaron a llegar a y le ayudan a permanecer en buen puerto.

Entre ellos, su hermano mayor quien trabajando en Suecia le mandó dinero a él y al resto de la familia. Y quien lo recibe ya instalado en el país vecino dándole todo su apoyo, también en lo referente a su homosexualidad.

Porque Amin descubre de niño su atracción por los hombres y en su odisea iniciada como adolescente se siente muy inseguro por su condición sexual. Es su hermano quien lo secunda a pesar de que en su tierra la homosexualidad no suele ser entendida.

Y es otro hombre, su pareja actual, quien le da todo el apoyo emocional. Un hombre que bellamente se dirige a él como «amor». Los vemos en su nueva casa en plena naturaleza, un paraíso muy merecido al que desafortunadamente no llegan muchos que se han visto en la necesidad de huir de su tierra.

Duele esa realidad, duele que pocos emigrantes forzados sonrían y puedan explicarlo como hace Amin. Ese es el regusto agridulce de este excelente y sensible largometraje que pone el foco en una de las más graves lacras de nuestro mundo.

 

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Jordi Mat Amorós i Navarro es pedagogo terapeuta por la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Jordi Mat Amorós i Navarro

 

 

Imagen destacada: Flee (2021).