El nuevo filme del realizador italiano Paolo Sorrentino —protagonizado en forma majestuosa por su compatriota, el actor Toni Servillo— fue el largometraje encargado de presentar a su público, el Festival de Cine Las Condes correspondiente a este año 2026.
Por Cristián Uribe Moreno
Publicado el 5.1.2026
La última película de Paolo Sorrentino, La gracia (2025) inauguró el Festival de Cine Las Condes este 2026. En un recinto al aire libre, en el Parque Araucano, el público pudo disfrutar de este relato visualmente espléndido, que emociona y discurre en ideas sobre la vida y la muerte, de la mano de uno de los grandes creadores cinematográficos internacionales del momento.
El filme se centra en la figura de Mariano De Santis, presidente (ficticio) del Estado italiano. Él está en las postrimerías de su período gubernamental (y de su vida), y en el poco tiempo que le queda en la primera magistratura debe tomar importantes decisiones.
Una en relación a la firma de una ley que instauraría la eutanasia en el país romano. La otra decisión es otorgar el indulto (grazia en italiano) a un condenado, o condenada, por el sistema penal de su país.
Nuevamente el elegido para encarnar el papel principal es el actor Toni Servillo, que a estas alturas parece ser el alter ego del director. Y nuevamente se presenta como una figura del poder, que debe resolver importantes cuestiones relacionadas con su cargo, mientras enfrenta los fantasmas de su vida íntima.
La diferencia, esta vez, es que el personaje es inventado, por lo cual los problemas atingentes a los gobernantes históricos que Toni Servillo ya encarnó para Sorrentino, como Giulio Andreotti de Il divo (2008) y Silvio Berlusconi de Loro (2018), no son conocidos de antemano por el público.
Esto permite al director un mayor margen de maniobra al desarrollar la trama, sin ceñirse a una línea política histórica conocida de sus personajes.
La película tiene una cinematografía impecable, donde abundan los primeros planos y las muestras grandiosas de poder. El relato se inicia con un plano de unos aviones que con el humo que despiden, forman los colores de la bandera italiana.
Después, entre el vapor aparece la figura de Mariano que está en una azotea, fumando, mientras mira el espectáculo.
Un fresco romano de la existencia humana
La narración dibuja a este político, un exjuez, apegado a la ley, que, en medio de los pasillos, rincones o pequeñas salas, debe tomar todo tipo de determinaciones.
Sin embargo, hacia el final de su mandato, problemas personales lo aquejan y no lo dejan adoptar las decisiones como corresponde, por lo que está a merced de su hija Dorotea (Anna Ferzetti) y de otros funcionarios que lo atienden.
El filme se desplaza sobre todo a las inquietudes de quien ve la muerte de manera cercana. Por lo que las reflexiones le hacen mirar atrás y la figura de su esposa fallecida lo transforma en un ser lleno de nostalgia y de dudas, mermando su criterio de decidir.
Con todo, el cine de Sorrentino —en esta vertiente estética—, tiene esa rara virtud de unir elementos grandilocuentes con momentos muy íntimos. La majestuosa arquitectura del palacio donde el personaje de Servillo trabaja, reside y se desplaza, donde fuma y se observa toda Roma, como si fuera un emperador, contrasta con esos momentos de familiaridad que comparten los personajes.
Además, la música electrónica que escucha Mariano, le da un toque de exotismo que contrasta con la sobriedad y la solemnidad del poder. El filme tiene escenas en las cuales se simboliza de manera magistral las dificultades del poder y la vejez en planos muy bien logrados con un montaje atrayente y rápido.
Este largometraje puede leerse como la continuación (o el lado B) de su obra maestra, hasta el momento, La gran belleza (2013).
Ambientada también en Roma, en el verano, el veterano escritor Jep Gamberdella, otra vez Toni Servillo, entre medio de las fiestas y de los excesos, medita sobre su vida y su bloqueo de escritor que lleva más de dos décadas.
La gracia se ubica también en Roma, pero en el invierno. De hecho, la fotografía traspasa esa frialdad y descolorido de la estación invernal. Ya no hay festejos interminables y locos, sino pasividad, melancolía y solemnidad.
Así, el personaje vividor de la Roma estival que protagoniza La gran belleza, en La gracia se convierte en un político introspectivo que, hacia el final de su vida, con el peso del poder sobre su espalda, tiene más dudas que certezas.
Y, pese a todo, logrará desentrañar en algo las preocupaciones que le afligen. Como dice en un momento Mariano: «La gracia es la belleza de la duda». Por esto, en medio de sus dudas, el personaje logrará un «estado de gracia» en el cual encontrará la lucidez para actuar de manera correcta.
Gran película de Paolo Sorrentino, que con los años está entregando verdaderos frescos de la sociedad italiana y, también, de la existencia humana.
El director italiano está llegando a ese «estado de gracia», que lo convierte en el mejor heredero de Federico Fellini, con quien se le ha comparado en más de una ocasión, aun cuando Sorrentino ha creado su propio universo cinematográfico, que brilla y encanta con luz propia.
Con todo, el Festival de Cine Las Condes 2026 continuará con sus funciones hasta el próximo domingo 11 de enero en el Parque Araucano de dicha comuna de Santiago.
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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.
También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.
Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).

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Cristián Uribe Moreno
Imagen destacada: La Grazia (2025).
