[Ensayo] «Luz de invierno»: Los recuerdos del asistente chileno de François Truffaut

En estos relatos en torno al desapego y la búsqueda identitaria, su autor, el cineasta nacional Emilio Pacull Latore sabe escuchar los silencios del mundo y también las voces de otros seres humanos con profundo respeto por la fragilidad de esos prójimos circunstanciales.

Por Aníbal Ricci Anduaga

Publicado el 9.4.2024

Estos relatos han sido escritos por un prolífico documentalista y cineasta chileno, premiado internacionalmente y quien ha sido asistente de grandes realizadores como Costa-Gavras, Rossellini y François Truffaut.

A Emilio Pacull Latorre (Santiago, 1950) el martes 11 de septiembre de 1973 lo encuentra estudiando en Francia, donde se entera de la muerte de su padrastro Augusto Olivares, El Perro, amigo y cercano colaborador de Salvador Allende. Ellos murieron al interior del Palacio de La Moneda, mientras el destino quiso proteger a Emilio de los horrores de esos días aciagos.

El cineasta quiso homenajear a estos amigos que enfrentaron la traición de Pinochet, en una lucha desigual donde la fuerza se impuso sobre las ideas de un nuevo socialismo.

Lo plasma en el largometraje documental Héroes frágiles (2007), pero es en Luz de invierno donde Emilio despliega su sensibilidad, no sólo del artista sino de este humano que se autodefine como exiliado, un desarraigo al que lo someten las autoridades de las Fuerzas Armadas.

En el documental anida su historia pasada y las reflexiones en torno a la realidad chilena. Emilio revela las fotografías de Augusto Olivares, su padre en realidad, luego de quitarse su propia vida: único camino viable para morir con dignidad.

Desentraña la guerra del terror enquistada por El Mercurio, periódico que coordinó a empresarios y partidos políticos de extrema derecha, apoyados e impulsados desde Estados Unidos por los lineamientos de Henry Kissinger.

 

Un regreso del exilio

Lo subjetivo se profundiza en el libro, dando cuenta de su asentamiento en la isla de Formentera y los profundos lazos que entabla con la gente del lugar, con su perro y su gato; una mirada atenta a la naturaleza que rodea al faro de La Mola.

Emilio es un hombre de mundo, pero no globalista, entiende que debe establecer raíces profundas para dejar atrás ese sentimiento de no pertenencia que ha cargado durante toda una vida.

Héroes frágiles contiene una visión también subjetiva, involucra el sentir de su familia cercana, pero a su vez su espíritu documentalista dota de objetividad los hechos que detonaron a ese fatídico 11 de septiembre de 1973.

El libro entrelaza su labor como cineasta, con anécdotas mundanas, aquí no hay superioridad moral, más bien un respeto por su entorno, cuyo seno familiar fue agredido de forma implacable. Emilio es un observador lúcido de la historia, la vivió en carne propia con inmenso dolor.

Su amigo Pep, antiguo habitante de La Mola, le cuenta acerca de los horrores de la Guerra Civil española y en cierta forma comparten esas experiencias límites. Reacciona a los ataques terroristas contra el semanario Charlie Hebdo, pero no como un francés irreflexivo, sino desde una perspectiva humana que no avala los excesos de este mundo consumista que abandona a las minorías.

Por otro lado, entiende que Augusto y Salvador fueron unos héroes frágiles que persiguieron utopías, que lucharon por un mundo más solidario y donde la reflexión final es que ninguna de esas vidas debió sacrificarse.

El director experimenta su regreso del exilio, quiere registrar en celuloide los recuerdos de un pasado que le resulta lejano, mientras reingresa al país por autopistas higiénicas que se extienden bajo unas nubes sospechosas que opacan un Santiago moderno. Lo siente un país ajeno, tan lejano a la amistad y compromiso que unió a su padre con Allende. En las páginas de Luz de invierno queda claro su convencimiento de que el socialismo podía cambiar al mundo.

Habla de una planificación de las Fuerzas Armadas, respaldados por un estado norteamericano que, incluso antes de que asumiera Allende, también actuó premeditadamente para hacer de Chile un chivo expiatorio dentro del marco de la guerra fría contra el eje soviético.

 

Los silencios del mundo

Emilio Pacull es un sobreviviente del régimen cívico-militar y le muestra a su hija el lugar donde murió Augusto, la encrucijada testigo de su sacrificio, curiosamente rodeado de puertas sin salida.

Así, el imperialismo norteamericano, es la expansión de una superpotencia que, mediante su influjo económico y militar, incuba una ideología fundamentalista como ninguna, con el objetivo de permitir la subsistencia del estilo de vida occidental, controlados férreamente por el mercado y sus fuerzas armadas. Bajo esa perspectiva, resulta contradictorio hablar de libertad, sobre todo cuando Estados Unidos quiere imponer «su libertad» al resto del mundo.

Nunca antes, como el caso chileno, algún mercado controló de esa forma las libertades de sus habitantes: sin partidos políticos, ni poder sindical, ni resistencia alguna de tipo social. Se trató, sin duda, de una apropiación ilegítima a costa de metralletas apuntando a las espaldas ciudadanas, nada más lejano al «mercado libre» que pregona el país del norte, dando rienda suelta a un capitalismo sin regulación, un consumismo desaforado del cual ni sus propios partidarios están contentos.

La humildad del autor se expresa incluso en el respeto hacia antiguos moradores de su casa en Formentera, escucha sus movimientos en noches de lluvia y ha hecho las paces con el silencio. Pero también tuvo que enfrentar los tentáculos de la dictadura mientras filmaba Tierra sagrada (su primera película) en las postrimerías del régimen de Pinochet.

Pero no todo es espiritual, también hay episodios geniales como su experiencia con el peyote en Real del Catorce, pueblo fantasma al norte de México. Siempre estas historias tienen elementos sutiles, reflejando su profundo respeto por el prójimo.

Hay fragilidad en la forma de entender el mundo, fragilidad hasta física; sensibilidad para observar la vida de los otros, una situación tan bien expresada por esa magnífica película alemana de 2006. Emilio sabe escuchar los silencios del mundo y también las voces de otros seres humanos.

Fragilidad entendida como esa fortaleza para dirigir a un grupo de personas y llevar a término un proyecto cinematográfico, fragilidad para caerle en gracia al mismísimo Truffaut u obtener palabras francas de acérrimos opositores del gobierno de Salvador Allende.

 

 

 

 

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Aníbal Ricci Anduaga (Santiago, 1968) es un ingeniero comercial titulado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, con estudios formales de estética del cine cursados en la misma casa de estudios (bajo la tutela del profesor Luis Cecereu Lagos), y quien también es magíster en gestión cultural de la Universidad ARCIS.

Como escritor ha publicado con gran éxito de crítica y de lectores las novelas Fear (Mosquito Editores, 2007), Tan lejos. Tan cerca (Simplemente Editores, 2011), El rincón más lejano (Simplemente Editores, 2013), El pasado nunca termina de ocurrir (Mosquito Editores, 2016) y las nouvelles Siempre me roban el reloj (Mosquito Editores, 2014) y El martirio de los días y las noches (Editorial Escritores.cl, 2015).

Además, ha lanzado los volúmenes de cuentos Sin besos en la boca (Mosquito Editores, 2008), los relatos y ensayos de Meditaciones de los jueves (Renkü Editores, 2013) y los textos cinematográficos de Reflexiones de la imagen (Editorial Escritores.cl, 2014).

Sus últimos libros puestos en circulación son las novelas Voces en mi cabeza (Editorial Vicio Impune, 2020), Miedo (Zuramérica Ediciones, 2021), Pensamiento delirante (Editorial Vicio Impune, 2023) y la recopilación de críticas audiovisuales Hablemos de cine (Ediciones Liz, 2023).

 

«Luz de invierno», de Emilio Pacull (Editorial Catalonia, 2024)

 

 

 

Aníbal Ricci Anduaga

 

 

Imagen destacada: Emilio Pacull (el último, de izquierda a derecha).