«La Furia del Libro»: Otra farsa de la oligarquía chilena

El evento editorial que se desarrolla en el GAM (y el cual acaba de cumplir diez años de vida) es una empresa, y como tal se sujeta a las leyes de la oferta y de la demanda. Y en consonancia a esa metáfora del Chile que estalló en octubre de 2019, la instancia se presenta al modo de un oasis -bajo las banderas de la bibliodiversidad y del progresismo-, pero sólo es un desértico páramo que justifica la segregación y la acaparación, con argumentos de escaso rigor y de nula honestidad intelectual.

Por Claudio Castañeda Peñaloza

Publicado el 27.12.2019

“(…) Un país en el que todes sus ciudadanes serán parte de manera igualitaria (…)”

La Furia del Libro es una empresa.

La afirmación no intenta ser metafórica, pero inevitablemente la leemos desde esa ubicuidad como cuando decimos Chile es una empresa y reconocemos que ello significa la existencia de una clase dirigente endogámica que margina y segrega a los más débiles para perpetuar su posición y su privilegio.

La Furia del Libro es una empresa y como tal se sujeta a las leyes de la oferta y de la demanda incrementando su capacidad en desmedro de quienes quieren acceder a sus servicios y en unos cuantos años aumenta sus utilidades triplicando el valor de sus tarifas.

Y tal como esa metáfora de Chile, se presenta también como un oasis bajo las banderas de la bibliodiversidad y el progresismo, justificando la segregación y acaparación con argumentos de escaso rigor y honestidad intelectual.

Comenzó como una feria independiente en la plaza central del GAM, donde las mesas se asignaban por orden de llegada, con excepción claro está, de las editoriales organizadoras. Cuando se agregó una segunda plaza, se vio con claridad que esta addenda no recibía la misma cantidad de visitantes que la plaza principal. Ante el descontento de algunos editores, la solución al año siguiente fue la creación de “La Plaza del Texto”y “La Plaza de la Imagen” con el fin de confinar al espacio menos privilegiado a los editores de historieta, diseño, fanzine y álbumes de libros.

El menosprecio e ignorancia en torno a la imagen es un tema que podría explorarse en extenso en la educación lecto-escritora.

Los maestros dicen: niñxs es hora de que lean cosas de grandes, sus libros ya no tendrán monitos y esa lógica llega a ser tan hegemónica que, por ejemplo, el trabajo gráfico de un autor que proviene de las bellas artes como Enrique Lihn sea cercenado sin que haya reparo alguno.

El libro es una tecnología de lienzos sucesivos. La separación texto-imagen es ridícula y, en realidad, impracticable desde el momento en que todo libro intenta conquistar al lector desde la primera imagen que es su portada.

El absurdo se hace más evidente cuando a esa supuesta categorización agregas “Plaza Zócalo”, ¿es eso texto o imagen?

Nada. Esas palabras no significan nada.

La “Plaza del Texto” tiene serigrafía, bolsas y poleras (y mesas triples) y la “Plaza de la Imagen” ahora alberga editoriales de poesía como Jámpster o de LIJ como Loba Ediciones.

Tres espacios quedan entonces, donde A es mejor que B y B mejor que C y cuya distribución no obedece a ningún criterio más que el asegurarse el mejor espacio.

La experiencia: estar en el espacio más penca, pagar el doble de lo otorgado, asumir el riesgo de la empresa, cagarse de calor y además tener un público mermado; que dicho sea de paso, fueron los únicos en empatizar con la situación ofreciendo agua. Vergüenza.

Ni siquiera tuvieron la mínima deferencia de compartir sus redes al ser etiquetados.

Ah, pero qué privilegio tener el escenario ahí y escuchar todos los discursos que decían “pueblo”, “cuerpo”, “dignidad”, “otro Chile”.

Al terminar la jornada, por altoparlantes una última afrenta: por favor, son las 19:00 horas es momento de desmontar para que los trabajadores del GAM puedan terminar prontamente su jornada.

Luego la misma persuación moral repetida puesto por puesto: piensen en los trabajadores.

Desmontar, subir y ver que en la plaza central todos los puestos seguían llenos de público y en su lugar.

Termino de leer el “fanzine furioso”:

“(…) Como agentes culturales, continuaremos generando espacios de reflexión y produciendo contenido crítico para denunciar, visibilizar y sobre todo, mantener el espíritu crítico (…)”.

Querides: ni con el poco poder que tienen pudieron evitar ser como el Chile que critican.

 

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Escritor Luis López-Aliaga: «En el campo literario se dio una expresión a través de la Nueva Narrativa y sus hijos de la ‘Zona de Contacto’, una idea de juventud funcional al proyecto político y económico dominante, que entró en crisis con el estallido de octubre de 2019».

 

Claudio Castañeda Peñaloza (Santiago de Chile, 1984). Abogado y escritor. Su obra se relaciona con el pastiche, la obra colaborativa, la infracción de norma y los derechos de autor. Se ha desempeñado laboralmente como especialista en propiedad intelectual y de forma paralela ha desarrollado un proyecto editorial (Calaquita) y autoral en narrativa gráfica, traducción, poesía, dentro de la cual destaca una línea de estudios de arte y derecho denominada Iuspoética.

Sus últimas dos obras son: El cuerpo es devil (poesía, 2019) y ASCOS (libro objeto, 2019).

Contacto en redes: @cayocactus

 

«La Perifuria del Libro»

 

 

 

 

 

Crédito de la imagen destacada: El Desconcierto.