«La maestra»: El retrato de una dama detrás de la Cortina de Hierro

Ambientada en la desaparecida Checoeslovaquia de 1983 este es un largometraje de ficción que -a través de la sociabilidad de una comunidad alterada por la denuncia y la delación-, evidencia la maldad intrínseca del orden de cosas comunista, impuesto dicho sea de paso jamás por el pedido de sus ciudadanos, sino que por los azares de la geopolítica y debido a un golpe de Estado afortunado en contra del gobierno de Edvard Beneš, al término de la II Guerra Mundial. Y todo narrado en un tono tragicómico para una época del pasado, que fue de todo menos feliz.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 12.5.2018

El ciclo de la Universidad Católica de Chile y que concluye el 20 de mayo, exhibe esta joya de la cinematografía de producción checa y eslovaca del año 2016 y debida a Jan Hrbejk, un realizador checo bien conocido de su país. La película tiene varias lecturas, y recoge numerosos aspectos ya tratados en la producción de la mal llamada Europa del Este sometida al dominio soviético. Pero aquí no trata sobre el ejercicio directo de la opresión, como el cine húngaro que tiene en 1956 (Children of Glory, Krisztina Goda, 2006; Freedoms Fury, Colin K. Gray & Megan Raney, 2006) un ejercicio recurrente de la vergüenza. Aquí, trata de los mecanismos interiores de la represión, de lo que podríamos llamar el “sistema” como lo han hecho películas alemanas (La vida de los otros, Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) o rumanas (El concierto, Radu Mihaileanu, 2009).

Seguramente este punto de vista, tan poco condescendiente con el régimen soviético sorprenderá a muchos chilenos, acostumbrados a pensar que hay un paradigma chileno que deben reproducir hasta el infinito. Pero la realidad histórica es más diversa, y no podremos culpar a los eslovacos, checos o polacos de su animadversión a los soviéticos y su régimen diciendo que 1917 justificaba todo (Kathyn, Andrzej Eaida, 2007).

La trama se basa en hechos reales. Y la protagonista derrumba dos ópticas muy de moda. Se sitúa en 1983 en un colegio de los suburbios de Bratislava, donde se narra la acción de una maestra transando favores personales, que se maneja con la intriga, la presión, y es además la representante del Partido Comunista en la escuela. Hasta en la sala de clases tiene una estatua de un soldado soviético. Allí se encarga de hacer que aquello donde todos son iguales, resulte solo un lema, mediante una serie de exigencias, a cambios de notas y favores para el sistema educacional, que le permite a la misma tener una vida desahogada. Todo se pide en nombre del Partido, pero son los beneficiados la nomenclatura, los privilegiados. Por algo en China Popular los únicos educados y formados son los miembros del Partido.

Es que el sistema soviético en los países ocupados era un entramado de favores y de servicios al Partido Comunista, que se sostenían sobre la delación de los comunes y el trabajo de los agentes de seguridad. Los registros históricos recogidos en República Checa, la otra parte de la extinta Checoslovaquia, revelaron que había un número inmenso de delatores. Era el sistema el que permitía seguir estudios superiores, y también el que castigaba a los disidentes con una vida oscura tal como el astrónomo disidente a quien se le asigna ser el limpiador de vidrios, mientras su hijo es maltratado. Así, la escuela es un engranaje de la represión, en el cual los policías y los burócratas son el apoyo de un sistema basado en la delación y el temor. En el epicentro está la maestra que es la comisaria política del local.

La maestra Maria Drazdechova, interpretada notablemente por la actriz eslovaca Zuzana Mauréry, en una actuación valorada en el Festival de Karolvy Vary, organiza, en su condición de representante del Partido Comunista checoeslovaco (pero ya se sabe que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente), un sistema de servicio que como dice el chancho Napoleón en Granja de animales, hace que algunos animales sean más iguales que otros. Así, trasmitía las preguntas a los alumnos, y promocionaba a los que le servían haciendo aseo, llevándoles encargos a Moscú, traspasando medicina e incluso asediando sexualmente a un padre (Peter Bebjak), un científico caído en desgracia con el Partido. Con su libreta exigía servicio y luego se vengaba en los alumnos.

De modo, que esta Quintrala eslovaca se convierte en el paradigma que toda feminista se niega a ver: una mujer de naturaleza tan malvada que parece hombre. Pero al mismo tiempo es la representante del Partido, y así lo hace saber para justificarse. Sus maltratos físicos y morales son el revés de una educadora, pero es el instrumento castigador y disciplinador del sistema, y de esa forma se lo hace saber a los apoderados que, contra la lógica, la denuncian. Una película que, a través de una comunidad alterada por esta irrupción, evidencia la maldad intrínseca del orden de cosas, impuesto dicho sea de paso no por pedido de los checoslovacos sino que por los azares de la geopolítica y un golpe de Estado afortunado al gobierno de Edvard Beneš (1884 – 1948), al término de la II Guerra Mundial. Y todo narrado en un tono tragicómico para una época del pasado, que fue de todo menos feliz.

 

La intérprete Zuzana Mauréry fue galardonada en el Karlovy Vary International Film Festival de 2016 como Mejor Actriz, por su rol en «La maestra»

 

La maestra (Ucitelka / The teacher). Dirige: Jan Hrebejk. Guión: Petr Jarchovsky. Fotografía: Martn Ziaran. Música: Michal Novinski. Elenco: Zuzana Mauréry, Csongor Kassai, Peter Bebjak, Martin Havel, Zuzana Konecná, Oliver Oswald, Eva Bandor y Ondrej Maly. País: Eslovaquia y República Checa, 2016. Duración: 102 minutos.

 

Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 

 

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