“Rey”: Narraciones extraordinarias

El director chileno-norteamericano Niles Atallah se toma su tiempo para producir y grabar sus filmes: desde “Lucía” (2010) han pasado ocho años, a fin de su regreso a las salas locales con esta singular versión audiovisual acerca del aventurero francés Orélie Antoine de Tounens, quien a mediados del siglo XIX fue proclamado por más de tres mil delegados mapuches como monarca de la Araucanía y la Patagonia. Así, el relato del cineasta nacional se caracteriza por describir los planes políticos del ciudadano galo en una faceta onírica, mística y religiosa, humanizando su audaz idea de fundar un imperio aborigen y bioceánico al sur del río Biobío.

Por Enrique Morales Lastra

Publicado el 4.2.2018

“Falta saber si alguna vez se han “evocado” las imágenes”.
André Breton, en Manifiesto surrealista

La propuesta de “Rey” (2017) de Niles Atallah es sumamente compleja y requiere de una alta alfabetización cultural para ser comprendida y digerida a cabalidad. Salvo por ese detalle, el segundo largometraje de ficción de este dedicado realizador se situaría en un lugar de privilegio dentro de los trabajos cinematográficos tendientes a explicar y a dar a conocer masivamente desconocidos pasajes de la tortuosa historia del Chile republicano.

Con una plasticidad audiovisual que referencia al video arte y por momentos a una instalación medial y experimental, la presente cinta se interna por caminos expresivos -un tanto elaborados si se piensa en una audiencia que se desea masiva-, y los cuales intentan dar respuesta al misterio de un personaje (Orélie Antoine de Tounens, 1825 – 1878), quien rondaba en la proximidad de los límites propios del delirio mesiánico, y de la iluminación esotérica y religiosa, un excéntrico connotado al fin y al cabo, y asimismo un representante preclaro y relegado, solitario, de las ambiciosas ideas franco-imperialistas de Napoleón III (acuñador del término “Latinoamérica”) para esta parte del mundo (recordemos la instalación impulsada por éste de Maximiliano Habsburgo-Lorena en el trono del segundo imperio mexicano, por esa misma época, sin ir más lejos).
La fotografía (a cargo de Benjamín Echazarreta) que herencia a los grandes paisajistas chilenos del siglo XIX como Antonio Smith y Onofre Jarpa Labra, recoge la orfandad y la pasión de un abogado francés de provincias (Orélie Antoine de Tounens), que recorre la zona situada al sur del río Biobío en busca de los caciques y toquis que le entregaría la corona política y el mando militar de sus tribus.

Esos propósitos se ofrecen envueltos en las inquietudes místicas del rey de la Araucanía y la Patagonia, que no sólo le impulsaron a mantener profuso contacto con logias masónicas de diversa índole aquí y en Francia, sino también profesar un peculiar sincretismo cristiano (no en vano éste inició su labor imperial y proselitista en el denominado Wall Mapu, cuando tenía la simbólica edad de 33 años…).

La dirección de arte y las labores propias de la sala de montaje (cercanas al video arte, según lo enunciado) observan la intención de situar al protagonista en esa esfera surrealista de lo onírico, que busca imaginar: “Que el reino de los sueños es el oro verdadero”, de acuerdo se registra en un monólogo del guión. Así, las intervenciones digitales, sonoras y compositivas efectuadas a las secuencias fotográficas originales de la obra, delatan la influencia de la documentalista chilena Tiziana Panizza y a sus créditos adscritos dentro de los márgenes de un cine experimental.

Material de archivo en diversos formatos (fotografías modificadas, collages y filmes de antaño) y la estética plástica y escénica del stop motion, también refuerzan, especialmente en los pasajes dedicados al encarcelamiento y al juicio que se le siguió a Orélie Antoine por conspirar en contra del Estado chileno de la época, una concepción teatral de rasgos grotescos adscritos y representativos del subconsciente del protagonista, que ayudarían a concebir la noción de un personaje radicalmente incomprendido y asediado por la visión de distintas realidades y percepciones del entorno que le rodeaban, reflejando en el rostro informe de sus carceleros y tribunos enjuiciadores, anónimos, demiúrgicos e implacables, las marcas y las formas de sus singulares miedos, anhelos, sonantes fracasos, y demonios más profundos y escondidos.

Dividida en siete capítulos, la narrativa de “Rey” trastoca los cánones de la temporalidad lineal, a fin de sostener el principio de ese rol en tanto propiciador y excusa para el director y su equipo creativo, de poder indagar libremente en el siempre motivante sendero de la especulación intelectual basada en supuestos oníricos y surrealistas, como se hace en este caso particular, con la dificultad y el impedimento consciente, no obstante, y de acuerdo a lo ya mencionado, de evitar alcanzar la potestad de llegar a una audiencia y a un público de números masivos, y luego de ser “entendidos” por éstos.

Acompañado por una música incidental de sensibilidad instrumental paralela a la del personaje interpretado por el actor Rodrigo Lisboa, quedan y permanecen la ambición artística y la nostalgia arraigada que se aprecia ya en las dos obras debidas a la cámara de Niles Attalah (1978). Antes en “Lucía” (2010) y ahora en “Rey”: la búsqueda de un lenguaje cinematográfico y de una estética audiovisual de archivo, de las cenizas del tiempo, y la creación de una plasticidad de la memoria, en abierta rebeldía contra la negligencia y el olvido. Una película «hermosa» y sugerente, sin duda, aunque lamentablemente dirigida sólo a una inmensa minoría, y dedicada a un sujeto histórico fascinante, situado en la línea de los grandes aventureros, navegantes y expedicionarios europeos del siglo XVI.

Con anterioridad, la figura de Orélie Antoine de Tounens había inspirado el filme argentino «La película del rey» (1986), el cual fue dirigido por el realizador bonaerense Carlos Sorín.

 

El largometraje «Rey» (2017) es protagonizado por el actor Rodrigo Lisboa en el papel de Orélie Antoine de Tounens

 

Tráiler: