[SANFIC 17] «Gaucho americano»: La soledad de los trasplantados

El largometraje documental del realizador chileno Nicolás Molina («Los castores» y «Flow») ha sido uno de los créditos que mayor entusiasmo generó en el contexto de su exhibición en la competencia internacional del Santiago Festival de Cine, versión 2021.

Por Felipe Stark Bittencourt

Publicado el 21.8.2021

En Gaucho americano, la nueva película documental de Nicolás Molina, se dan cita dos universos que entran en diálogo y terminan contraponiéndose. Es el mundo de la Patagonia chilena con su paisaje indómito, su serenidad antiquísima y su camaradería de los que conocen su oficio. Es también el mundo del Lejano Oeste norteamericano con su mística cinematográfica, sus bares tranquilos y sombreros de ala ancha.

En el primero habita el ya entrado en años Joaquín, desde su corazón y costumbres, pero como gaucho trasplantado en la tierra de John Ford y Howard Hawks. En el segundo, vive el joven Víctor, quien busca abrirse paso, quizá animado por el sueño americano y las películas de vaqueros. También es un gaucho de corazón, pero al que le acomoda la vestimenta de John Wayne. Ambos trabajan en un rancho norteamericano, persiguiendo sus propios sueños, pero encontrándose con la dura realidad.

Gaucho americano enfatiza el espacio agreste, volviéndolo muy distinto para uno y haciéndolo fuente de aventuras para otro. El campo estadounidense aparece dibujado con los mismos colores, la misma intensidad fotográfica y un mismo esplendor visual, pero con diversidad de sensaciones, acaso recordando que el sentido de pertenencia no está en la comodidad material, sino en un respeto tácito por la tradición.

La madurez y la juventud se presentan casi como dos polos opuestos que, sin embargo, entran en sintonía al compartir una soledad que, no obstante, afrontan de modos distintos.

Joaquín se la pasa matando moscas, esquivando el calor y cuidando un ganado de ovejas que se ve amenazado por depredadores invisibles. No es su territorio, pero no ha llegado a tierra extranjera buscando una vida fácil. Vive en una casa rodante, pasa su tiempo libre hablando con su familia y tomando mate.

No sabe mucho inglés y se logra comunicar poco y nada con sus patrones. Cuando aparece en pantalla, poco le falta para no existir dentro de ese rancho inabarcable y en el cual la línea del horizonte se pierde en el fuera de campo.

Víctor se siente más a gusto, pero comparte la soledad de su par chileno, al tiempo que no domina el inglés del todo. La vida tampoco le ha resultado fácil y también se las ha tenido que ingeniar para surgir en medio de ese mundo que inspira aventura.

Sin embargo, el director Nicolás Molina nos muestra que logra acomodarse mejor que su compatriota y hasta obtener victorias que le hacen ganar respeto dentro del rancho, cuyo paisaje quizá sea similar en la epidermis al de la Patagonia, pero distinto en el corazón.

Como documental, Gaucho americano ofrece así un relato conciso y lleno de empatía por estos dos gauchos trasplantados.

En esa tierra lejana es posible esperar cualquier cosa. Y aunque la realidad da muchos giros, la cámara de Molina se mantiene impasible y nos invita a mirar con sus mismos sentimientos a estos hombres curtidos por el trabajo, el esfuerzo y la soledad.

 

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Felipe Stark Bittencourt (1993) es licenciado en literatura por la Universidad de los Andes (Chile), magíster en estudios de cine por el Instituto de Estética y alumno del magíster en estudios humanísticos por la Universidad San Sebastián.

Sus áreas de interés son las aproximaciones interdisciplinarias entre la literatura y el cine, el guionismo y la ciencia ficción. También es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Felipe Stark Bittencourt

 

 

Imagen destacada: Gaucho americano (2020).