[Crítica] «Gatos en la cabeza», de Laura Agustí: Ilustrar el sentir  

Encontrar este libro en las estanterías de El Pati Blau de Cornellà —un espacio único que ofrece joyas impresas— ha sido todo un regalo. Me agrada pasear entre los textos expuestos buscando uno que “me llame”, así sucedió con este volumen (Lunwerg Editores del Grupo Planeta, 2018): me siento afortunado.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 22.1.2021

 

Tener gatos en la cabeza, como quien tiene pájaros
Ideas que vienen y van
maúllan fuerte exigiendo atención
pasan suaves como un susurro
ronronean recuerdos
y te hacen sonreír.
Laura Agustí

La joven pintora, ilustradora y muralista publicó en 2018 (Lunwerg Editores del Grupo Planeta) este diario ilustrado que es una bella obra en la que conjuga sus característicos dibujos con su sentir íntimo.

Tal y como reza en su página web a propósito de sus ilustraciones: “Su obra de delicadas líneas con aires románticos referencia épocas pasadas sin perder actualidad. Con un fino trazo basado principalmente en el blanco y negro, retiene el exceso y lo deja suspendido en pétalos, hojas, plumas y cornamentas”.

Porque a Laura Agustí (1980) le interesan especialmente las plantas, las flores y los animales aunque en sus dibujos podemos encontrar desde automóviles míticos como el Citroën Tiburón —confieso que siempre me ha fascinado este coche por su originalísimo diseño— hasta figuras humanas —en su mayoría femeninas— a menudo con cabezas gatunas o perrunas.

Y sí, al contemplar su obra gráfica uno tiene la sensación de retroceder en el tiempo, una sensación que para muchos —entre los que me encuentro— resulta muy agradable. Sus dibujos tienen aroma a pastel horneado al fuego lento, transmiten la calidez del hogar.

 

El libro

Anotaciones breves como pinceladas que expresan el sentir de Laura en temas a menudo íntimos. Un diario que desnuda el alma de una mujer sensible consciente de sus sombras.

Laura emociona y posibilita que la lectora o el lector puedan entenderla como haría un amigo. Es fácil empatizar con ella y sentirse reflejado en sus escritos en torno a su familia y sus relaciones amorosas.

De su familia pone especialmente el foco en la madre al parecer aquejada de algún tipo de demencia senil, lo hace desde su dolor e impotencia por ese deterioro que transmite con un sentido: “la mujer que me quería más que a nada”.

Y resalta también a su hermana: “Dice mi hermana que soy su faro. No sé si ella sabe que es Mar, Marina, mi Mar”.

Todo esa conexión entre mujeres a pesar de una infancia difícil y que la relación con la hermana ha tenido sus más y sus menos.

En un acto que no todos hacen, Laura se mira profundamente al espejo reconociendo sus limitaciones y se/nos dice:

Hay cosas que no se entienden

a veces tú tampoco te entiendes

Frunces el ceño intentando comprender

pero no.

 

Y añade:

Un sollozo largo va creciendo y tú te vas vaciando.

 

Porque en ese espejo Laura ve a la “mala” que tantos y tantas niegan en su afán de responsabilizar a los otros antes que observarse plenamente.

Así, sobre las relaciones rotas nos comenta:

Mucho se habla del dolor de cuando te parten el corazón  y no tanto de lo que sufres cuando eres tú quien lo parte. Ese ahogo y esa pena de saber el daño que vas a causar en esa persona a la que has querido con toda tu alma, a la que sigues queriendo y de la que sabes que, en el fondo, nunca te desprenderás.

 

Añadiendo una frase que —entiendo— transmite la fuerza que anida en ella y la voluntad de construirse día a día:

Y cada furia es una pequeña metamorfosis inesperada.

 

Esa conmovedora desnudez del alma la acompaña con sus bellos dibujos que —como se ha dicho— enfatizan la animalidad, la feminidad y la naturaleza en general. Sus dibujos “vivos” como reflejo de su ser.

Un ser que se hace y nos hace preguntas tales como:

¿Cómo sería vivir lejos de todo?

 O

¿Nunca has imaginado sumergirte en un bañera y que de tu cuerpo salieran plantas?

 

Un ser que a pesar del dolor sufrido y sentido mantiene viva la esperanza:

Y todavía se siguen buscando

en todos los invernaderos

en todas las recetas con queso

en todos los desayunos al sol

en todos los pinceles resecos

en todos los mercadillos de ciudades de colores

en todas las piscinas vacías

y entre los gatos callejeros

Y se encuentran.

 

Sin duda, encontrar este libro en las estanterías de la librería El Pati Blau de Cornellà —un espacio único que ofrece joyas impresas— ha sido todo un regalo. Me agrada pasear entre los textos expuestos buscando uno que “me llame”, así sucedió con Gatos en la cabeza. Me siento afortunado.

Porque a ese bello “Y se encuentran” de Laura podría añadirse un “y entre los libros que esperan”, en este “diario ilustrado del sentir” se encuentran una autora que se entrega y ese lector que busca… quizás tú.

 

*A la prima Paula, mujer gatuna de gran corazón. Gracias por tanto, especialmente por Lunita la traviesa que salta sobre el teclado mientras escribo.

 

***

Jordi Mat Amorós i Navarro es pedagogo terapeuta por la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Gatos en la cabeza», de Laura Agustí (Planeta, 2018)

 

 

Jordi Mat Amorós i Navarro

 

 

Imagen destacada: Laura Agustí.