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[Crítica] «Rompiendo realidades»: La rotura de los sellos invisibles

El nuevo libro-objeto del destacado escritor nacional Diego Muñoz Valenzuela (Zuramérica, 2021) es una metáfora estremecedora de una epopeya semi apocalíptica: los quince relatos que lo conforman sacuden visceralmente y uno intenta huir de esa macabra lucidez, permeada, asimismo, por las magnificas ilustraciones de la artista visual Claudia Matute.

Por Juan Mihovilovich

Publicado el 23.7.2021

El lenguaje produce escisiones, quiebres; segrega, establece márgenes difusos, y en ocasiones deja a quien profiere los vocablos o a quien los recepciona, al borde del abismo.

Entonces, el lector tiende a buscarse un espejo. Duda de sí mismo. Se diluye en el reflejo. Su apariencia se metamorfosea y da la impresión de que se extravía en la propia inconsciencia de existir.

Luego, los textos de Diego Muñoz Valenzuela asociados a las escalofriantes imágenes de Claudia Matute (Zuramerica Ediciones, 2021) sacan al lector de ese espejo algo uniforme y dejan al espectador convertido en fragmentos: la realidad se ha roto, los sentidos carecen de lógica, los espectros se han salido de las órbitas oculares y deambulan sin control por el espacio.

Las figuras vinculantes, luego, encuadran ese descontrol, subsumen parcialmente forma y contenido en algo entendible, estremecedor, y el lector vuelve hacia sus pasos, extrañado de las aristas narradas y visualizadas.

El tiempo se ha disgregado y no es posible establecer una secuencia lineal, cronológica. Menos un lector que, confundido, asume las consecuencias de una lectura disociativa y paradójicamente, unitaria.

Éste se ha reconvertido en un animal humano que embiste al toro, en tanto una multitud ruge extasiada desde las tribunas («Plaza de Toros»).

La efigie femenina arroja en su último estertor un placer agónico sobre el cadáver masculino que resucita para expirar juntos en el suspiro final («Necrofilia»).

El individuo se mimetiza confrontado al terrible dilema de existir condenado a su extinción. Deambula seccionado entre la juventud y su decrepitud inexorable marcada a fuego sobre un rostro desolado («Envejecer a medias»).

La tecnología espuria se viste de insectos inocentes que crecen y se multiplican al amparo de un árbol en decadencia. De ahí que el personaje sea absorbido en su propia y deforme creación artificial («Plagas»).

La muchedumbre asiste a su desaparición material cuando el contorsionista se engulle en un acto de cruel travestismo («Contorsionista»).

Rompiendo realidades es una metáfora estremecedora de una epopeya semi apocalíptica. Los relatos sacuden visceralmente y uno intenta huir de esa macabra lucidez, permeada por magnificas ilustraciones de Claudia Matute.

«El último conejo devora la última brizna hierba mientras lo acecha el último ser humano» («Apocalipsis»).

Un libro breve para un pensamiento extenso, dotado de una emotividad gráfica que nos va envolviendo en cada página.

Digno de su autor e imprescindible en su inagotable bitácora imaginativa.

 

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Juan Mihovilovich Hernández (Punta Arenas, 1951) es un importante autor chileno de la generación literaria de los 80, nacido en la zona austral de Magallanes. Entre sus obras destacan las novelas Útero (Zuramerica, 2020), Yo mi hermano (Lom, 2015), Grados de referencia (Lom, 2011) y El contagio de la locura (Lom, 2006, y semifinalista del prestigioso Premio Herralde en España, el año anterior).

De profesión abogado, se desempeñó también como juez de la República en la localidad de Puerto Cisnes, en la Región de Aysén, hasta abril de 2021. Asimismo, es miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

Los dos últimos libros de Diego Muñoz Valenzuela los ha editado Zuramérica Ediciones

 

 

Juan Mihovilovich

 

 

Imagen destacada: Diego Muñoz Valenzuela.

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