Documental «Cielo», de Alison McAlpine: Donde lo real se trastoca con lo mitológico

Este largometraje de no ficción es una oda al Cosmos, sobran las palabras, convirtiéndose en una especie de diálogo entre uno y el firmamento. Es la perfecta definición de como es arriba y abajo, es la luz y la oscuridad, el día y la noche. Se estrena el próximo jueves 8 de noviembre por el programa Miradoc, en salas de Arica a Punta Arenas.

Por Alejandra Coz Rosenfeld

Publicado el 19.10.2018

“Estaba en el Valle de Elqui caminando durante la noche y de pronto hubo un apagón. En ese momento miré hacia arriba y fue como haber visto el cielo por primera vez, jamás vi tanta belleza ni me sentí tan libre. En ese instante surgieron miles de preguntas en mí, entre ellas, cómo nos afecta vivir en la ciudad iluminada, sin ver el cielo, de la manera en que yo lo vi en Atacama”.

Son las palabras de la directora canadiense Alison McAlpine, quien se inspiró bajo los cielos del Valle de Elqui, Cuarta Región de Chile, para realizar este bello filme que, a través de imágenes tomadas con telescopios del observatorio ALMA, nos retrata la inmensidad y la belleza de los cielos del Desierto de Atacama.

Esta película es una oda al Cosmos, sobran las palabras, convirtiéndose en una especie de diálogo entre uno y el firmamento.

Es la perfecta definición de como es arriba es abajo, es la luz y la oscuridad, el día y la noche. Nos muestra los extremos de los extremos, donde la ultra avanzada nanotecnología digital y el mundo científico, nos permite acceder a imágenes que creíamos sólo posibles en películas de ciencia ficción y que aunque sepamos que se extraen de grandes ultra potentes lentes telescópicos, nos cuesta comprender esa inmensidad y cómo a través de éstas, se podría llegar al origen del Universo y por ende del planeta Tierra. Contraponiéndose de manera abismante al cotidiano de los habitantes del desierto, ajenos al consumo y la electricidad. Donde su pantalla es el cielo estrellado, donde el desierto canta y las estrellas hablan. Donde lo real se trastoca con lo mitológico. Y es que es casi imposible no estar conectado a la tierra con aquella espacialidad, el cielo del desierto aquieta la mente, calma el ímpetu y nos arroja a la divinidad. Para los que conocemos el desierto sabemos que tiene un poder mágico, la vista se pierde en el horizonte, no se sabe si es el inicio del cielo o si es donde termina la tierra. Estando allí, se puede llegar a vislumbrar la justa proporción de los anhelos citadinos impuestos por una sociedad de consumo que nos consume. Estos parajes desbordantes de magia y de divinidad logran en un chistar cambiar de paradigma y es posible que nos rindamos ante lo insondable del espacio tiempo.

El lenguaje y la dimensionalidad quedan fuera de entendimiento porque las distancias son inconmensurables, diez mil años luz de distancia es poco para otras lejanías. Esas cifras con sólo nombrarlas, hacen que nos cuestionemos la insoportable levedad del ser, como decía Kundera.

La música es del compositor candiense Philippe Lauzier, de sonidos muy bien creados, con un ritmo y materialidad orgánicos, que se van entrelazando con belleza salvaje del paisaje y con los silencios propios del desierto, permitiendo así, oír sus sonidos primordiales y arquetípicos.

La fotografía es de Benjamín Echazarreta (Una mujer fantástica), quien logra registrar con un ojo estético y sensible, la preciosidad del cielo nocturno sobre el desierto de Atacama, desierto conocido mundialmente por poseer los cielos más prístinos del planeta. La fotografía, en conjunto a la banda sonora hacen un anclaje perfecto, ya que ambos dan ese espacio holgado y preciso, el que permite que los ritmos de la naturaleza y sus ciclos dancen al compás de las estrellas.

El filme ha recibido ya dos premios, el Kinema, de la Film Commission Chile, que galardona las producciones audiovisuales que exaltan la belleza de nuestro país y en el Salem Film Fest, el American Cinematographer Award for Best Cinematography.

“Los personajes y el paisaje son muy importantes para mí. Tengo que sentir que hay algo especial en ambos y eso fue lo que descubrí grabando Cielo. Encontré algo tan natural y espontáneo en nuestras conversaciones, logrando capturar mi vínculo con ellos a través de la complicidad”, indica la realizadora.

La coproductora chilena Paola Castillo dice que es una invitación a conocer el cielo chileno, específicamente el cielo del desierto. La película viaja y dialoga con personas que viven bajo ese cielo como agricultores, recolectores de algas, arrieros y con otras que lo estudian como los científicos y astrónomos de ALMA, generando un diálogo que abre muchas interrogantes, invitando a reflexionar sobre el lugar que ocupamos en el espacio.

El documental se estrenó también en el Film Festival de New York y ha sido exhibido en otros festivales como Hot Docs, Doxa y Sanfic 14.

Cielo es la primera coproducción documental entre empresas extranjeras y chilenas (Errante Producciones y Second Sight Pictures Inc / Merveilles Films), en el contexto del acuerdo cinematográfico suscrito entre Chile y Canadá.

 

Alejandra Coz Rosenfeld nace en Santiago de Chile, en 1972. Poeta, artista y terapeuta transpersonal, estudió letras y estética en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y arte en el Palazzo Spinelli, de Florencia, Italia. Ha publicado el poemario Marea baja (Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2017), y prepara su primer libro de relatos con el título tentativo de Las aguas de Neptuno y otros cuentos.

 

Un fotograma del largometraje documental «Cielo» (2018)

 

 

Tráiler: