[Ensayo] «Chevreuse»: Esfumarse definitivamente en el olvido

Esta última del Premio Nobel francés Patrick Modiano —traducida con gran precisión por María Teresa Gallego— y recientemente publicada por la editorial Anagrama, corresponde a una deslumbrante exploración en las nociones que tenemos acerca de la memoria, de los sueños, y del paso del tiempo que decanta en el desenlace existencial de la vejez.

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 21.11.2023

«Soñamos, no recordamos».
Louise Glück

La última novela de Patrick Modiano (1945), Chevreuse, traducida bellamente por María Teresa Gallego Urrutia, es una deslumbrante exploración de la memoria, de los sueños, del paso del tiempo que decanta en la experiencia de la vejez.

Es también la reivindicación de aquella necesidad creativa que poseemos y que puede verse como locura y distorsión. La creación que implica registrar lo vivido en palabras, con el pretexto de una trama y la asistencia de personajes, es, finalmente el pivote de Chevreuse, otra extraordinaria entrega de Modiano.

Chevreuse, la comuna, ejerce una fuerza inconsciente en la voz narrativa de esta novela, un relato distintivamente europeo, con ecos a Proust, Rimbaud y a Pavese, y en sintonía con las narraciones de Ernaux, Dickens y Borges. El pueblo, y en particular una vivienda, es el que amerita este repaso por los períodos de la vida: «ninguno de los cuales había estado vinculado al siguiente, de forma tal que esa vida no había sido una secuencia de rupturas, de avalanchas o incluso de amnesias».

En esta atmósfera evocativa, el narrador se muestra ingresando y saliendo de estados oníricos, sonámbulos. Los sueños son recurrentes en su relato, especialmente el misterio que cargan como premoniciones, también como posibilidad de condensación, ya que, también los sueños, cuando se tornan demasiado siniestros, se los puede evitar, despertándose.

Así, esta real oda a la memoria, a la reconstrucción del recuerdo, donde la arqueología es una de las metáforas, tiene como protagonista a Jean Bosmans. Comenzamos cuando tiene unos veinte años y han transcurrido quince. Desde esa distancia, observa el pasado.

Luego, han pasado 50 años, el narrador estará en sus 70 y allí presenciamos el momento en que plasma sus palabras. Ya de joven, con un profesor de filosofía como inspiración, se ve este afán desesperado por registrar: «procuraba tomar nota lo más deprisa posible, unas cuantas imágenes de un periodo de su vida que veía desfilar a cámara rápida antes de esfumarse definitivamente en el olvido».

 

La arbitrariedad de los recuerdos

Uno de los personajes más inquietantes es la denominada «Calavera», apodo de Camille («se lo habían puesto por su sangre fría y porque muchas veces se mostraba taciturna e impenetrable»). Ella gatilla recuerdos iniciales. Luego, tenemos al excéntrico Michel de Gama y al sospechoso Guy Vincent.

Todos ellos giran en torno a una mítica vivienda, el verdadero centro del misterio, pues allí se ha escondido, décadas atrás, algo, (¿un tesoro?) y quizá solo el narrador puede explicar lo que ocurrió, pues parece ser el único testigo.

Chevreuse es una novela que habla de la arbitrariedad del recuerdo, de las evocaciones que brotan de determinados lugares, de cómo la experiencia es matizada con la irrupción del pasado, y de la inspiración creativa, donde un recuerdo lleva a otro y el desafío es consolidarla en una obra impresa.

La creación es la médula ensayística de este misterio: «a los fantasmas no les daba miedo aparecer de nuevo a plena luz. ¿Quién sabe? En los siguientes años volverían a acudirle al recuerdo, como chantajistas. Y, al no poder volver a vivir el pasado, para enmendarlo, la mejor forma de convertirlos en inofensivos y mantenerlos a distancia sería metamorfosearlos en personajes de novela».

De este modo: «Escribió una primera frase que a lo mejor sería la de una novela». Y, más adelante: «Página a página, los iba metiendo en un mundo paralelo donde ya no tenía nada que temer de ellos. No había sido sino un espectador nocturno que acaba por escribir todo cuando había visto, adivinado o imaginado a su alrededor».

Estos flechazos hacia la gestación de la escritura son parte de la clase magistral que se desarrolla aquí sobre los impulsos de la creación, que se pueden ver desde un prisma psicológico y también mágico. El narrador pone «fin» a su manuscrito y siente el impacto: «A partir de ahora ya no era el mismo. Mientras redactaba su libro y se iban sucediendo las páginas, se iba derritiendo en un periodo de su vida, o más bien esas páginas lo absorbían como papel secante».

Hacia el emocionante final, una resolución que lo alcanza en la vejez, atestiguamos la alteración de la percepción, producto del paso del tiempo: «En aquella época, no había parado de caminar por París entre una luz que prestaba a las personas con las que se cruzaba y a las calles una fosforescencia muy viva. Luego, poco a poco, al envejecer, había notado que la luz se había empobrecido; ahora devolvía a la gente y a las cosas su auténtico aspecto y sus auténticos colores apagados, los colores de la vida corriente. Se decía que su atención de espectador nocturno también se había debilitado. Pero era quizá que, después de tantos años, ese mundo y esas calles habían cambiado tanto que ya no le decían nada».

 

 

 

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Nicolás Poblete Pardo (Santiago, 1971) es periodista, profesor, traductor y doctorado en literatura hispanoamericana (Washington University in St. Louis).

Ha publicado las novelas Dos cuerpos, Réplicas, Nuestros desechos, No me ignores, Cardumen, Si ellos vieran, Concepciones, Sinestesia, Dame pan y llámame perro, Subterfugio y Succión, además de los volúmenes de cuentos Frivolidades y Espectro familiar, y la novela bilingüe En la isla/On the Island.

Traducciones de sus textos han aparecido en The Stinging Fly (Irlanda), ANMLY (EE.UU.), Alba (Alemania) y en la editorial Édicije Bozicevic (Croacia).

Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Chevreuse», de Patrick Modiano (Editorial Anagrama, 2023)

 

 

 

Nicolás Poblete Pardo

 

 

Imagen destacada: Patrick Modiano.