[Ensayo] «Depresión intermedia»: En un mundo posible

La poeta y psicóloga clínica Alejandra Moya Díaz, a pesar de su juventud, parece conocer perfectamente el oficio escritural con la maestría suficiente como para introducirnos en una cartografía estética y literaria escenificada en Talca, la histórica ciudad capital de la Región del Maule.

Por Sergio Infante Reñasco

Publicado el 28.3.2022

Me atrevo a llamar pequeño gran libro a Depresión intermedia, de Alejandra Moya Díaz (Curepto, 1991), poeta y psicóloga clínica. Pequeño, por su tamaño físico. Gran libro, por su alta complejidad temática llevada adelante con una notable elaboración artística; esta permite encontrar en unas pocas páginas un mundo tan completo como sorprendente.

Al cabo de leerlo y ya durante su lectura surgen una serie de inquietudes que nos invitan, como lectores, a estar despiertos y participantes en esa especie de comunión tan propia de la creación literaria, que como se sabe, aunque frecuentemente se olvida, solo termina de plasmarse en la lectura.

Leer un texto literario es un hecho análogo al de quien interpreta una partitura musical, donde también ninguna interpretación será igual a otra, y todas sin embargo estarán contenidas en esa textualidad creada con desvelos y pasiones que potencian una polisemia significativa, muchas veces abierta y asombrosa.

Alejandra Moya Díaz, a pesar de su juventud, parece conocer perfectamente estas premisas y manejar el oficio escritural con la maestría suficiente como para introducirnos en un mundo posible, donde no solo nos enteramos de cómo está habitado y de lo que allí sucede sino que, al mismo tiempo, nos interrogamos acerca de nuestra propia puesta en el mundo, en el mundo real.

El mundo posible que Alejandra construye, una Talca que subraya los despojos y ocultamientos de la Talca real, aún reconocible, con su Alameda, su cerro de la Virgen, las turbias aguas del Piduco y varios detritos de la antigua pujanza de la capital maulina.

Una Talca extrañada y entrañada para que se aprecie con la profundidad y singularidad que solo la poesía puede revelarnos. Una Talca que mediante una sinécdoque —de la parte por el todo— muestra al desnudo el Chile enfermo y mal medicado de nuestros días.

 

Talca está cansada

Detengámonos en el título de la obra porque el título por lo general es un indicador temático. En la jerga geográfica de Chile, «depresión intermedia» es un término referido a los valles que existen entre nuestras dos cordilleras.

Este tecnicismo es reforzado genéricamente por la forma exterior del cuaderno de notas, que en cada una de sus partes lo encontramos con un encabezado que da cuenta de la fecha, la hora, el lugar y el estado del tiempo. Es decir, algo bastante estructurado en su apariencia, sobre todo si en el primer párrafo se nos habla de una tesis que debiera estarse escribiendo (p. 13).

Todo esto apunta a una atmósfera muy racional, sin embargo al avanzar la lectura nos enteramos de que este supuesto orden se ve invadido por lo irracional y la locura. Se produce entonces una magistral espera frustrada que es altamente significativa, que atrapa placenteramente al lector. Al lector atento, por cierto, que está a la altura de un texto poético en todo el sentido de la palabra.

Un texto poético compuesto por muchas voces y por muchos planos que dialogan tanto con la realidad como con otros textos literarios. Algo de esto ya se advierte en el epígrafe borgeano que encabeza el libro y asimismo en el prólogo donde se subraya que Talca está cansada de su depresión intermedia; así, hasta el espacio se hace subjetivo.

Esta subjetividad va a terminar campeando en el libro, contagiando incluso la aparente objetividad de esos encabezados con la fecha, la hora, el lugar y el estado del tiempo. Esa subjetividad garantiza la presencia dominante de un hablante lírico, de un yo, que siguiendo el camino señalado por Rimbaud dice yo soy otro.

Pero lo dice mucho más escindido, con su voz y con otras voces permitiendo una verdadera polifonía que va dando cuenta de una existencia marcada por lo contradictorio y lo fragmentario, propia del mundo hecho trizas donde ese yo deambula y sobrevive.

Quien se acerque a este libro pensando encontrar un texto lírico tradicional seguramente se sentirá desconcertado. Nos encontramos frente a un texto poético marcadamente rupturista, pues desde el propio género literario advertimos una hibridez que no es casual. Hay una historia, una narración, un protagonista que es Jaime, otros personajes más esporádicos; también hay trazas de lo ensayístico y lo científico, relacionados con problemas psíquicos, identitarios y sociales.

Todos estos aspectos se subordinan a la emoción del instante, a la poesía. «Depresión intermedia» pierde su condición de jerga geográfica y se transforma en una metáfora, en la síntesis de un estado emocional que todo lo contagia, incluido el lector.

Es la comunión de la poesía.

 

El Paraíso en el Maule

Pero en este pequeño gran libro la transgresión no se limita únicamente a la forma externa del género literario. La transgresión de lo considerado normal, la hibridez con que se podría calificar a determinadas conductas, aparece prácticamente en cada página y destacada especialmente en la figura de Jaime: su locura, su sexualidad, su marginalidad ponen la transgresión en relieve.

El acto de transgredir siempre implica un subrayado del límite que se ha atravesado. Ese acto se transforma en sanción, loco, marica, vago, y ese encasillamiento busca curar y castigar, sujetar al sujeto desbocado. Como muchos seres humanos Jaime se mueve acosado por alguna normativa, se resiste pero no deja de sentirse culpable, al hablar de la locura menciona al gran poeta Leopoldo Panero pero, a diferencia del poeta español, él se toma las medicinas para calmarse o más bien atontarse.

Vive alejado de su familia sin embargo tanto el padre como la madre gravitan en él fuertemente. Se mueve en una ciudad que no le agrada, un lugar que permea una decadencia general a pesar de sus partes modernas y confortables a las cuales él, por supuesto, no tiene acceso ni despiertan mucho su curiosidad.

Prefiere la realidad implacable de los márgenes, siente una atracción especial por las ruinas de adobe, especialmente el fantasmagórico hospicio para locos hace mucho en desuso. Talca es un mundo urbano que lo rodea y lo ahoga.

Como única salida aparece finalmente el recuerdo del mundo rural donde su padre trabaja la tierra con la pala. Esta imagen tiene tintes de ser el paraíso. Es la nostalgia del paraíso presente en las grandes obras de la literatura hispanoamericana.

La voz de Jaime, que domina el poema, también parece hacer parte de esta hibridez, pues a ratos se torna travestida en otra voz quizá más cercana a la persona de la poeta Alejandra Moya Díaz que a su personaje. ¿O será al revés y es una hablante lírica que se encarna en Jaime?

Lo importante es que estas voces, unidas por una originalidad solo posible en la literatura, muestran el mundo que hoy nos toca vivir. Permite que nos asombremos ante nuestra propia realidad, tan aturdidora. Y ante la que debiéramos estar en constante alerta.

Concluyo afirmando que en las páginas de Depresión intermedia abundan los hallazgos, acompañados de una búsqueda insaciable, acompasados por el dolor y la ironía. Descuella el tratamiento poético de la estulticia de un sistema despiadado y ruinoso al que el/la hablante enfrenta contando apenas con su pureza interior, sancionada como locura pero que es el diamante fino de lo humano.

Asimismo sorprende el trasfondo de una ruralidad que se resiste a ser borrada como si fuera el último testimonio del paraíso. Un texto admirable, con una muy bien llevada mezcla de géneros literarios y un lenguaje en el que domina la oralidad sin escatimar la presencia de otros registros y de atinados guiños intertextuales.

 

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Sergio Infante Reñasco (1947) es un escritor chileno, y doctor en filosofía y letras residente en Suecia que cultiva principalmente la poesía, aunque ha incursionado asimismo en la novela.

 

«Depresión intermedia», de Alejandra Moya Díaz (Litoraltura Ediciones, 2021)

 

 

Sergio Infante Reñasco

 

 

Imagen destacada: Alejandra Moya Díaz.