[Homenaje] Roser Bru: En recuerdo de la artista, por un «exiliado» gallego

El aporte de la creadora hispano catalana —fallecida este miércoles 26 de mayo, a los 98 años de edad— ha sido enorme para la cultura chilena, contexto donde además fue una permanente luchadora por los derechos sociales y reivindicativos de la mujer. Generosa para entregar los saberes de su arte, recuerdo que la entrevistamos, con ocasión del 70° aniversario del arribo del Winnipeg al país.

Por Edmundo Moure Rojas

Publicado el 26.5.2021

Roser Bru Llop era una de los 2 mil 78 pasajeros, refugiados de la Guerra Civil española (18 de julio de 1936 – 1 de abril de 1939), que arribaron al puerto de Valparaíso, Chile el 2 de septiembre de 1939, a bordo del paquebote Winnipeg, cuya misión epopéyica había sido posible gracias a la visión, al esfuerzo y a la voluntad de Pablo Neruda y de su compañera, Delia del Carril, La Hormiguita, secundados por el diplomático chileno Carlos Morla Lynch.

Si bien el gobierno del Presidente Pedro Aguirre Cerda, obtenido por el Frente Popular, propició aquella honrosa empresa humanitaria, los verdaderos ejecutores de ella, que debieron sortear innúmeros escollos para llevarla a cabo, fueron Pablo Neruda, con su entusiasmo desbordante, y Delia del Carril, a través de sus contactos con hombres de negocios de Buenos Aires y de París, a los que convenció para sufragar buena parte del costoso propósito.

Recién nacida en Barcelona, el 15 de febrero de 1923, su familia debió exiliarse en París, pues los suyos eran opositores a la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que también expatriaría a Miguel de Unamuno. Su padre, Lluis Bru y Jardi, era a la sazón periodista y diputado de la Generalitat; su madre, Josepa Llop, destacada artista plástica.

Esos cuatro años vividos en París fueron, al parecer, un signo premonitorio del largo extrañamiento que esperaba a Roser Bru, doce años más tarde, con destino al austral y desconocido Chile.

 

Grabado «3 sandías e higos», de Roser Bru

 

Alumna de Pablo Burchard e Israel Roa

Roser tenía entonces dieciséis años. Pese a su juventud, ya incursionaba en las artes plásticas, por lo que ingresó en la Escuela de Bellas Artes, donde comenzó a desarrollar, bajo instrucción académica, sus trabajos de grabado y pintura, siendo alumna destacada de Pablo Burchard e Israel Roa.

Se integró en 1947 al Grupo de Estudiantes Plásticos (GEP) junto a José Balmes, también bisoño pasajero del “barco de la esperanza”, con solo doce años de edad. Compartiría la experiencia de ese puñado de grandes artistas, algunos en potencia, como Gracia Barrios, Juan Egenau, Guillermo Núñez y Gustavo Poblete.

El año 1957, inicia estudios de grabado en el célebre “Taller 99”, dirigido por el pintor Nemesio Antúnez, y luego en Talcahuano, Cerro San Cristóbal y edificio UNCTAD (hoy Gabriela Mistral; GAM).

Por su valiosa y prolífica obra, inscrita en el movimiento estético neofigurativo, recibió diversos premios y galardones, siendo los más destacados:

—Comendadora de la Orden Isabel la Católica, España, año 1995.

—Premio Artes Nacionales, “Altazor”, categoría Pintura, Chile, año 2000.

—Medalla al Orden del Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, Chile, año 2004.

—Premio Nacional de Artes Plásticas, Chile, año 2015.

—Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, España, año 2018.

Dio a conocer su valiosa obra en diversos países latinoamericanos, en su patria de nacencia, Cataluña, en el Museo de Arte Moderno y en el Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, en el Museo de Brooklyn, en el Museu d’art Moderna do Río de Janeiro, en el Staatliche Museen de Berlín. En el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en Santiago de Chile, también en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Castro, Chiloé.

De la página web de Roser Bru transcribimos esta interesante información:

“Antes de acabar la década de 1940, aún llevó a cabo Bru algunos trabajos de peculiar y significativa importancia, como es el caso del encargo que le hizo el poeta y dramaturgo catalán Pere Quart (Joan Oliver, 1899-1986), acerca de cuya etapa en Santiago de Chile le contaba Roser Bru a Julià Guillamon: ‘Yo era muy amiga de Joan Oliver y Conxita Riera. Vivían muy cerca de Bellas Artes, en la calle Miraflores, casi esquina con el Parque Forestal. Trabajaba por las mañanas y estudiaba durante las tardes, y muy seguido, después de salir de Bellas Artes, pasaba por su casa’. Esa familiaridad propició seguramente que Oliver encargara a Roser el logo de la editorial en catalán que, mediada ya la década, se llevaba entre manos el poeta en colaboración con los también escritores catalanes exiliados Xavier Benguerel y Francesc Trabal, El Pi de les Tres Branques. Sin embargo, ya antes Roser Bru se había ocupado de diseñar los decorados y los figurines de una obra de Josep Maria de Sagarra, La plaça de Sant Joan, que con dirección de Benguerel se había estrenado en el Centre Català de Santiago de Chile en 1940”.

 

Su trabajo con Pablo Neruda en 1965

 

Colaboración con Pablo Neruda

Diez odas para diez grabados de Roser Bru, es un notable trabajo artístico hecho con Pablo Neruda, concretado en un libro hoy muy apetecido por los coleccionistas bibliófilos. En internet, esa obra se cotiza por sobre los doce mil euros, para ejemplares firmados de la primera edición. Los datos de composición y formato son los que aquí hemos extraído para ustedes:

[Signed] Pablo Neruda / [Signed] Roser Bru Llop – Diez odas para diez grabados de Roser Bru [nº71 de 216] – 1965
Con funda, Edición limitada, Edición numerada. Láminas insertas, Ediciones El Laberint – Barcelona. – 1ªedición – 1965.

Firma del autor, Pablo Neruda en el colofón. Firma de la ilustradora, en el colofón. 10 ilustraciones de grandes dimensiones, [40,5cm x 26,5cm] realizadas con la técnica «aguafuerte» por la artista Roser Bru Llop. Impresión del texto: talleres de Joan Sallent, Sucr, de Sabadell.

Los aguafuertes se estamparon en los tórculos de Jaume Pla. Tipo de papel: papel hilo especial – fabricado por las manufacturas L. Guarro para esta edición en particular.

Encuadernación artesana de alta calidad, en tapa dura, robusta, firme, fuerte y sólida. Realizada lujosamente en tela arpillera especial, con segmentos de algodón estilo saco o estopa, fue fabricada por Gavaldá para este proyecto de encuadernado.

En cubierta una estampación dorada central bajo el título «Diez Odas» de 30cm x 4,5cm. Hojas de guarda en papel blanco estucado, color blanco mate. Presenta un estuche de boca, en tela marrón claro.

Estado de conservación: excelente. Solidez y robustez en el encuadernado. Lomo, bisagras, esquinas, bordes, cortes, planos en muy buen estado de conservación; sin daños, sin manchas. Interior completo, sano, limpio, buena fijación del papel al encuadernado, buen cosido de los pliegos, buen color del papel, sin manchas, sin arrugas. Todo correcto y en perfecto orden.

Dimensiones con estuche: 54cm x 44cm.

Dimensiones del libro: 53 cm x 43 cm x 3 cm.

Paginación: 84pp + 6ff.

 

Sobre la importancia de esta edición: tiene un carácter especial, no solamente por el número finito de ejemplares, o la alta calidad de su encuadernación, o el papel de lino, o sus grabados en aguafuerte, o las firmas de Neruda y Roser Bru. Está conectada entre sí, sus protagonistas tienen vínculos y los plasman en su arte, (el editor – la ilustradora – autor).

La editora Juventud-Teide, bajo el nombre de «Ediciones El laberint», homenajea a Neruda, con esta obra de lujo, y rememora su pasado en la Guerra Civil, y paga por ello su mayor tributo.

La editora Juventud de Barcelona, publicó muchas obras de corte antifascista y comunista en el periodo de la Guerra Civil, tras la guerra tuvo que cambiar su enfoque editorial, para poder seguir publicando, pero cuando le llegó la oportunidad, en 1965, de publicar a Neruda, puso todos sus recursos y como resultado fue esta gran obra editora.

Las artes de ambos, la poesía y la pintura, en su forma de grabados, se unen para dar realce a ambas expresiones, complementándose en la forma, el colorido y la cadencia entrañable de las diez odas que contiene el libro.

Lo señalamos como un elogio a Roser Bru, en el día de su partida de este mundo, y asimismo un homenaje a Pablo Neruda, en este año en que va a cumplirse medio siglo del otorgamiento del Premio Nobel de Poesía (1971).

El aporte de Roser Bru ha sido enorme para la cultura chilena. Fue, además, una permanente luchadora por los derechos sociales y reivindicativos de la mujer. Generosa para entregar los saberes de su arte. Recuerdo que la entrevistamos, con ocasión del setenta aniversario del arribo del Winnipeg.

Lúcida y memoriosa, sobria y directa, según la herencia de su estirpe catalana, en ella se ha cumplido plenamente el aserto del gran poeta Joan Maragall: “He aquí el alma catalana: Libertad”.

 

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Edmundo Moure Rojas, escritor, poeta y cronista, asumió como presidente titular de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) en 1989, luego del mandato democrático de Poli Délano, y además fue el gestor y fundador del Centro de Estudios Gallegos en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, casa de estudios superiores en la cual ejerció durante once años la cátedra de «Lingua e Cultura Galegas».

Ha publicado veinticuatro libros, dieciocho en Sudamérica y seis de ellos en Europa. En 1997 obtuvo en España un primer premio por su ensayo Chiloé y Galicia, confines mágicos. Su último título puesto en circulación es el volumen de crónicas Memorias transeúntes.

En la actualidad ejerce como director titular y responsable del Diario Cine y Literatura.

 

Edmundo Moure Rojas

 

 

Imagen destacada: Roser Bru.