«Aves de presa» y «Joker»: Tragedia y comedia en la generación Z

El artículo en cuestión evidencia los puntos artísticos fuertes de las piezas fílmicas de los realizadores Todd Phillips y Cathy Yan, respectivamente —estrenadas en la cartelera durante estos últimos meses—, y relacionándolas con los conceptos de tragedia y de comedia, y cómo estas nociones estéticas son aplicadas en sus particulares espacios de creación diegética.

Por Ezequiel Urrutia Rodríguez

Publicado el 15.3.2020

Como diría cierto Príncipe Payaso: “vivimos en una sociedad” que idolatra la violencia, pero que también es buena para condenarla (para más dudas, revisemos los dichos de Sebastián Piñera). Esa es la cruel ironía que destilan estas películas.

Aves de presa y Guasón, propiedades intelectuales de la compañía de DC Comics, así como casi todo su último repertorio fílmico, han sido casos extraños, considerando todo su historial de fracasos en la taquilla, en su lucha por emular a su competencia en el MCU. Fracasos que en general, son debidos más por errores en tomas de decisiones y fallas en el enfoque de su público objetivo, y presentaciones argumentales que no terminan de convencer ni a sus propios personajes (¡ejem!, Escuadrón suicida).

Sin embargo, dichos tropiezos, evidentemente no han sido razón para bajar los brazos, actitud que se ha visto reflejada en su desempeño a nivel de trama, especialmente aprovechando los componentes que solo podrían explotarse al máximo en la Clasificación R, y que incluso, han conseguido algo que el MCU como tal todavía no ha logrado en general, obras que se sientan con su propia alma, con personajes que tienen su particular mundo más allá del conflicto que engloba su universo y que no se quedan ahí, siendo solo una ficha en una partida orquestada desde las sombras.

(¡No lo malinterpreten! El MCU tiene sus méritos, pero a veces se centra tanto en Verse como un multiverso que se olvida Ser uno, al punto de que muchas veces sus plots entre una película y otra son reciclados desmedidamente, haciendo que su cast de personajes no se sienta del todo con una historia y un mundo propio. Pero de eso hablaré en una próxima ocasión).

DC, en estos casos, ha optado por una línea un tanto diferente, priorizando la capa más exterior de sus personajes, capa en donde se puede explotar su lado más personal y cómo suelen lidiar con sus propias problemáticas; esto consigue que cortes tan simples como los de Harley corriendo por las calles protegiendo su sándwich se sientan como su propio momento en la historia, momento único, instante que lo vive y lo aprecia tal cual, a diferencia de la competencia, que se centra tanto en su mega evento en la Infinity War que instantes que pudieron ser únicos, simplemente se desaprovecharon, o si tuvieron su relevancia, fueron más un check list que otra cosa, un cameo glorificado que dejaron pendientes para seguir explotando la saga.

Aunque claro, no porque hayan aprovechado los pequeños instantes y los ejecutaran de forma inteligente significa que su repertorio resulte espectacular, porque si sumamos escenas como el Batman racista que solo perdonó a Superman porque su mamá también se llamaba Martha, entre otras ideas absurdas, las ideas que resultaron eficientes acaban por sentirse con gusto a poco. Incluso BOP tiene sus propios puntos para entrar a este grupo, sin embargo, se aprecia el hecho que supo defenderse y valerse de su propio orgullo. Es cierto que desde el inicio tuvo un público difícil, en especial después de la abismal derrota frente al estreno de Sonic y la pérdida de los espectadores chinos tras el brote y expansión del Coronavirus, más aun sumando la elevada vara que dejó Joker con su Premio de la Academia, pero lo cierto es que la obra en solitario de esta Sidekick desquiciada supo defenderse con un delirante humor y un tinte badass que no tiene nada que envidiar a los clásicos del género de Acción (aunque claro, tampoco es que, como obras, sean piezas tan difíciles de trabajar).

Hilando más hondo, el punto más fuerte de esta obra, así como el de Joker con Joaquin Phoenix, radica en el núcleo de esta misma, es decir, la aplicación de los dos tipos de relatos existentes en la narrativa, pero, con elementos propios de los tiempos actuales, en especial desde que el futurismo puso su influencia en estos tras la Primera Guerra Mundial. Lo único malo de trabajar estas posturas de bajo su mirada más contemporánea es el hecho de que durante el último tiempo, la tragedia y la comedia se han tratado de formas tan superfluas solo para aparentar una imagen de madurez y seriedad, a la vez que presume una melancolía incomprensible que ni sus autores se la creen (de ahí que no es lo mismo ser Edgy, afilado superficial, que ser Edgy Fuck, afilado con un punto) en especial desde los años 2000 con la famosa subcultura Emo.

De cierta forma BOP, así como  gran parte del repertorio de DC, ha pecado de presumir una oscuridad y una violencia a la que no da el tono, a lo que también hay que mencionar el apego de esta última a la promoción política de la ideología Feminista, lo cual en este caso no le vino mal, salvo por un par de puntos muy específicos. Aunque claro, esta pequeña insinuación terminó siendo más que suficiente para recibir su buena ola de cringe.

Pero bueno, vamos por parte.

En primer lugar, no, no es malo que solo las chicas del cast tengan relevancia, desarrollando bien al grupo puede sacar ideas bastante provechosas. Tampoco es malo que sus antagonistas sean planos y solo estén para morir en la arena antes de asaltar al Final Boss, o bueno eso sí, pero dentro de los estándares Edgys, tampoco es algo para perder la cabeza. Lo que sí es reprochable, es que por centrarse tanto en promocionar su mensaje político, dejen pasar fallas en la trama que puedan arruinar el trabajo final y la experiencia de la audiencia.

Una de estas fallas en cuestión radica en el uso y abuso de ese arquetipo ya quemado llamado Mary Sue, la cual, en resumen, tiene todo tan servido que la historia llega a perder su gracia (voy a profundizar el tema en una próxima ocasión). Algo a destacar de ese juego ideológico es cómo, por otra parte, se han dado el tiempo de parodiar al otro arquetipo, también ya roto, Gary Stue; no obstante, este movimiento, a nivel narrativo, llega a ser contraproducente, puesto que, si tu objetivo es cuestionar ideas preconcebidas que: “pueden dañar el autoestima de los jóvenes”, entre otros asuntos, ¿cuál es el punto de fomentar una imagen que sale de la misma vaina?

Estos errores de discurso me recuerdan a cierta toma donde Máscara Negra, el antagonista principal, desnuda sin motivo a una clienta en su Club, y luego se acerca a Cassandra (Canario Negro) casi en lágrimas, haciéndola jurar que jamás jugaría en su contra. Dicha reacción no podía ser una salida de personaje más absurda de lo que ya era, sobretodo esa última línea hacia la muchacha. Y lo peor de todo, fue la justificación de Ewan McGregor, quien afirmó que tal escena era una denuncia contra la violencia de género y un llamado a los hombres a deconstruirse y respetar a las mujeres, un gran mensaje de una película cuyo eje central es el conflicto de intereses entre grupos de poder armados por el último vestigio económico de una de las mafias más importantes de Italia. Dicha escena hubiera tenido más sentido si Máscara Negra hubiera atrapado in fraganti a uno de sus propios colegas conspirando en su contra para quedarse con ese diamante, y este acabara ensañándose incluso con sus cercanos (esposa e hija, en general); de esta manera la reacción hubiese estado más acorde al conflicto y su momento de vulnerabilidad se hubiera sentido más creíble, en lugar de ser un simple: “¡Oh! ¡La voy a desnudar porque soy un macho opresor!” (¡Se tenía que decir, y se dijo!).

Pero bueno, fuera de esa pancarta, que por fortuna terminó siendo una nota al pie dentro del conflicto en sí, se debe reconocer el hilarante trabajo de Margot Robbie, la cual explotó hasta la última vibra de la locura de Quinn, abrazó a su personaje de tal forma que su expresividad resultó con fluidez de principio a fin, combinada con momentos de astucia, recordando que una cosa es la locura y otra, la idiotez; además de que su trabajo físico dentro de las peleas estuvo tan bien coordinado y resultó tan enérgico e impactante que demostró que no se necesita una gran inversión para presentarte una buena pelea. Después de todo, una de las gracias de la comedia como tal, y en especial desde que da tanto énfasis a la violencia como medio de expresión, está en el cómo utiliza al inconsciente y a los colectivos para llegar a un punto en común, aquello que todos hemos experimentado en nuestro día a día, pero manifestado de formas tan disparatadas que nos es imposible no quedarnos atrapados en esa catarsis masiva. Y dichos elementos Aves de presa los supo aprovechar.

Por su parte, Joker apostó por algo un poco más serio, no obstante, como ya todos habrán mencionado, usa la violencia con un propósito diferente, el denunciar las abrumantes brechas de desigualdad establecidas en nuestra sociedad y fomentadas por la clase burguesa, pero a diferencia de BOP, donde esta es un motivo para reírse sentir placer, y no tomarnos todo tan en serio, a la vez que empatizamos con personajes que estarían en nuestra misma situación, Joker funciona como un catalizador de ira, ira interiorizada por quienes han estado viviendo esa situación de abuso, de desgano, logrando en el espectador un sentimiento de liberación, a la vez que llama a la reflexión sobre ciertos elementos en nuestro día a día que hemos pasado por alto, quizá por inercia, quizá por ignorancia, o simplemente individualismo, pero que saltan a la vista de la mano de Phillips que nos muestra ese lado más duro del Príncipe Payaso, donde no todo es risa, donde no todo es delirante violencia, o bien, sí es violencia, pero no como la conocíamos. ¿Y es que acaso no son las personas heridas las que hieren a los demás?

Eso y tantas cosas hacen a esta obra la pieza de ficción que hoy en día aclamamos.

Posiblemente, tragedia y comedia sean siempre los reyes de la narrativa, y con dos exponentes tan fuertes como lo han sido Joker y BOP, no podría darme el lujo de poner mis palabras en duda. Tal vez, sí, sean un poco más duros de trabajar de lo que aparentan, y sí, hay que ser cuidadoso con los elementos a combinar, pero mientras sean obradas con verdadero corazón, los resultados saltan a la vista. No es sorpresa que tanto el Príncipe Payaso como la Sirena de Gotham sean de los personajes más icónicos del universo de DC, y su popularidad entre los espectadores se haya mantenido vigente por tanto, tanto tiempo.

Claro, tampoco es sorpresa que su imagen haya cambiado tanto desde una época a otra, y que su último triunfo, aunque irónico, se haya dado en estos tiempos de crisis para el cine, donde la prioridad es la venta rápida y la imagen pesa más que la sustancia. Pero el hecho de que, con todo y falencias, ambas obras hayan sorprendido con su ejecución, demuestran que no todo está perdido, y que hay quienes entienden de lo que están haciendo, yendo más allá de aparentar y demostrando filmaciones sinceras, filmaciones que no temen a mostrarse tal cuales son, y con o sin pandemia, logran hacerse de su espacio para brillar, hacerse su espacio para quedar en la memoria de la gente, compartiendo con piezas como Taxi Driver, entre muchas otras que demostraron ir a la vanguardia, dejando su marca en la historia del cine.

Sí, está claro que aún es pronto para superlativos, pero si tuviera que ponerme de pie para aplaudir a ambas obras en este momento, lo haría, porque está demás decir lo merecido que lo tienen. Tal vez a BOP le faltó algo de orientación al momento de promocionarla y desarrollar su concepto (pues ya siento en mi oído los susurros de: “Harley Quinn nunca estuvo con las aves de presa”), pero nada quita que supo plantear su giro, y para sus detractores, mantener la línea original como tanto exigían. Otro mérito a destacar.

 

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Ezequiel Urrutia Rodríguez nació el 11 de agosto de 1996 en la comuna de San Miguel, aunque ha vivido toda su vida en los barrios de Lo Espejo. Estudió en un liceo industrial en la comuna de Quinta Normal llamado Centro Educacional Alberto Hurtado, donde logró en el año 2015 ganar dos competencias escolares literarias, además de egresarse como Técnico Medio en Administración de Empresas.

El año 2016 ingresó a estudiar pedagogía en historia, geografía y educación cívica en la Universidad de Las Américas, de la que se retiró acabado su cuarto semestre tras el cierre de su carrera por parte de la institución. Pero el año 2018 logró ingresar a la Universidad Católica Silva Henríquez, pero esta vez bajo la licenciatura en educación general básica (menciones en historia y lengua y literatura). Ese mismo año publicó para la editorial independiente Venático Editores su primera obra literaria, Kairos, bajo el pseudónimo de Armin Valentine. Un diario escrito en prosa poética que describe su ambiente y su vida diaria, llevándolo a él y a sus lectores a un plano de reflexión sobre la marcha del tiempo, los ciclos de este y los cambios que genera a nuestro alrededor.

Durante el segundo semestre de su nueva carrera, se le asignó la realización de un taller literario para estudiantes de Séptimo y Octavo Básico, donde trabajó el repertorio de Huidobro, conceptos generales a nivel estructural dentro de la narrativa y el fomento de la crítica a la obra literaria.

Este año pretende publicar su segundo diario poético en que habla de la depresión, desembocándola en el contexto que ha dado forma al estallido social. Además de que planea lanzar una obra corta para el próximo NaNoWriMo del mes de noviembre que relata la primera aventura de una detective en busca de una joven desaparecida.

 

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Tráiler 1:

 

 

Tráiler 2:

 

 

Imagen destacada: La actriz Margot Robbie en Aves de presa (y la fantástica emancipación de una Harley Quinn).