“Nasmiya”, de Adelaida García Morales: La sensibilidad de la culpa

La novela que abordamos se trata de un texto de una profundidad impresionante, que se vale de un contexto más complejo de lo que parece, y donde vemos, encarnados en sus personajes, valores como la lealtad, la solidaridad, y un rango amplio de emociones que van desde los celos hasta la gratitud, para finalmente despojarnos de toda certeza, con su sugerente final que carga una mezcla de derrota y decepción.

Por Nicolás Poblete Pardo

Publicado el 29.11.2018

Nasmiya (1996), de Adelaida García Morales (España 1945-2014), es su novela más extensa y, por lo mismo, la que más desarrolla la peculiar perspectiva intimista, introspectiva, existencialista, que es el proyecto narrativo de la autora que saltara a la fama con su nouvelle, El sur, llevada al cine por su compañero, Víctor Erice.

En las más de 400 páginas de Nasmiya, García Morales nos invita a reflexionar sobre las relaciones amorosas y el inevitable sufrimiento que conllevan, valiéndose de una trama original, polémica: la conversión al Islam de su protagonista, Nadra. Ella alguna vez fue Ana, pero su previa identidad ha quedado en la memoria solo de algunos que no concuerdan con su decisión tan radical y se niegan a llamarla por su nuevo nombre —consideran esta medida un esnobismo o una excentricidad preocupante-. Nadra es la narradora de la historia; Nasmiya es la nueva esposa que llega a compartir el hogar junto a Nadra y Kahled (también converso—su nombre previo, Lucas-). Nadra dice apreciar esta religión por su simplicidad y por la posibilidad de desarrollar un mundo interior. Como en todas las novelas de García Morales (como La lógica del vampiro, La tía Águeda, El silencio de las sirenas, Las mujeres de Héctor, La señorita Medina o Una historia perversa), la búsqueda y el desarrollo de un mundo interior son vitales. En todas ellas destaca una profunda reflexión en torno a los espacios internos, y la narración va detallando con suma experticia los modos en que las palabras pueden dar forma a diversos estados de ánimo y revelar mundos interiores:

“Había logrado acallar mi mente y serenarla. Me abandoné entonces, sin encontrar resistencias, a mi propio silencio interior y de ese silencio surgieron las palabras de mis oraciones. Una plena serenidad comenzó a intensificarse en mí, creándome un estado muy cercano a la paz, en el que, en aquellos instantes, deseaba sumirme indefinidamente” (304).

Sin embargo, en varias partes de la novela, Nadra tiene que confrontar el mundo exterior, y eso le significa contrastar su realidad burbuja con la de sus conexiones pasadas; ni su madre ni algunos de sus amigos aceptan esta conversión (la novela fue publicada en 1996, mucho antes del alza en la temperatura del conflicto musulmán en Europa). Así, Nadra se refugia en su reducto islámico, celebrando el Ramadán con sus ayunos, tomando café y reprimiendo la ingesta de alcohol, prohibida por esa religión. Sí tiene su espacio para hacer sus actividades y también para fumar, pero, realmente, no está preparada para aceptar la llegada de la nueva esposa, una joven de 19 años. Ella tiene 42, y el marido, 46 años.

Con la llegada de Nasmiya al hogar, las convicciones de Nadra comienzan a desplomarse y la narración se transforma en un verdadero estudio de lo que significa (intentar) conocer (y aceptar) a un “otro”. La narración nos instala en una peligrosa montaña rusa de las emociones, donde vemos la casi disociación de su protagonista, quien se refugia en sus lecturas (Simone de Beauvoir, Proust, Joseph Conrad, Edith Wharton, pero, más relevantemente, Kalil Gibran) para comprender lo que está viviendo. Con mucho esfuerzo acepta la nueva realidad, luego duda de ella, después comprende que este triángulo amoroso la sobrepasa, la enferma físicamente y la llena de viscerales reacciones. Vemos a Nadra lidiar con sus emociones, con sus celos, con la culpa que también le provoca el hecho de rechazar a Nasmiya, aun cuando entiende que es una persona muy especial, cariñosa, única. El conflicto entre las dos mujeres es difícil de evaluar, pues no explosiona. En un momento hasta se especula que la relación entre las dos mujeres sería ideal sin la existencia del marido. Este, a su vez, también cae en un espiral de locura: celos, rabia, impotencia lo comandan y lo llevan a un límite que pone en entredicho su propia postura dentro de ese triángulo.

Nasmiya es una novela de una profundidad impresionante, que se vale de un contexto más complejo de lo que parece, y donde vemos, encarnados en sus personajes, valores como la lealtad, la solidaridad, y un rango amplio de emociones que van desde los celos hasta la gratitud, para finalmente despojarnos de toda certeza, con su sugerente final que carga una mezcla de derrota y decepción.

 

Nicolás Poblete Pardo es escritor, periodista y PhD en literatura hispanoamericana por la Washington University in St. Louis, Estados Unidos. En la actualidad ejerce como profesor titular de la Universidad Chileno-Británica de Cultura, y su última novela publicada es Concepciones (Editorial Furtiva, Santiago, 2017). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

La novela “Nasmiya” (1996)

 

 

 

Imagen destacada: Adelaida García Morales en 1990, por El País, de Madrid (https://elpais.com/).