[Crítica] Fábula resiente su pérdida de poder en el seno del cine chileno

Es un deber hacerle notar a Juan de Dios Larraín que los filmes concebidos por su casa productora «El club» y «Neruda», estuvieron lejos de ser nominados en la selección final de los premios Oscar con el antiguo sistema, que al amparo del Ministerio de las Culturas, escogía hasta el año 2019 a las cintas nacionales que participaban en la competencia por el galardón a la mejor película extranjera que ofrece la Academia estadounidense.

Por Enrique Morales Lastra

Publicado el 24.1.2024

Los colonos no es un gran largometraje de ficción —se trata de una ópera prima pretenciosa, y sin pudor en esa ambición—, y de un crédito aspirante a western que comete un pecado capital: lo mejor de su desarrollo dramático lejos de ocurrir en el transcurso del filme, acontece fuera de la cámara de su realizador, Felipe Gálvez.

Así lo enseñan su guion, su montaje y sus secuencias, el de una obra que entrega la sensación de concluir cuando recién debía comenzar.

Tampoco su premio en la categoría Una cierta mirada del Festival de Cannes 2023, corresponde a una mayor afirmación artística que el sentimiento culposo de una élite progresista europea, la cual sin embargo jamás reconocerá a una obra audiovisual que reflexione sobre la gravosa Deuda de Independencia de Haití —que impuesta a comienzos del siglo XIX—, por uno de los reyes franceses más reaccionarios (como Carlos X), los diversos regímenes parisinos cobraron religiosa y puntualmente hasta 1947 (y con ayuda de los Estados Unidos) a la nación caribeña, abortando su potencial prosperidad y hundiéndola en una lastimosa y eterna precariedad.

Reivindicación del genocidio selknam aparte —y para eso prefiero, aunque con reparos, el virtuosismo fotográfico de la Blanco en blanco de Théo Court, que dicho sea de paso tampoco llegó a estar en la recta final de los Oscar 2022—, el punto es que la productora de los hermanos Larraín ha perdido el poder de veto que tenía en el Consejo del Arte y la Industria Audiovisual desde que la Academia de Cine de Chile tomara las riendas de elegir a las denominadas películas nacionales, a fin de competir tanto en los Oscar como en los Goya españoles.

Una situación que se ahondó con la exoneración de Constanza Arena Álamo desde la dirección ejecutiva de CinemaChile, a mediados de 2022, cuando los hermanos Larraín perdieron a una decidida aliada en sus propósitos de hegemonización sectorial.

En efecto, y a medida que se ha aumentado la base de electores con el propósito de elegir al filme nacional encargado de representar a la industria local —pero con apoyo de cuantiosos recursos fiscales, cuyo monto y contexto de «convenio» legal, nunca se han aclarado con exactitud a la opinión pública—, ninguna producción de Fábula ha sido designada por los miembros de la Academia, para competir en el cónclave de mayor relevancia del cine mundial. Paradójicamente, solo han sido seleccionadas, en esa instancia, obras vinculadas al productor Giancarlo Nasi Cañas y a su Quijote Films.

Más allá de ese dato, que podría ser solo una anécdota, las observaciones de Juan de Dios Larraín este miércoles en el diario La Tercera evidencian una pugna de poder político al interior de una industria preponderante en el andamiaje cultural del país, y la cual reúne a un multidisciplinario conjunto de profesionales, creadores, inversionistas y a la ciudadanía en general, una vez que sus impuestos y aportes al erario fiscal, son focalizados directamente en este caso, hacia la promoción y los intereses de un sector productivo en particular, en desmedro de otros dentro de la economía nacional.

La democratización de la Academia de Cine de Chile —aunque imperfecta e insistimos que sin datos públicos ni visibles y menos de libre acceso—, y la pérdida de poder de veto de los hermanos Larraín Matte en su seno, es positiva y augura un camino de independencia política y creativa que los realizadores nacionales no tenían desde hace décadas, para intentar abordar sin obstáculos ni presiones ajenas, por ejemplo, tópicos como el de Colonia Dignidad y su imperio criminal y de barbarie en la Séptima Región del Maule, durante el siglo XX.

Así, y lejos de tratarse de un asunto de calidad cinematográfica o de qué largometraje tendría mayores posibilidades de ganar bajo ciertos formatos, y características particulares de un ambiente audiovisual en específico, de hecho Juan de Dios Larraín se equivoca cuando afirma que Netflix (que distribuye a El conde dirigida por su hermano Pablo) es más influyente en el circuito crítico estadounidense que Mubi (la compañía comisionada de difundir Los colonos); el clivaje esencial de esta discusión radica en que Fábula desea ir por sus fueros y reclama cual jefe defenestrado, su liderazgo sectorial, construido en base al éxito que otorgan el estatus adquirido a lo largo de la historia, y por diversos métodos sociales, antes que una posición alcanzada por la exclusividad del talento cinematográfico.

 

Los «tiempos» apurados de la Academia de Cine de Chile

De hecho, es un deber hacerle notar a Juan de Dios Larraín que los filmes concebidos por su casa productora El club —en 2016— y Neruda —en 2017—, tampoco fueron nominados en la selección final de los premios Oscar con el antiguo sistema, que al resguardo del Ministerio de las Culturas, escogía hasta el año 2019 a las cintas nacionales que participaban en el galardón de Mejor Película extranjera que entregan tanto la Academia estadounidense como asimismo los Goya españoles.

En esta oportunidad a El conde se le nomina por su dirección de fotografía (desplegada por el experimentado profesional neoyorkino Edward Lachman), y a La memoria infinita de Maite Alberdi Soto (coproducida por Fábula), en la categoría de mejor largometraje documental, dos áreas que escapan a las decisiones efectuadas por la Academia de Cine de Chile hace unos meses (fines de agosto de 2023), luego de sesudos y de concurridos visionados por parte de sus integrantes, en la sala Ceina del centro de Santiago.

A simple vista, tal vez se debería reformular la fecha en que se reúne la Academia para elegir a sus cartas de competencia, a fin de que los largometrajes seleccionados tengan un período suficiente de marketing (a lo menos cinco meses completos) y de esa manera sus equipos de trabajo sean capaces de instalar con propiedad a sus candidaturas en el circuito comercial y cinematográfico estadounidense, con miras al proceso de selección que los Oscar comienza a definir ya en el mes de diciembre de cada temporada.

Lo esencial de este debate, sin embargo, es que las fuerzas del poder político y financiero en el cine nacional se han manifestado, y que como lo enseñaban los republicanos romanos, siempre será mejor que esas esferas de acción y de dominio se encuentren divididas entre muchos, antes de que estén concentradas en las manos de unos pocos, en esta esquina del mundo, en uno solo hombre, que son el nombre y la productora de dos hermanos.

 

 

 

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Imagen destacada: Pablo y Juan de Dios Larraín Matte.