[Crónica] La milagrosa persistencia de una sensibilidad femenina

La buena noticia —el Premio Planeta 2026 otorgado a Isabel Allende— ofrece una oportunidad operativa sobre el capital simbólico de Chile: valorar nuestra tradición literaria con inteligencias múltiples, expansión de ideas y pensamientos divergentes, para que surjan nuevos genios creativos, motores de innovación y de progreso.

Por Omar Pérez-Santiago

Publicado el 17.10.2026

El Premio Planeta 2026 concedido a Isabel Allende Llona (1942) por La hora antes del alba, continuación de La casa de los espíritus, vuelve a proyectar internacionalmente una de las grandes narraciones chilenas sobre la memoria, las mujeres y la convivencia entre los vivos y los muertos.

El Premio Planeta a Isabel Allende genera tres oportunidades.

1. Isabel Allende volverá a ser leída por miles de nuevos lectores en el mundo.

2. Permitirá revalorar el capital simbólico de la literatura chilena y

3. Permitirá explorar sus barrocas raíces coloniales, la larga duración de una estética.

Esta noticia invita a mirar hacia atrás. El develamiento de una semejanza profunda entre maneras de imaginar la realidad, separadas por tres siglos.

Mucho antes de que los espíritus de Clara del Valle habitaran una casa familiar, una mujer escribía en el Chile colonial sobre sueños, visiones, presencias sobrenaturales y conflictos espirituales. Se llamaba Úrsula Suárez y era una religiosa que forjó en su Relación de las singulares misericordia una narración singular de la imaginación y la experiencia femenina de su época colonial.

 

Un barroco subterráneo de larga duración

Los espíritus de Úrsula viven en un convento; los de Isabel Allende, en una casa. Entre ambos espacios transcurren tres siglos de transformación cultural y escritura femenina.

¿Hay una arquitectura imaginativa que cruza la historia de la literatura chilena?

¿Del Dios barroco a los espíritus de la casa?

¿Máquinas narrativas de la memoria, el misterio y la aparición?

¿Podría existir una relación más profunda entre estas dos formas de imaginar la realidad?

Del convento de los Espíritus a la casa de los Espíritus.

¿No debería ver aquí una sensibilidad estética chilena de más larga duración?

No creo que la influencia de Úrsula Suárez sobre Isabel Allende sea directa. Isabel Allende no podía haber leído la obra de sor Úrsula, pues su manuscrito dormía en un subterráneo del Archivo Nacional.

Creo, más bien, que puede ser una milagrosa persistencia de una sensibilidad narrativa femenina en la que lo visible y lo invisible, la vida cotidiana y lo extraordinario, que brotan en la misma tierra, nuestra tierra, Chile.

Quizá es un barroco subterráneo de larga duración de la literatura chilena: de Úrsula Suárez a Isabel Allende, pasando por María Luisa Bombal, nuestra más preciosa escritora.

Isabel Allende volverá a ser leída por miles de nuevos lectores en el mundo.

La buena noticia ofrece, entonces, una oportunidad operativa sobre el capital simbólico de Chile: valorar nuestra tradición literaria con inteligencias múltiples, expansión de ideas y pensamientos divergentes, para que surjan nuevos genios creativos, motores de innovación y progreso.

 

 

 

 

 

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Omar Pérez Santiago es un escritor y cronista chileno egresado de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de Chile, y quien luego estudió historia económica en la Universidad de Lund (Suecia).

Algunos de sus últimos libros publicados son las novelas Julia, la belleza y el sentido de la vida, El pezón de Sei Shonagon, Allende, el retorno, los cuentos de Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte (2011), la crónica Breve historia del cómic en Chile (2007), el ensayo Escritores de la guerra. Vigencia de una generación de narradores chilenos (2007), y las traducciones de Introducción para inquietos, de Tomas Tranströmer, y de Caricias, poemas de amor de Michael Strunge.

 

Omar Pérez Santiago

 

 

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