[Ensayo] «Por qué hacen tanto ruido»: La imposibilidad de entregarse al silencio

Pese al carácter lúgubre de esta novela breve de esa autora de culto que es la poeta limeña Carmen Ollé, queda la sensación de una obra que guarda en sus páginas la descripción perfecta de un momento de crisis femenina y existencial: «te sientes cercada sin dinero y caminas directo a la degradación», registra en uno de sus párrafos más conmovedores la narradora.

Por Melissa Morales Bonich

Publicado el 14.4.2024

Sarah, la protagonista de esta extraña novela de la peruana Carmen Ollé (Lima, 1947), publicada originalmente en 1992, comienza estas líneas identificándose con la imposibilidad. Es la imposibilidad de poder enfocarse en su escritura y en su labor de poeta lo que comienza advertirle de una serie de problemas que circundan en su cotidianeidad.

Ella decide plasmar esta imposibilidad, traducida en una gran cantidad de pensamientos intrusivos y, así, ir liberando aquello que la nubla y la estremece. Toma la decisión de no eliminar los escritos que aborrece y los deja fluir con la esperanza de arribar a algún puerto. O simplemente por la imposibilidad de entregarse al silencio.

Así, en esta obra la poesía es vertida en cada línea por la voz en primera persona de la protagonista. La historia se centra en Sarah y en su esposo Ignacio, ambos escritores y padres de una niña, Sandra. A través de los pensamientos de Sarah y de algunas descripciones que realiza como si se tratara de un diario de vida, vamos adentrándonos en un matrimonio que se viene derrumbando de una manera fatal.

Van apareciendo distintas triangulaciones, como la existencia de Helena, una supuesta amante de Ignacio; Sandra, la pequeña hija que necesita cuidados, actuando como un pie forzado de la realidad; la madre de Sarah, que representa otro dolor, otra preocupación.

Finalmente, la irrupción de un psiquiatra no logra aliviar la situación de Sarah, ya que se concentra en estabilizar a Ignacio. Los diagnostica de soledad, propone tareas absurdas, se presenta como otra forma de hastío.

Ignacio es poeta y lector, como Sarah. Tiene problemas de alcoholismo. Se equilibra en el aire, socavado por sus trastornos mentales. Sarah no logra cortar con la responsabilidad de hacerse cargo de este hombre, al que desea y repudia, protege y culpa, ama y odia.

Mientras Ignacio se debate en episodios cada vez más graves de locura y psicosis, emborrachándose, implicándose en peleas callejeras, violentando a Sarah y gritando «¿Por qué hacen tanto ruido?», cuando algo perturba su inefable espíritu; Sarah es víctima de la depresión, del sinsentido y de la pesada tarea de lograr mantener a su familia a flote, ya que dependen económicamente de ella y de su trabajo como profesora universitaria.

 

Esas cadenas invisibles

La lectura es el refugio predilecto de Sarah. Mientras todo en su vida parece derrumbarse, ella se pierde entre los misteriosos poemas de los simbolistas y la lectura de Beckett le resulta un alivio de color blanco: «Leyendo moría y no sentía mi cuerpo ni mi aburrimiento».

Pero el tormentoso «afuera» en el cual vive le impide sumergirse de lleno. Se evidencia descarnadamente el drama de las mujeres de su tiempo: la obligatoria postergación personal en procura de un hombre, de una familia, con una violenta cultura machista cercándola.

La poesía tampoco resulta acogedora, sino otro motivo de conflicto. Sumado al bloqueo creativo, la madre de Sarah le evidencia la imposibilidad económica de vivir de la escritura. Pero Sarah no claudica. Defiende la poesía, defiende el amor, defiende a Ignacio como guardiana de un tesoro que se ha estropeado irremediablemente.

Sarah reitera en distintos pasajes que lo que desea realmente es emprender un viaje, un escape, pero aun no logra concretarlo ni formularlo para llevarlo a la práctica de manera definitiva. Le teme a la soledad: «no le temo tanto como a estar sola bebiendo cerveza».

Presa de esta sensación y como si se tratara de un ritual, camina por las calles rumbo a la farmacia para poder sobrellevar su situación con la ayuda del diazepam. Hay algo en su ser que la oprime, le impide cortar con aquella realidad y salir a flote, como cuando despertamos de una pesadilla para entrar de lleno en una parálisis de sueño.

En efecto, para el mundo externo resulta claro lo que Sarah debiese hacer, pero la violencia es un círculo tortuoso y difícil. Las cadenas invisibles resultan aplastantes para una mujer que se hunde cada vez más en la depresión y en el platonismo.

A pesar del carácter lúgubre del libro queda la sensación de que se trata de la descripción perfecta de un momento de crisis: «te sientes cercada sin dinero y caminas directo a la degradación», pero que, por más trágico que resulte sentirlo y vivirlo, todo quiebre, por su misma naturaleza, es finalmente transitorio.

Luego de ingresar un momento a sus pensamientos, queda el convencimiento de que Sarah es poderosa, tiene a los libros junto a ella, tiene a su hija, se tiene a sí misma: «Yo no podía vivir en la literatura como él lo hacía», o: «la madurez tiene sus propios deseos», a diferencia de los de Ignacio. Y tú no estás loca, mujer, agregaría yo.

 

 

 

 

***

Melissa Morales Bonich es una abogada y licenciada en ciencias jurídicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y actualmente cursa la carrera de pedagogía en castellano en la Universidad de Santiago de Chile.

 

«Por qué hacen tanto ruido», de Carmen Ollé (Ediciones Overol, 2019)

 

 

 

Melissa Morales Bonich

 

 

Imagen destacada: Carmen Ollé (archivo de la autora).