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«Macbeth», de William Shakespeare: El azar de la modernidad

En la tragedia del autor inglés se puede apreciar la subjetivación de la experiencia del ser humano y su relación con el entorno que le rodea. Lo moderno del texto se puede apreciar en la libertad con que los personajes toman decisiones y en que no existan dioses ni supersticiones que justifiquen los actos cometidos, el sujeto es quien construye el orden en el tiempo, y ésos son los resultados: una contradicción terrible, en una historia que repite un ciclo de acontecimientos atroces, y al parecer, propios del ser humano.

Por Carlos Pavez Montt

Publicado el 9.8.2019

El paso del feudalismo a la época moderna conlleva un cambio en el pensamiento humano. El orden entregado por el poder divino es enfrentado por la razón o, en otras palabras, por el orden de los mortales. La realidad comienza a ser desprovista de fundamento religioso y, al mismo tiempo, va siendo entregada al criterio terrenal. El individuo comienza a cavilar sobre si puede moldear o, por lo menos, dar cuenta de su existencia en el mundo. El sujeto moderno es protagonista de, como escribe Subercaseaux, un: “proceso creciente de racionalización, autonomía y dominio de la naturaleza y la técnica” (14), pero, además, de una subjetivización de la experiencia propia con el entorno y los otros.

En los siglos XVI y XVII, Inglaterra vivía lo que podríamos llamar ‘proceso moderno’. El desarrollo capitalista y subjetivo, la inestabilidad del poder monárquico y los asesinatos que él conllevaba no pasaron desapercibidos por Shakespeare. De hecho, Kott sólo menciona una característica fundamental del sujeto moderno que se aprecia en la obra: “la historia se presenta a través de la experiencia de una persona” (132). La inclusión de una perspectiva subjetiva respecto a la acción dramática nos invita a reflexionar sobre el sujeto por el cual se presenta y, por ende, de sus problemas en ése mundo. Luego de recibir el ‘presagio’ de las brujas, Macbeth comenta que: “Si el azar me quiere rey, que me corone sin mi acción” (8). Esto implica, por lo menos sutilmente, un distanciamiento del entorno en el que está inmerso. Un sujeto que, si bien se representa en un ‘contexto de modernidad’, no quiere tomar sus propias decisiones y apela a lo azaroso; uno que, a pesar del creciente imperio racional, al referirse a las brujas dice: “he podido comprobar fehacientemente que su ciencia es más que humana”.

El Gran Mecanismo descrito por Kott es útil para comprender la influencia de Lady Macbeth sobre las acciones del caballero. La dama representa un personaje repleto de ambición por el poder y, con sus recriminaciones, además de las intervenciones de las brujas, será quien dará movimiento a las “ruedas dentadas” (Kott 52) del engranaje presentado. Cuando Macbeth vuelve con su esposa, luego de cometer el asesinato del rey, ella le grita que es un: “¡Débil de ánimo!” (18), por no querer volver a dejar las dagas con los falsos criminales. Ese acontecimiento es el que da lugar a, primero, la continua inseguridad de Macbeth por los presagios de las brujas y al asesinato de la familia de Macduff. Segundo, al arrepentimiento y la culpa de Lady Macbeth que la llevan al suicidio. En el final, el protagonista se da cuenta de lo que ha pasado: “No creamos ya más en demonios que embaucan y nos confunden con esos equívocos” (61).

En Macbeth se puede apreciar la subjetivación de la experiencia del ser humano y su relación con el entorno que le rodea. Es inevitable, para quienes nacen en la escalera jerárquica del Mecanismo, evitar que se sigan cometiendo actos horribles. Lo moderno de la obra se puede apreciar en la libertad con que los personajes toman decisiones y en que no existan dioses ni supersticiones que justifiquen los actos cometidos; el sujeto es quien construye el orden en el tiempo, y ésos son los resultados. La promesa de una sociedad modernizada y civilizada termina en una contradicción terrible: una historia que repite un ciclo de acontecimientos atroces y, al parecer, propios del ser humano.

1. Las brujas, según Greenblatt, son el principio que opaca la acción dramática de la obra. Sus presagios llevan a la inseguridad de Macbeth, por ejemplo, pero no determinan sus decisiones.

2. Por ‘sujeto’ entiendo al sistema de pensamiento/creencias representado en la tragedia a través de sus distintos elementos.

 

Citas:

-Greenblatt, Stephen. Brujerías para el rey. En El espejo de un hombre. Barcelona, 2006.

-Kott, Jan. Los reyes y Macbeth o los contagiados de muerte . En Shakespeare, nuestro contemporáneo.

-Subercaseaux et al. Conceptualización y caracterizaciones canónicas de la modernidad; La modernidad como época; Modernidad y modernización como conceptos interpretativos y narrativas en disputa; Teoría de las múltiples modernidades. En su Modernidad, modernización, modernismo y cultura.

-Shakespeare, William. William Shakespeare, Macbeth. Ernst Klett Sprachen, 2010.

 

Carlos Pavez Montt (1997) es, en la actualidad, un estudiante de licenciatura en literatura hispánica en la Universidad de Chile. Sus intereses están relacionados con ella, utilizándola como una herramienta de constante destrucción y reconstrucción; por la reflexión que, el arte en general, provoca en los individuos.

 

Una traducción al castellano de «Macbeth» (1623)

 

 

Carlos Pavez Montt

 

 

Imagen destacada: William Shakespeare, en El Retrato Chandos, atribuido a John Taylor, autenticidad sin confirmar. Propiedad del National Portrait Gallery.

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