«Vals con Bashir», de Ari Folman: Escrito está

El narrador y juez chileno realiza su sexta entrega como columnista cinematográfico, en un texto que comienza a dar aliento y valor literario al volumen que durante el presente año lanzarán en conjunto el Diario «El Heraldo» de Linares y su símil «Cine y Literatura», con la integridad de estos artículos, una vez ya publicados en su totalidad.

Por Víctor Ilich

Publicado el 19.3.2020

Vals con Bashir (Waltz with Bashir), película documental animada (2008) de Ari Folman, director israelí, tiene un final demoledor. ¿Me pregunto si un final así era necesario? Las masacres siempre parecen ajustes de cuentas. Y la cuenta siempre queda impaga. El acreedor se transforma en deudor y el precio de la paz se eleva y escapa.

El protagonista de este filme busca sobrevivir y qué mejor forma que vivir en paz consigo mismo. Enfrentando las pesadillas de su propia vida, incluso en las que él participó. La culpa es un acreedor persistente. Otros afirman que la verdad tiene el poder de hacernos libres, pero libres de qué. Para estos efectos entendamos por verdad el fruto de todo lo que hemos sembrado o que han sembrado en nosotros; en otras palabras, todo lo dulce o agrio que hemos cosechado.

Me fue inevitable, luego de verla, el recordar un texto de la Torá, una promesa que se levanta cual castillo en la roca. Y si es cierto que el pueblo de Israel desciende de Abraham, su lucha con los hijos de Ismael parece destinada a la no prevalencia de un hermano sobre el otro. Otros dirían: medio hermano.

Dicen que de la unión de Abraham con Agar nació Ismael, de quien descendería el pueblo árabe. Y del vínculo de Sarai con Abraham nace Isaac, quien junto a Jacob son patriarcas de Israel.

Y así como la muerte nunca afecta a una sola persona, tampoco la vida. Ambas tienen el poder multiplicador y el efecto de onda expansiva.

Lo anterior lo confirma el asesinato del líder libanés Bashir Gemayel, en septiembre de 1982, que desencadenó la masacre de Sabra y Chatila. Y, en parte, de eso trata esta película, pero sería inexacto limitarlo solo a aquello. También habla en lo implícito de cómo un hombre se libera de su pasado o se reconcilia con la verdad, en ambos casos: enfrentándolos.

Los falsos recuerdos se encargan de hacer coherente nuestros recuerdos, fragmentados, difusos e inexactos. La memoria no es confiable, lo escrito pareciera que sí: al menos, podemos decir con certeza: escrito está.

Recordé también la conquista de Jericó. Y que no faltará quien pueda hablar también de la masacre de Jericó, aquella primera conquista de Josué, sucesor de Moisés, en la Tierra Prometida, y en la cual es posible advertir que hubo espacio para la compasión; compasión que fue, según el relato histórico hebreo, hacia una prostituta y su familia. Solo ella y su familia sobrevivieron. Un referente, entonces, para el ejercicio de la compasión en todo evento y cualquier espectro y dirección social.

Una prostituta que fue clave en la caída de Jericó, se enfrentó a su verdad, y eso también le ayudó a sobrevivir, no tan solo a ella, sino también a su familia. Recordar una masacre nos permite evitar otras y, en el peor de los casos, tener claro cuál será nuestra posición frente al riesgo latente de alguna: ser espectadores de la muerte o guardianes de la vida.

Al final de esta película también recordé a Alan, el niño sirio ahogado en una playa de Turquía, y que los hijos de Abraham se han multiplicado, llegando a ser incontables como las estrellas del cielo, mas los hijos de Agar son como la arena del mar. Mar y cielo juntos, pero no revueltos. Y aunque el mar ruge, tampoco se sale de sus límites por una estrella fugaz.

Es probable que Alan nunca haya tenido la oportunidad de haber leído lo que está escrito en la Torá: Génesis 16:12 y el destino indomable que persigue a los hijos de Agar con Abraham.

Para algunos el conflicto árabe-israelí es como hablar del problema geométrico de la cuadratura del círculo, es decir, algo irresoluble.

Y si es cierto lo que dicen que al que cree todo le es posible y el hombre es un lobo para el hombre, como repitiera Thomas Hobbes, ser un cordero en medio de lobos es un riesgo latente. Afortunadamente, creerse cordero puede inhibir al lobo que se lleva dentro.

Porque escrito está: que todo el que practica el mal, esclavo es del error (Juan 8:34) y quien vive en el error, nunca da en el blanco. Y conocer esa verdad —refieren— es el primer paso hacia la libertad.

Y si los compasivos alcanzan compasión, ¿qué quedará para los que siembran división?

 

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Víctor Ilich (Santiago de Chile, 1978) es egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y juez de garantía en la región de O’Higgins. Autor de más de una docena de obras literarias, tanto reflexivas como poéticas. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos, escritores y críticos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris, Andrés Morales, Alfredo Lewin y Juan Mihovilovich.

Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado; Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia); La insurrección de la palabra; Arte de un ocaso vital; Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico); Dragón, escorpiones y palomas; Hojas de té; La letra mata (un texto que resucita la palabra); El silencio de los jueces, un texto para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Corte Suprema (2014-2015); Disparates, poemario relativo a la libertad de expresión y los prejuicios (2016); Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, actual presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro.

Y, además, el poemario titulado Toma de razón, en coautoría con Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017. En abril de 2018 junto a otros tres jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, al cual luego de terminar denominó “Ni tan exacto ni tan literal”. Además, en octubre de 2019, en pleno estallido social, público Venga tu reino, poemario prologado por Felipe Berríos, S.J. y Alfredo Pérez Alencart, poeta y docente de la Universidad de Salamanca.

Por último, en marzo de este año 2020, publicó el libro Al derecho y al revés, que recopila las columnas de opinión y crítica literaria escritas bajo el alero del diario El Heraldo de Linares, quien patrocinó su cuidada edición. Libro prologado por Lamberto Cisternas Rocha, quien fuese vocero de la Corte Suprema.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Víctor Ilich junto a su esposa

 

 

Imagen destacada: Vals con Bashir (2008), del realizador israelí Ari Folman.