«Confinados»: El amor en los tiempos del Covid-19

En el encierro ganamos tiempo, un bien que a menudo no valoramos en este mundo tan materialista en el cual vivimos: horas que podemos emplear para hablar, leer, escuchar, minutos dedicados a conocerse a uno mismo, y del mismo modo saber de las personas más cercanas con quienes compartimos un hogar.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 19.3.2020

«Todo es muy simple, mucho
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi Vida
mi tránsito
mi tiempo».
Idea Vilariño

Somos muchas personas en todo el planeta las que vivimos desde hace días recluidos en nuestras casas a consecuencia de la pandemia global Covid-19. Este siglo parece que pasará a la historia por los acontecimientos inusuales, ya los atentados de septiembre de 2001 nos sorprendieron a todos por la novedad que supuso utilizar aviones comerciales como armas y ahora estamos vivenciando el que un virus paraliza la actividad humana en muchos países. Países fundamentalmente del mundo occidental/occidentalizado.

Los atentados de EE.UU. calaron hondo en nuestras privilegiadas sociedades al expandir el clima de inseguridad propio de las “lejanas” zonas en conflicto al ámbito global. Así, se extendió la sensación de inseguridad a zonas que creíamos “seguras”. Ya nada fue como antes, los atentados se produjeron en otros países del mundo occidental —en “mi” Barcelona, por ejemplo— y en consecuencia hemos tenido que aceptar que vivimos bajo constante amenaza.

Y ahora lo nunca vivenciado antes, una pandemia global que afecta a muchas naciones y que está paralizando la actividad humana tanto o más que una guerra. Mucha incertidumbre, mucho miedo en los hogares… No sabemos con seguridad cuánto durará el parón global ni qué consecuencias tendrá más allá de las muertes de muchas personas.

Circulan informaciones de todo tipo —cómo cuando los atentados del 2001— que ponen el foco en intereses más o menos ocultos de determinados colectivos para beneficiarse de la nueva situación generada; conspiraciones de lobbies, países, sectores productivos… El clásico generar miedo/pánico para posicionarse y vender seguridad/cura. Y el también clásico: “somos demasiados vamos a cargarnos unos cuantos”.

Pero más allá de estas consideraciones, quiero poner el foco en algo que estimo muy importante. A mi entender estos acontecimientos anómalos son oportunidades para tomar conciencia de que no vamos bien. Todo converge, es evidente que todo está en crisis; están en crisis los sistemas de poder político, económico, religioso… y está en crisis el propio planeta como ecosistema. Lo sabemos pero la inercia del día a día parece que favorece el no tomar conciencia, al menos para una parte de la población. Hasta que se produce el parón global, parón que ha tenido —¡oh, sorpresa!— un rápido efecto positivo en el medio ambiente al mejorarse tanto la calidad del aire como la de las aguas.

Parón global que para muchos supone el confinamiento en nuestros hogares. Y este confinamiento es una oportunidad para mejorar, para mejorarse. Más allá de comportamientos egoístas —que los hay— se están dando muchas acciones solidarias en las comunidades afectadas y entre comunidades/países. Como en una guerra pero sin humanos enemigos, todo un alivio.

En el confinamiento ganamos tiempo, un bien que a menudo no valoramos en este mundo tan materialista en el que vivimos. Tiempo que podemos emplear para hablar, para leer, para escuchar…, tiempo para conocer en general y también tiempo que tal vez sirva para conocerse algo más —ese tabú, ese miedo con tanto potencial renovador— y del mismo modo para conocer mejor a las personas más cercanas con las que compartimos hogar. Y en ese conocimiento fomentar la tan necesaria empatía. Necesaria para uno mismo (amar vivifica) y necesaria socialmente (pues amar nos potencia).

Lo dicho puede sonar a utopía —soy consciente de ello— pero es un hecho que muchas personas estamos mejorando en este encierro. Y sin duda para que una sociedad, un país, un mundo mejore es necesario que mejoren primero los individuos. Así que en ese cambio individual se abre la posibilidad de que la reconstrucción social y económica que se ha de producir tras el fin de la pandemia sea con mayor conciencia global que las que se han producido históricamente tras las guerras. Ojalá sea así, lo necesitamos.

 

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Jordi Mat Amorós i Navarro es pedagogo terapeuta por la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

Jordi Mat Amorós i Navarro

 

 

Imagen destacada: La actriz italiana Giovanna Mezzogiorno en el filme El amor en los tiempos del cólera (2007), del realizador Mike Newell.