El filme del realizador canadiense Daniel Roher —que se estrena en la salas locales este jueves 25 de junio—, corresponde a un thriller de personajes, bien actuado, y con una idea dramática lo suficientemente original como para sostener cada momento del largometraje.
Por Daniel Razazi Aylwin
Publicado el 20.6.2026
El título en inglés esconde un chiste que vale la pena mencionar antes de cualquier otra cosa: the tuner suena idéntico a the tuna, el atún. No es un accidente. El personaje de Dustin Hoffman se llama precisamente Tuna, un apodo que la película aprovecha en varias escenas donde el viejo habla de los atunes con una seriedad completamente desproporcionada.
Con todo, es el tipo de humor discreto que define el tono de toda la obra: hay en ella una ligereza deliberada, una disposición a no tomarse demasiado en serio que convive con una premisa genuinamente interesante.
La historia sigue a Nick White, un joven prodigio musical cuya carrera se ha visto condicionada por una compleja particularidad auditiva: una combinación de oído absoluto e hipersensibilidad al sonido que le permite percibir matices imperceptibles para el resto de las personas.
Así, lo que en principio parece un don extraordinario termina convirtiéndose también en una carga, una condición que lo aísla y lo obliga a relacionarse con el mundo desde una sensibilidad distinta. La misma capacidad que le permite percibir imperfecciones invisibles para otros músicos termina despertando el interés de quienes descubren que un oído capaz de afinar un piano también puede escuchar los mecanismos internos de una caja fuerte.
La idea tiene potencial, y la película lo sabe: en lugar de reducir la condición de Nick a un simple rasgo de personalidad, la convierte en el núcleo mismo de la experiencia narrativa.
El diseño sonoro es el otro gran acierto
Gran parte del peso recae sobre Leo Woodall, quien entrega una interpretación sobresaliente. Su trabajo evita los excesos y construye un personaje vulnerable, inteligente y profundamente humano.
Woodall consigue transmitir tanto el talento excepcional de Nick como el agotamiento físico y emocional que implica vivir escuchando un mundo demasiado intenso. El filme funciona porque creemos en él desde el primer minuto.
A su alrededor aparecen Jean Reno y el propio Hoffman, dos veteranos que entienden perfectamente cuál es su función dentro de la historia. Reno no necesita grandes discursos ni escenas espectaculares: le basta entrar en cuadro para que el espectador entienda que algo puede salir mal.
Hoffman, por su parte, aporta humanidad, oficio y una cuota de humor que ayuda a equilibrar la tensión. Ambos (Dustin y Jean) contribuyen a potenciar el trabajo de Woodall sin intentar robarse la película.
El diseño sonoro es el otro gran acierto. Los sonidos adquieren una dimensión casi física y permiten que el espectador experimente, aunque sea parcialmente, la manera en que Nick percibe la realidad. En una película centrada en la escucha, este aspecto era fundamental, y el resultado está a la altura.
De esta forma, el director comprende que lo que está en juego no es solo un thriller, sino una experiencia sensorial capaz de justificar o destruir toda la propuesta de la película. Aquí la justifica.
No todo funciona con la misma eficacia. Algunos giros resultan previsibles y la trama criminal, por momentos, parece menos interesante que la propia condición del protagonista. Pero la película no tropieza con eso: sabe exactamente lo que quiere ser y lo consigue. Un thriller de personajes, bien actuado, con una idea lo suficientemente original como para sostener cada momento del largometraje.
Su mérito está en otro lugar: demostrar que todavía es posible hacer un cine más artístico, construido sobre personajes, actuaciones y una buena idea llevada hasta sus últimas consecuencias. No cambiará la historia del audiovisual de ficción, pero recuerda algo que la industria contemporánea parece olvidar con frecuencia: una buena idea, un puñado de buenos actores y noventa minutos bien aprovechados siguen siendo suficientes.
***
Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

Tráiler:

Imagen destacada: El afinador (2025).

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