Hoy en día la hermenéutica es imprescindible para interpretar parte de la psicología, para formular la crítica literaria, artística y cinematográfica, para explorar y comprender la ética, la sociología, la teología y en general toda actividad humana necesitada de ser entendida como base útil e imprescindible para establecer un diálogo.
Por Luis Miguel Iruela
Publicado el 30.7.2026
La editorial madrileña Tecnos (un referente en filosofía y pensamiento dentro del mundo hispano y aun latino) publicó en 1998 un cuaderno que recogía parte de la larga entrevista que el periodista Carsten Dutt mantuvo durante tres horas con el maestro a propósito del 93 cumpleaños de este.
Aparecida con anterioridad en la Rhein-Neckar-Zeitung, el diario local de Heidelberg, supone una exhaustiva introducción a los temas que constituyen la obra de Gadamer (1900 – 2002). Es muy posible que el librito resulte árido para el lector no acostumbrado a este tipo de textos, pero la paciencia descubre en ellos perlas de considerable agudeza y profundidad.
Sabido es que el filósofo representa al padre de la hermenéutica alemana. Y se da por conocido que dicha hermenéutica es la ciencia de la interpretación de los escritos, que toma su origen en la lingüística y la semántica. Se la considera una de las ciencias del Espíritu (Geist) de la división que hiciera Dilthey para diferenciarla de las ciencias de la naturaleza o experimentales a principios del siglo XX.
Hoy en día la hermenéutica es imprescindible para interpretar parte de la psicología como el psicoanálisis, para formular la crítica literaria, artística y cinematográfica, para explorar y comprender la ética, la sociología, la teología y en general toda actividad humana necesitada de ser entendida como base útil e imprescindible para establecer un diálogo.
Piénsese en la actual «ética de la deliberación», aquella que resulta de discutir (en el sentido griego) los problemas y no de aplicar a rajatabla reglas y normas tradicionales y deontológicas sin más.
Gadamer explica que, desde el Romanticismo, Schleleiermacher y Schlegel mostraron que, «toda comprensión es una interpretación». Y, en efecto, el conocimiento se obtiene por aproximaciones, hipótesis y conjeturas. De hecho, solo podemos aspirar a una conjetura basada en las sensaciones y el empleo de la razón con el lenguaje como medio y vehículo de nuestro entendimiento.
Todo ello adquiere una gran importancia cuando se aplica a nuestro propio autoconocimiento. Ya los pietistas designaron a este movimiento reflexivo con el nombre de subtilitas applicandi al presentar esta idea.
En esa línea, señala Gadamer: «En toda comprensión se produce una aplicación, de modo que quién comprende está él mismo dentro del sentido comprendido. Él forma parte de la misma cosa que comprende».
Resulta esto último especialmente importante en estética, en ética y sobre todo en las relaciones con los demás. Así, el filósofo se ha dedicado a estudiar este fenómeno en el arte y la poesía. Muchas veces ante una pintura, un poema o al oír una pieza musical sentimos que «nos toca», que nos dice algo especial.
En otras palabras, que entendemos lo que nos está diciendo. Y ello es porque encontramos allí un hálito de nosotros mismos, un mensaje directo para nuestro cerebro y nuestro corazón.
Heidegger tendía a hacer interpretaciones sui generis de la poesía de Hölderlin. En una ocasión le discutía Gadamer lo inadecuado de una de ellas. No obstante, Heidegger la mandó imprimir tal cual.
Ante la observación de narcisismo hecha por Carsten Dutt, hizo notar Gadamer que en realidad lo que ocurría es que Heidegger había encontrado algo de sí mismo en la composición. Decía el poeta José Hierro que cuando una persona lee un poema y después queda en silencio, esa persona entendió.
Hondura y belleza humana
La editorial Gedisa publicó, en 1999, un libro titulado Poema y diálogo en el que Gadamer utilizaba la hermenéutica filosófica para entender la obra de una serie de poetas con fama de oscuros. De esta forma estudió a Stefan George, Rainer María Rilke, Hilde Domin, Ernst Meister y sobre todo Paul Celan.
El resultado es deslumbrante porque todo lo aparentemente críptico se convierte en hondura y belleza humana. Tan es así que hay un sucedido muy significativo de la amistad con Paul Celan.
Cuando este escribió uno de sus ulteriores poemas, Gadamer alarmado tomó el tren para París y le preguntó con angustia: «¿Has escrito tú esto?». Poco tiempo después, el autor se arrojaba al Sena. Su amigo había detectado con sensibilidad lo que aquellas palabras llevaban dentro.
Ese encontrarse a sí mismo en la obra o la persona de otro ser humano es el basamento del afecto, del amor más allá del instinto, de la amistad y por descontado de la empatía. Es la textura de la convivencia social.
Sin querer saturar la atención lectora, insistiendo en esta idea, sería bueno recomendar aquí la biografía sobre Gadamer, redactada por el filósofo canadiense Jean Grondin. Editada por Herder en el año 2000 y que luce el marbete Hans-Georg Gadamer. Una biografía. En ella satisfará el estudioso su curiosidad y aprenderá muchas más cosas de interés.
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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.
En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.


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