Entrevista al escritor, poeta y director de la nueva revista digital «Crisol», la cual se propone configurar un espacio y laboratorio creativo, con el propósito de difundir el quehacer literario producido en el sur de Chile, desde la Región de los Ríos hasta Magallanes.
Por Cine y Literatura
Publicado el 31.7.2026
Desde Puerto Varas, el joven poeta Alfonso Matus Santa Cruz (1995) cuenta la forma en que surge su más reciente proyecto literario, que en esta ocasión no se trata de un libro sino de un medio de difusión digital.
Una nueva plataforma cultural que pretende cobijar la creación literaria del sur y sur austral de Chile. Así, Revista Crisol es el nombre del sitio virtual que partió hace un par de meses con textos de poesía, traducciones, artículos culturales, relatos, entre otros.
Próximamente abrirá su primera convocatoria denominada Invierno, con categorías para escritoras y escritores inéditos, así como para representantes con trayectoria literaria de las regiones de Los Lagos, Los Ríos y Magallanes.
Matus Santa Cruz es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile. Luego, el autor emprendió un viaje de aprendizaje y de búsqueda existencial por el cono suramericano, mientras desempeñaba diversos oficios, entre los cuales destacaron el de garzón, el de barista y asimismo el de brigadista forestal. Este último ejercido en la inmensidad de la Tierra del Fuego.
En la actualidad, Matus reside en la ciudad Puerto Varas, y publicó su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021), hace justo cinco años atrás, un texto por el cual su joven creador obtuvo elogiosas críticas y diversos comentarios de carácter especializado.
Además de ser el primer director responsable de Crisol, el poeta ejerce también como redactor permanente del Diario Cine y Literatura.
«Nosotros apuntamos —adelanta el escritor— a una apertura, a un registro más amplio, impredecible y arriesgado, no queremos caer en amiguismos o en criterios endogámicos, lo que buscamos es literatura de calidad, especialmente de nuestro territorio austral, pero tampoco somos excluyentes con eso», enfatiza Alfonso Matus.
«Buscamos levantar un espacio para congregar a los escritores y escritoras del sur de Chile»
—¿Cómo surge la idea de levantar una revista digital de literatura?
— El origen de la revista Crisol se remonta a un proyecto que intenté levantar en conjunto a la fundación Bosque Nativo para organizar un festival de poesía en Puerto Varas en 2023.
Había más entusiasmo e imaginación que potencial práctico en esa idea, porque llevar a cabo un festival requiere de mucha voluntad, recursos y un equipo grande. El espíritu con que nació ese proyecto lo encaucé para levantar una revista digital.
Me siento mucho más cómodo con el texto como material, con la literatura, que con un proyecto de esa magnitud. Un desafío que quizá me gustaría abordar más adelante, pero por ahora siento que el espíritu de ese festival es el que anima Crisol.
Buscamos levantar un espacio para congregar a los escritores y escritoras del sur de Chile, para incentivar a los lectores, por supuesto, y para generar un medio de difusión que esté enfocado en visibilizar la creatividad de la literatura que se lee y se concibe en nuestro territorio desde Magallanes hasta la Región de los Ríos.
«Lo que buscamos es literatura de calidad, especialmente de nuestro territorio austral»
— Actualmente hay muchas iniciativas digitales similares, surgidas sobre todo desde regiones, ¿cuál es la propuesta, finalmente, de revista Crisol que la hace diferente a las otras, la identidad que pretende construir?
— Es cierto que hay varios medios especializados en literatura, varias revistas digitales y otros formatos. Dos de ellas, que sigo con atención, como Mawün y Bornamez, nacen casi a la par de nosotros. Sin embargo creo que la propuesta de Crisol se diferencia principalmente en dos factores.
Primero, la envergadura territorial que pretende abarcar, desde la región de Magallanes hasta los Ríos, algo que la mayoría de las revistas de regiones en el sur no tienen como eje de sus propuestas. Simplemente porque se enfocan en sus propios territorios, en sus regiones o nacen desde colectivos literarios que trabajan con comunidades o identidades específicas.
Hay un gran valor en esa idea, pero nosotros apuntamos a una apertura, a un registro más amplio, impredecible y arriesgado, no queremos caer en amiguismos o en criterios endogámicos, lo que buscamos es literatura de calidad; especialmente de nuestro territorio austral, pero tampoco somos excluyentes con eso.
Y el otro factor es esta idea de potenciar no solo las convocatorias a los géneros literarios habituales, como pueden ser la poesía, la narrativa breve, los ensayos o reseñas, sino también crear una especie de laboratorio creativo con nuestra sección de ‘Imaginarios’, la que consta de contra noticias y juegos anti poéticos, por ponerlo de alguna manera, además que procuramos enlazar al medio con la trama cultural de los distintos territorios que abordamos.
«Lo principal es afirmarnos, consolidar la viabilidad económica de la revista»
— ¿Quiénes conforman la revista y cuáles son las proyecciones que tienen a corto plazo?
— El equipo está conformado por Isabel Margarita Peña, periodista radicada en Punta Arenas y nuestra editora principal. Yo, Alfonso Matus, escritor, oficio de director.
También colaboraremos en el área de diseño con Kim Jáuregui para nuestros próximos números. El punto de partida es lanzar la primera convocatoria para recibir textos de distintos géneros y enfocarnos en la selección y edición de esos textos.
Pretendemos echar en marcha ese proceso en las próximas semanas y hacer de las convocatorias una prioridad, ojalá lanzando una por cada estación. De allí en más lo principal es afirmarnos, consolidar la viabilidad económica de la revista, y seguir sumando lectores y colaboradores.

«No hay mucha crítica afilada que corra el riesgo de problematizar parte de la producción literaria»
— Acerca del estado actual de la creación literaria en Chile, ¿cómo visualizas el panorama?, ¿podrías rescatar algunos exponentes que hayan llamado tu atención, independiente del género?
— La literatura chilena actual podría ser un jardín botánico japonés perdido en Chiloé, Karukinka o el Valle del Elqui. Tenemos exponentes en todos los frentes, narrativa, poesía y ensayo, pero hay una brecha problemática entre lo que se escribe y lo que se lee, quizá sobre todo en poesía.
No faltan paisajes, ni diversidad de especies en ese jardín, lo que falta son visitantes. Es un debate que está comenzando a instalarse y que es necesario profundizar. Hace poco la librería de Valdivia, Gato Caulle, organizó un evento al respecto y habrá que estar atento a sus ramificaciones.
Actualmente hay muchos talleres literarios, hay espacios de creación, pero no mucha crítica afilada que corra el riesgo de problematizar parte de la producción literaria e hincar el diente frente a los clichés, los cotos ideológicos o trincheras discursivas de ciertos sectores.
Una excepción en este apartado es Miguel Ortíz, cuya pluma es afilada y pertinente.
Por otro lado, tenemos escritores en la primera línea de editoriales transnacionales, como Zambra, Costamagna, Labatut, la Rimsky o Nona Fernández, cada uno con propuestas potentes y particulares. En poesía, el territorio al que soy más asiduo, es una lástima que hayamos perdido a Germán Carrasco, pero aún están activos Verónica Zondek, Juan Cristóbal Romero, Rafael Rubio, Rosabetty Muñoz y Yanko González, entre otros.
Y de los escritores más jóvenes, o no tanto, cuyas obras merecen más palestra, me llama mucho la atención lo que hacen Nina Avellaneda, Cristián Geisse y Andrés Montero en narrativa, y Miguel Borquez, Valentina Marchant o Emilia Pequeño, en poesía. Hay muchos más, y sospecho que hay escritores y obras inéditas a la espera de su oportunidad que vendrán a trastocar el paisaje para bien.
Mención aparte merecen las editoriales independientes, que hacen el trabajo de tramoyistas y promotores de muchos escritores, son los pulmones de nuestra industria, y cada una defiende sus valores y líneas editoriales con una tozudez digna de admirar.
Overol, Cuneta, Provincianos, Hueders y Laurel, en la zona centro, por nombrar algunas. Y acá en el sur Kultrün, Ofqui y Komorebi, todas con una visión y un espíritu que prevalece en las páginas de sus libros.
«Pretendemos situarnos también como lectores y agentes que dialogan con la trama cultural de nuestros territorios»
— Literatura, territorio e imaginarios son los pilares de Crisol, o así al menos reza su nombre, ¿qué tipo de textos cabe en cada área o macro-sección y por qué?
— La arquitectura de la revista se sostiene en estos tres pilares porque no queremos quedarnos solo en el frente de la literatura, entendida como obra creativa que calza con su apellido genérico de turno, sea poesía, narrativa, crónica, crítica o ensayo.
Pretendemos situarnos también como lectores y agentes que dialogan con la trama cultural de nuestros territorios. Es por eso que en la macro sección ‘Territorio’ nos preocupamos de sondear lo que ocurre en la cultura de nuestras localidades, sobre todo en el diálogo de las otras artes con la literatura, y en las actividades y artistas que participan de esos ecosistemas culturales.
En un pie aparte, pero concomitante, porque los territorios no son solo físicos, sino también imaginarios, estará nuestra enciclopedia de asombros y curiosidades, ‘Cosmophilia’, una sub sección para textos sui generis que incursionan en un tópico, una especie, o un objeto en particular, la que inauguramos con un ensayo sobre los alerces.
Finalmente, la sección de ‘Imaginarios’, es literatura potencial, delirante, a la contra de la seriedad y los academicismos. Es mi forma de honrar la herencia de las lecturas oulipianas, la antipoesía y a la revista Noreste, cuyo compendio leí en una biblioteca municipal de Punta Arenas y me ayudó a reírme y a fugarme de la realidad cuando el frío y la gravedad de las cosas asediaba desde varios frentes.
En un contexto como el actual, con un gobierno que carece de lectores capaces de nombrar una obra favorita que no sea El principito o alguna obra escrita hace medio siglo por lo menos, y con la IA revelando la flojera intelectual y acentuando lo predecible del lenguaje domado por intereses e instrucciones particulares, no hay nada más necesario que emancipar al lenguaje de sus manuales, nudos y algoritmos que lo quieren predecible.
De eso va en parte la poesía (y la antipoesía): un terrorismo delicado, un material explosivo cargado de ironía contra la lógica y la autoridad de los tontos solemnes. Ese humor, esa disposición, es la que animará nuestros ‘Imaginarios’.
***


Imagen destacada: Alfonso Matus Santa Cruz.

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