[Crónica] Teología en Nueva York

«Taxi Driver» es una historia que solo se entiende verdaderamente concibiéndola como una trama religiosa. La clave del asunto descansa en el guionista Paul Schrader, proveniente de una familia calvinista y en cuya infancia fue sometido a una educación moral rigurosa.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 7.9.2026

Resulta curioso descubrir como una de las películas más significativas del llamado «realismo sucio» de los años 70, Taxi Driver, es una historia que solo se entiende verdaderamente concibiéndola como una trama religiosa. Su director, Martin Scorsese, lo advirtió así en Scorsese on Scorsese.

La clave del asunto descansa en el guionista Paul Schrader, proveniente de una familia calvinista y en cuya infancia fue sometido a una educación religiosa rigurosa. Algo que se transparenta en su producción cinematográfica lo mismo en sus facetas de director y de autor de los textos.

Taxi Driver se acerca más, no obstante, a una corriente católica tributaria de la Contrarreforma el «jansenismo», que compartía con la orientación protestante los conceptos de «predestinación» y de «gracia divina». Desarrollada en el siglo XVII, su sede se estableció en la abadía de Port-Royal en Francia.

Las bases teóricas provienen de la obra Agustinus escrita por el obispo neerlandés Jansen, más conocido en la historia de la Iglesia con el nombre de Cornelio Jansenio (1585 – 1638) Personalidades intelectuales de gran valía como Pascal o Racine estuvieron implicadas en el movimiento al que Richelieu y Luis XIV declararon enemigo político y el papa Clemente XI condenó a la herejía.

Jansenio seguía las enseñanzas de San Agustín y las empleaba en contra de los abusos de la Compañía de Jesús. Negaba el libre albedrío y por tanto la importancia de las acciones en la salvación, y centraba ésta en la predestinación de Dios para alcanzarla, así como en la ayuda de su gracia.

Para Jansen, el hombre estaba tocado por el pecado original. Era un ser corrupto y vulnerable ante cualquier tentación, necesitado por ello de toda esta ayuda de los cielos.

 

Una calma que sugiere la salvación

Travis Bickle, el taxista que protagoniza el relato, es un veterano de Vietnam, solitario, acometido por tentaciones de la carne que mitiga en sesiones de cine pornográfico. Además, patrulla con su vehículo la ciudad y la observa como una nueva Gomorra, llena de vicios y delitos de toda especie.

Bickle conoce a una prostituta de doce años, explotada por un gang de proxenetas. Circunstancia que le hace conocer la gracia a través de la misión de rescatarla. Este hombre sin rumbo, de psiquismo poco estable, encuentra el sentido de su vida en ser el ángel exterminador de unos delincuentes peligrosos, y se convierte así en un samurái, en un justiciero.

Armado hasta los dientes, Travis asalta el caserón del pecado, produciendo una matanza sangrienta entre los bandidos y liberando a la niña.

En las secuencias siguientes y posteriores de la película, hay una especie de coda en la que cambia el punto de vista narrativo del filme. Durante toda la historia, se ha empleado una visión exterior, realista de los sucesos. Pero el final está contado según el método expresionista, subjetivo, por parte de Bickle, quien se ve a sí mismo como un héroe salvador, celebrado por la prensa, felicitado por los compañeros, agradecido por una carta de los padres de la muchacha y sonreído por la chica de la que estuvo enamorado (y quizá lo está aún).

Un final en el que Travis ve transformadas sus miserias carnales en una relativa calma que recuerda la «estasis» tan frecuente en el estilo trascendental característico de la obra de Paul Schrader. Una calma que sugiere la salvación.

Otro aspecto del mayor interés, no señalado por la crítica, es el de la purificación, la limpieza de la suciedad y el pecado, por medio de la violencia.

Las religiones más fundamentalistas incluyen este precepto. Pero también lo hacen, muchos movimientos ideológicos y políticos laicos que desembocan en el terrorismo asesino y en los que se grita el derecho a matar en nombre de no sé qué «valores», intereses u ocurrencias surgidos del odio y el resentimiento.

 

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: Taxi Driver (1976).

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