El desquite se encuentra en la base emocional de la justicia, radicada en la dotación más profunda del espíritu humano. Es, por eso mismo, una raíz antropológica. Ya en la infancia se posee un agudo sentido del trato arbitrario en nuestras vidas.
Por Luis Miguel Iruela Cuadrado
Publicado el 31.8.2026
Tanto la literatura como el cine están llenos de historias que toman a la venganza como el asunto principal. Desde la cólera de Aquiles con la furia directa del héroe en primer plano en La ilíada hasta narraciones que desvelan casos de una gran crueldad, cálculo y propósito envueltos en delicadeza al modo de la novela de Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste (1964), en la cual puede observarse la designación de un muchacho inocente como el chivo expiatorio vicariante de una represalia por medio de su muerte. Una especie de sacrificio ignorado por la propia víctima.
La venganza se encuentra en la base emocional de la justicia, radicada en la dotación más profunda del espíritu humano. Es, por eso mismo, una raíz antropológica. Ya en la infancia se posee un agudo sentido del trato injusto en nuestras vidas.
Así, la película El pequeño salvaje (1970) de François Truffaut es la crónica del hallazgo de un niño feral abandonado en un bosque francés durante los años anteriores a la Revolución. Sucio, malnutrido, carecía de lenguaje y de sociedad. Su nombre Víctor de Aveyron. Fue cuidado y educado por el médico Jean Itard, quien recogió todas las experiencias en un conocido libro.
El largometraje relata un episodio especialmente significativo. Una vez el cuidador trató al pequeño de manera poco justa, y este se fugó de la casa. Comprendió Itard que aquel ser inmaduro, solitario, silvestre, limitado en el lenguaje y el desarrollo cerebral había entendido por la vía emocional lo que era un acto injusto y se había rebelado.
Con todo, el sentimiento de reparación sustenta la necesidad de justicia, la que, en definitiva, hace posible vivir en convivencia y sociedad. La venganza incumplida reclama sangre y por tanto violencia y crimen. Recuérdese la crudeza de legislaciones que aún se practican como la Ley del Talión.
El desagravio tras la ofensa constituye una buena parte de los argumentos de la literatura como en el caso de Hamlet y de todo un género cinematográfico que le ha dedicado un buen puñado de obras maestras en los paisajes del wéstern.
Como la caída de una hoja de guillotina
Menos tenidos en cuenta son algunos tratamientos del desquite que ahondan en sutilidades y aspectos psicológicos y morales que no se perciben con facilidad. Uno de ellos tenía el proyecto de abordarlo Henry James, ese maestro en captar la finura e importancia del detalle entre los seres humanos.
Anota el escritor en sus Notebooks (1878 – 1911) la idea de redactar un cuento en el cual se describiera la posición de un joven que ha sufrido graves humillaciones por parte de una lady. La vida lo coloca en situación de poder vengarse de ella. En cambio, renuncia a hacerlo porque entonces su propio nombre quedaría socialmente unido al de la aborrecida mujer. Se trata aquí del efecto contaminante de la suciedad de toda vendetta. No existe la generosidad del perdón, sino la opción de preservar la libertad y la limpieza moral del agraviado. Un renacimiento desde el pasado y a pesar de él.
El otro enfoque se encarga de presentarlo la segunda película de Robert Bresson, Las damas del Bois de Boulogne (1945) Basada en una adaptación del relato de Diderot, Jacques, el fatalista, contó con la colaboración en el guion de Jean Cocteau.
Refiere el malicioso plan de represalia concebido por una mujer que ha sido abandonada por su amante del cual todavía continúa enamorada. Traza ella un plan sigiloso por el que logra que su antigua pareja se enamore apasionadamente, en el estilo del llamado amour-fou, de una joven bailarina y prostituta, consiguiendo además que llegue a casarse con la misma.
El día de la boda, justo después de la ceremonia, le confiesa la condición de hetaira de su esposa con lo que eso supone en el medio social del que los antiguos amantes proceden. El plano siguiente muestra el rostro de la actriz María Casares con la mirada baja velada. Lo que significa que, a pesar de todo, le continúa amando.
De esta manera al destrozar la vida personal y social de su amor también lo ha hecho de su posible y remota esperanza. Nada queda después del acto. El preparado despique se ha cumplido como la caída de una hoja de guillotina. Una verdadera ejecución. Quizá solo el orgullo de la vengadora pueda sentirse consolado, si el suicidio espiritual resulta en efecto un alivio.
***
Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.
En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

Imagen destacada: Les Dames du bois de Boulogne (1944).

![[Ensayo] El futuro del suicidio: Una provocación metafísica camus 1](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2026/05/camus-1-e1777794105821-150x150.jpeg)



