[Crónica] «La odisea»: La película y el texto escrito

Debo confesar que al ver el filme de Cristopher Nolan y a sus protagonistas Matt Damon y Anne Hathaway, llegó a mi memoria aquella película de 1954 —que probablemente vi años después cuando llegó a Chile— llamada «Ulises», dirigida por Mario Camerini y con la actuación de Kirk Douglas, Silvana Mangano, Anthony Quin y Rossana Podestá.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 24.8.2026

A Homero se le menciona siempre como poeta y la Odisea y la Ilíada son consideradas poemas épicos. Es así, pero si somos estrictos deberemos aceptar que, de cierto modo, este texto como otros que reciben la misma calificación, en realidad son verdaderas novelas de aventuras de gran calidad literaria.

En el caso de las obras atribuidas a Homero son, además, de una profundidad enorme, pues entroncan con dos elementos fundamentales: la autoconciencia de la grandeza de una civilización y la estrecha relación de los humanos con sus dioses, que por sus pasiones y límites parecen humanos también.

Desde hace unos años he llegado a la conclusión personal de que los dioses de todos los mitos religiosos de la antigüedad, tales como Zeus y los dioses del Olimpo, los titanes que los precedieron como Urano, Gea, Cronos y Rea, Yahvé, los gigantes que la Biblia llama Nefilim, Marduk, Osiris, Enlil, Shiva, Rama y tantos otros, efectivamente existieron.

Si sigo las pistas de algunos antropólogos estudiosos como Zecharia Sitchin, podría decir que fueron seres reales llegados desde el planeta Nibiru, cuya órbita solar sería de aproximadamente 3 mil 600 años de los nuestros.

Bien, pueden ser de ahí o de otro lado, pero en los relatos sobre ellos son seres muy parecidos a los humanos (¿Quién creó a quién a su imagen y semejanza?), sólo que de mayor tamaño, potente desarrollo tecnológico y una vida tan extensa que a los humanos les parecían inmortales. Tema para otra columna.

 

Un cuadro atrapador

Cuando se hacen películas sobre textos literarios, tema bastante común en el cine contemporáneo y en las series de las plataformas modernas (muchos escritores actuales son en realidad guionistas y escriben de esa manera sus «novelas»), se plantea siempre una discusión: ¿Qué es mejor, la película o la novela?

La muerte y la doncella, la obra teatral de Ariel Dorfman (que yo leí antes de verla representada en el teatro) o la Casa de los espíritus, la novela de Isabel Allende, fueron llevadas al cine y tuvieron mucha receptividad, particularmente en el mundo latinoamericano.

En la oportunidad en que ambas obras se exhibieron, hice comentarios para medios de comunicación escritos y trataba de contestar la pregunta habitual.

Por una parte, la obra escrita tiene ventajas. Ellas radican en que el texto es completado por el lector (cada lector), que es quien pone voces que imagina, tonalidades, rostros y cuerpos a los personajes. Cada lector tiene su propia imagen de los protagonistas y de quienes los acompañan, ven paisajes según su propia creatividad o experiencia. La obra literaria, de cierto modo, es una coproducción entre el escritor y el lector. Dos actores para una misma escena o situación.

La película por su parte, congela la imagen de paisajes y personas, sus voces, su aspecto, según la interpretación del director. El define cómo son, con la colaboración de productores y actores, quienes darán forma a todo, hoy, más que antes, usando la tecnología. Así el agricultor chileno, de la clase alta, puede quedar convertido, como sucede en la película inspirada en la obra de Allende, en hacendado del norte de México por su vestuario y estampa.

Pero la obra cinematográfica tiene la ventaja de que con sus recursos y exhibición añade un dramatismo mayor. La música, la fotografía, las voces —aunque sean en inglés o en un castellano moderno— conforman un cuadro atrapador, más aun sabiendo que durará un tiempo programado en la oscuridad (intimidad) de una sala de cine. Ver a Polifemo, por ejemplo, es distinto a imaginarlo.

 

Menos dramática y más realista

Debo confesar que al ver La odisea de Cristopher Nolan y a sus protagonistas Matt Damon y Anne Hathaway, llegó a mi memoria aquella película de 1954 —que probablemente vi años después cuando llegó a Chile— llamada Ulises, dirigida por Mario Camerini y con la actuación de Kirk Douglas, Silvana Mangano, Anthony Quin y Rossana Podestá.

La fuerza de esos actores, su pasión, su dramatismo en la actuación, supera con creces a los actuales. Polifemo era más creíble que la marioneta de Nolan y las tormentas eran completamente reales. Claro, esa obra no tenía los aportes tecnológicos de ésta. Aunque Nolan dijo que prefiere la fotografía que la animación, no cabe duda que el cine moderno no puede prescindir de la segunda.

Con todo, la película de casi tres horas de duración, tiene la capacidad de mantener atento al espectador que, aunque ya sabe el desenlace y no hay suspenso efectivo, se introduce en el relato, viaja en esos barcos, tiene sed y hambre, pierda la memoria y la recupera, lucha y mata, se horroriza con lo que él mismo hace en la guerra de Troya, es decir, vive con los personajes y los ama o los odia, poniendo rostros reales. Aunque todo sea en inglés.

Esta obra me parece menos dramática y más realista que la de Camerini y tal vez en eso está su valor, pues permite al espectador —sobre todo si va a esas salas que prometen incorporarlo con su sistema de proyección— experimentar una suerte de participación como si fuese un actor o un personaje más.

Termino destacando el trabajo de Nolan como autor del guion, pues rescata frases de la Odisea que refleja visos de la sabiduría de los dioses y de hombres y mujeres que circulan en la obra.

Cine y Literatura se hermanan una vez más.

 

 

 

 

 

***

Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Ulises (1954).

Comparte: