El largometraje de terror y suspense dirigido y escrito por los realizadores canadienses Madeleine Sims-Fewer y Dusty Mancinelli consigue algo poco habitual para una película construida alrededor de un secreto: la revelación importa menos que las preguntas que deja después.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 21.8.2026
Estrenada en la Berlinale de 2025 y llegada a salas estadounidenses el 13 de febrero de este año, Honey Bunch eligió una fecha curiosamente apropiada para su estreno comercial: la víspera de San Valentín.
Aunque sus imágenes pertenecen inequívocamente al horror, la película de Madeleine Sims-Fewer y Dusty Mancinelli está, ante todo, interesada en una relación amorosa. Su pregunta central tiene incluso algo de romántico: ¿qué significa seguir amando a alguien cuando esa persona ya no parece ser exactamente la misma?
Diana y Homer llegan a un remoto centro de rehabilitación después de que ella sufriera un accidente automovilístico. Diana ha permanecido inconsciente durante un largo periodo y conserva apenas fragmentos de su vida anterior. Homer, su esposo, parece conocer una historia de la que ella solo recibe retazos. La recuperación física pronto adquiere otra dimensión: Diana necesita reconstruir su memoria y, junto con ella, determinar quién era antes del accidente y qué clase de matrimonio tenía.
Es una premisa que Honey Bunch instala de inmediato dentro de una tradición gótica reconocible. El centro se encuentra aislado entre bosques, cerca de un acantilado, y posee un jardín laberíntico que parece diseñado para que cualquiera pierda la orientación.
Hay habitaciones cerradas, conversaciones interrumpidas y miradas que sugieren que todos saben algo que Diana ignora. Ella escucha detrás de las puertas, observa desde las ventanas y comienza a convertir pequeños gestos en pistas. La memoria funciona aquí como un espacio embrujado: cada recuerdo recuperado parece acercarla a sí misma mientras transforma en algo más incierto aquello que creía saber.
La propia película reconoce sus antepasados. En un momento se menciona a Mrs. Danvers y el lugar es comparado con Manderley, la mansión de Rebecca. La referencia podría haber sido meramente decorativa, aunque resulta bastante precisa.
Como la heroína de Daphne du Maurier, Diana entra en un espacio donde parece existir una versión anterior de la vida que está intentando ocupar. Incluso su matrimonio contiene esa incomodidad: Homer la conoce íntimamente mientras ella debe aprender nuevamente quién es el hombre que dice ser su marido.
Para conservar a alguien que amamos
Durante buena parte de su metraje, Honey Bunch hace creer que conocemos el tipo de película que estamos viendo. El esposo podría esconder algo terrible. La clínica podría ser una institución depredadora. Diana podría encontrarse atrapada en otra historia acerca de una mujer cuya percepción es puesta en duda.
Sims-Fewer y Mancinelli aprovechan estas expectativas sin depender de ellas. El misterio transmuta progresivamente en algo más extraño y sus revelaciones terminan desplazando la pregunta desde «¿qué ocurre en este lugar?» hacia otra bastante más incómoda: «¿qué estaríamos dispuestos a hacer para conservar a alguien que amamos?».
Por eso una frase que Homer pronuncia casi casualmente al comienzo termina funcionando como la clave de la película: «cuando has visto todas las versiones de alguien y sigues volviendo, eso es romance». En ese momento parece una declaración sentimental acerca del matrimonio. Más adelante adquiere un sentido considerablemente más perturbador.
Ese desplazamiento es probablemente lo más logrado de Honey Bunch. El filme podría haberse conformado con la sorpresa de sus revelaciones y convertir su última parte en la explicación de un ingenioso plot twist. Prefiere dejar abierta una cuestión moral. El amor de Homer puede entenderse como una forma extrema de fidelidad y, al mismo tiempo, como la incapacidad de aceptar que amar a alguien también supone reconocer aquello que uno no tiene derecho a decidir por esa persona.
Las canciones antiguas que acompañan constantemente las imágenes acentúan esa contradicción. Hay algo deliberadamente nostálgico en una historia obsesionada con recuperar lo perdido. Su romanticismo pertenece menos al enamoramiento que al deseo imposible de conservar un momento, una identidad o una versión determinada de una persona.
Honey Bunch consigue así algo poco habitual para una película construida alrededor de un secreto: la revelación importa menos que las preguntas que deja después. Sus imágenes góticas conducen hacia un problema mucho más cotidiano y difícil de resolver. ¿Hasta dónde podemos perdonar a alguien porque sabemos que actuó por amor? Y, quizás más inquietante todavía, ¿en qué momento el miedo a perder a otra persona comienza a confundirse con el derecho a conservarla?
***
Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

Tráiler:

Imagen destacada: Honey Bunch (2025).

![[Ensayo] "Vertigo": Caer entre besos Mujer en bata roja de pie en una habitación con muebles oscuros y un reloj de pared dorado](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2020/04/Vertigo-1-scaled.jpg)
![[Crítica] "Hokum": La habitación clausurada de la culpa hokum 1](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2026/05/hokum-1-150x150.jpg)
![[Crónica] Polémica en el GAM por estreno de obra de dramaturgo acusado de plagio Fachada del GAM con estructura de madera y vidrio; en incrustación, retrato de hombre de mediana edad con expresión](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2026/01/GAM-y-Calderon-scaled.jpg)
![[Crítica] "El sonido de la caída": La memoria de los cuerpos silenciados El sonido de la caida 1](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2026/07/El-sonido-de-la-caida-1-scaled-e1785391950959-150x150.jpg)
