El filme del realizador irlandés Damian McCarthy —actualmente presente en la cartelera de las salas locales— y el cual se encuentra protagonizado por el actor estadounidense Adam Scott se instala como una de las apuestas más interesantes del cine de terror en lo que va del año.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 9.5.2026
La película Hokum se estrenó en los cines chilenos el pasado jueves 7 de mayo de 2026. Su llegada se produce después de un 2025 especialmente estimulante para el cine de terror, con títulos como Sinners, Weapons, The Ugly Stepsister, Good Boy y Bring Her Back, entre otros.
En ese contexto de renovación del género, Hokum aparecía como una de las propuestas más esperadas de 2026, dirigida por el irlandés Damian McCarthy, conocido por Caveat (2020) y Oddity (2024).
Con todo, esta nueva película parece ser su obra más completa. Como en sus trabajos anteriores, McCarthy utiliza el horror para narrar un conflicto profundamente humano. Lo sobrenatural aparece como una zona ambigua, atravesada por los usos, temores y violencias de los propios personajes.
En el cine del director irlandés, el verdadero horror no reside tanto en los fantasmas, las brujas o las casas malditas, sino en aquello que los seres humanos ocultan, dañan o no logran reparar.
Hokum sigue a Ohm Bauman, interpretado por Adam Scott, un escritor solitario que intenta terminar el epílogo de una famosa trilogía literaria centrada en la figura de un conquistador. Desde el inicio, la película introduce un metarrelato: un conquistador camina por el desierto junto a un niño y encuentra una botella que contiene un mapa.
Sin embargo, la única forma de romper la botella parece ser estrellándola contra el cráneo del niño. El hombre mata al niño, pero no logra abrir la botella ni obtener el mapa; finalmente, deambula por el desierto hasta morir.
Esa escena inicial presenta el libro que está escribiendo Ohm y también una entrada a su propia psiquis. En ese relato hay una mirada sombría sobre la ambición, la futilidad de los sueños y la ausencia de misericordia y el escritor parece proyectar en sus personajes una forma de crueldad íntima, casi desesperanzada.
Al mismo tiempo, el filme instala desde sus primeros minutos una convivencia extraña con lo sobrenatural: sombras en la escalera de su casa, presencias que irrumpen mientras escribe y una figura femenina que más tarde será identificada como su madre.
Un hotel, una desaparición y una bruja
Sin embargo, Hokum no se limita al retrato de un escritor atormentado por fantasmas de su pasado. La película es también una historia de sobrevivencia, un misterio de desaparición y, sobre todo, una narración sobre la posibilidad de reconciliarse con la vida.
Ohm viaja a un hotel en Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres. Allí, después de beber en exceso y maltratar al personal del lugar, intenta suicidarse en su habitación. Quien logra salvarlo es una bartender del hotel, Fiona, que intuye que algo no está bien y consigue abrir la puerta junto a un mozo.
Este episodio funciona como el verdadero punto de partida del relato. Tras ser hospitalizado, Ohm regresa al hotel para agradecerle a la mujer que le salvó la vida, pero descubre que ella ha desaparecido.
A partir de ese momento, la película despliega su misterio central: la policía ha buscado a Fiona en todo el hotel y el bosque, excepto en una habitación clausurada desde hace años por orden del propietario. Nadie puede entrar en ella y según los testimonios del staff, se dice que está maldita y que allí habita una bruja.
La desaparición de la bartender, la habitación prohibida y los rumores sobre la bruja activan una investigación que tensionan constantemente lo racional y lo sobrenatural. Uno de los recursos mejor logrados del largometraje es la forma en la cual se reconstruyen las distintas versiones de los personajes sobre los fantasmas del hotel.
Así, estos relatos tienen, por momentos, un efecto cómico: parecen absurdos frente al escepticismo de Ohm, que se niega a aceptar cualquier explicación sobrenatural.
En este sentido, el título del filme, Hokum, cuya palabra que puede traducirse como patraña, farsa, artificio barato o relato exagerado, alude precisamente a esa zona ambigua entre la mentira, la superstición y la puesta en escena: aquello que parece absurdo o inventado, pero que al mismo tiempo organiza la experiencia de los personajes dentro del hotel.
Sin embargo, poco a poco, lo que parecía una simple patraña comienza a instalarse como parte del mundo de la película.
Una arquitectura de lo siniestro
En ese tránsito, Hokum demuestra una de sus mayores fortalezas es la construcción de atmósfera. El hotel no funciona solo como escenario, sino como un espacio gótico, con un ascensor oscuro y cerrado, una pieza maldita, esculturas y decoraciones de ángeles siniestros, cuyas figuras parecen observar el hotel desde una quietud aterrada y petrificada.
La primera aparición de la bruja es probablemente una de las escenas más efectivas de terror en el filme: rara vez aparece de manera frontal, siempre rodeada de oscuridad, a través de velos, vidrios, paredes o zonas interpuestas. Esa decisión formal fortalece la inquietud, porque la película entiende que el horror muchas veces resulta más perturbador cuando se sugiere que cuando se exhibe.
Así, los personajes secundarios también cumplen un rol importante. Dado que Ohm se presenta inicialmente como un protagonista desagradable, son ellos quienes abren otras posibilidades afectivas dentro del relato.
El mozo, la bartender desaparecida, el dueño del hotel, su hijo y el hombre que vive en un auto frente al edificio son figuras pintorescas, pero no meramente decorativas. Cada uno permite mostrar una faceta distinta del protagonista y contribuye a volverlo progresivamente más humano.
La película dialoga con varias tradiciones del cine de terror. La idea del hotel embrujado remite inevitablemente a El resplandor; la habitación clausurada y la presencia de una entidad oculta recuerdan ciertos elementos de Barbarian; mientras que la reconstrucción del relato desde distintas versiones puede hacer pensar en Weapons.
Sin embargo, Hokum no se siente como una simple suma de referencias. Su singularidad está en el modo en que utiliza esos motivos para contar una historia sobre la culpa, el duelo y la posibilidad de imaginar una salida.
No obstante, su principal debilidad está en la acumulación de elementos. La película combina misterio policial, leyenda de brujas, trauma infantil, fantasmas familiares, monstruos televisivos, relato literario y un espacio embrujado. La mayoría de estas capas funciona, pero no todas tienen el mismo peso dramático y algunas se sienten meramente decorativas.
Por momentos, Hokum parece no confiar del todo en la fuerza de sus mejores imágenes y añade más elementos de los necesarios. Esa sobrecarga no arruina la experiencia, pero sí le resta precisión al terror.
La tensión, aún así, está muy bien construida. Los jumpscares no se sienten gratuitos, la edición acompaña el aumento progresivo de la inquietud y la música intensifica los momentos climáticos sin volverlos excesivos. El terror de Hokum es atmosférico y ominoso, siempre dentro de lo onírico y psicológico.
Además, el filme consigue incorporar momentos de humor sin desactivar su capacidad de perturbar, aliviando la tensión sin romper el equilibrio del relato.
La escritura como reparación
Lo más interesante de Hokum aparece en su desenlace, cuando el largometraje regresa sobre el relato inicial del conquistador. La reescritura del epílogo permite leer la transformación del protagonista sin necesidad de sobreexplicarla.
En ese lugar donde al comienzo había violencia, ambición y muerte, el final introduce una posibilidad distinta: el perdón, el abrazo y la suspensión del daño. El gesto de escribir se convierte, entonces, en una forma de reparación íntima.
Bajo ese sentido, Hokum es menos una película sobre una bruja que un filme sobre alguien que aprende a reescribir su propia relación con la muerte. El horror no desaparece, pero deja de ser únicamente condena.
Pese a su exceso narrativo, McCarthy encuentra una imagen poderosa: la posibilidad de volver sobre una historia ya escrita y cambiar su desenlace. Por eso, Hokum se instala como una de las apuestas más interesantes del cine de terror en lo que va del año.
***
Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

Tráiler:

Imagen destacada: Hokum (2026).

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