[Ensayo] Algoritmos «people pleasing»: La complacencia que destruye sociedades

Revisiones sistemáticas recientes sobre exposición selectiva y polarización, muestran que los entornos mediáticos fragmentados favorecen la consolidación de actitudes extremas, especialmente cuando se combinan con identidades políticas y culturales fuertes.

Por Luis Cruz-Villalobos

Publicado el 4.5.2026

El desplazamiento silencioso del espacio público hacia «espejos negros» personalizados ha modificado la textura misma de la experiencia cultural a nivel mundial. Leer el diario, ver un documental o discutir una novela suponía, hasta hace poco, una cierta fricción con lo inesperado.

Hoy, en cambio, el flujo informativo conoce de antemano nuestras preferencias y puede devolvernos, con una cortesía normalmente excesiva, aquello que confirma lo que ya pensamos o creemos.

Con todo, en esta cortesía algorítmica se esconde una lógica que recuerda al people pleasing, una forma de complacencia que, trasladada al plano tecnológico, ha contribuido a una polarización política que puede implicar daños irreparables para la vida de nuestras sociedades.

El people pleasing, tal como lo describe la psicología contemporánea, no remite a la simple amabilidad o simpatía. Se trata de una estrategia relacional, poco saludable, orientada a asegurar aceptación evitando el conflicto, incluso cuando ese conflicto sería necesario para el crecimiento personal o interpersonal.

Investigaciones clínicas y sociales han mostrado que este patrón suele vincularse a estilos de apego ansioso y a una regulación emocional basada en la evitación del rechazo (Mikulincer & Shaver, 2007; Zhang, 2025).

Cuando los algoritmos aprenden a mostrar únicamente lo que resulta cómodo o reafirmante para cada usuario ocurre algo similar: se busca impedir cualquier reacción adversa, aunque el motivo sea estrictamente comercial. La prioridad es no incomodar al posible cliente ni arriesgar la permanencia de quienes financian la plataforma.

Este fenómeno también puede ser comprendido, desde la psicología social, como el sesgo de confirmación, ampliamente documentado y sintetizado en meta-análisis como el de Hart et al. (2009), quienes revisaron más de cinco décadas de investigación mostrando que las personas prefieren información que confirma sus creencias previas y evitan activamente la que las desafía.

Así, este sesgo no es una anomalía, sino un rasgo estructural del procesamiento humano. Los algoritmos digitales, diseñados para maximizar atención y permanencia de sus usuarios —potenciales consumidores—, se acoplan a esta tendencia y la amplifican, convirtiéndola en el principio organizador de la experiencia cotidiana.

El clásico concepto de disonancia cognitiva, formulado por Festinger en 1957, ayuda a comprender por qué este acoplamiento resulta tan eficaz. La exposición a ideas que contradicen creencias centrales genera malestar psicológico.

 

La adhesión a narrativas conocidas

Reducir ese malestar se convierte en una motivación poderosa. En el entorno digital, la personalización algorítmica reduce la probabilidad misma de ese encuentro incómodo, creando burbujas de sentido donde la fricción se percibe como error del sistema y no como oportunidad de aprendizaje.

Este mecanismo tiene correlatos neurofisiológicos bien establecidos. La literatura en neurociencia del refuerzo ha mostrado que el circuito dopaminérgico mesolímbico responde de manera especialmente intensa a la confirmación de expectativas.

Revisiones como la de Schultz (2016) sobre predicción de recompensa, indican que la dopamina se libera ante la confirmación de lo esperado y la reducción de incertidumbre, más que ante el placer en sí mismo. En términos culturales, recibir información que confirma una visión del mundo actúa como un refuerzo neurobiológico que fortalece la adhesión a narrativas conocidas, incluso de modo adictivo.

Por el contrario, la información disonante activa circuitos asociados al conflicto cognitivo y al malestar. Meta-análisis sobre control cognitivo y conflicto (Botvinick & Braver, 2008), muestran la implicación de la corteza cingulada anterior en la detección de discrepancias entre expectativas y estímulos.

Desde esta perspectiva, la preferencia algorítmica por contenidos afines se alinea con una economía afectiva del cerebro que privilegia la comodidad cognitiva y responde, en última instancia, a un cálculo económico. El algoritmo está diseñado así, porque agradar es más rentable que confrontar.

En el ámbito político, esta dinámica se traduce en polarización marcada. Revisiones sistemáticas recientes sobre exposición selectiva y polarización, como la de Van Aelst et al. (2017), muestran que los entornos mediáticos fragmentados favorecen la consolidación de actitudes extremas, especialmente cuando se combinan con identidades políticas fuertes.

Luego, estudios más recientes (Wojcieszak et al., 2021), confirman que la exposición selectiva refuerza actitudes preexistentes y reduce la disposición al diálogo, aunque matizan que estos efectos dependen del contexto cultural y del diseño de las plataformas.

Con todo, la teoría de la identidad social ofrece una clave interpretativa decisiva. Planteamientos clásicos como los de Tajfel y Turner (1979) mostraron que las personas construyen su identidad a partir de pertenencias grupales.

Revisiones contemporáneas (Huddy, 2013), indican que la identidad política funciona hoy como una identidad social central, cargada de afecto y lealtad.

Los algoritmos, al reforzar contenidos que validan al grupo propio y caricaturizan al otro, intensifican esta lógica. El resultado no es solo desacuerdo ideológico, sino hostilidad afectiva, un fenómeno cuya expansión ha sido documentada empíricamente en revisiones recientes (Iyengar et al., 2019).

 

Pensar siempre implica arriesgarse

Por otra parte, desde la sociología del conocimiento, este proceso puede leerse como una transformación de los mecanismos de validación cultural. Berger y Luckmann (1966) describieron cómo la realidad social se construye mediante procesos de repetición y legitimación.

En el ecosistema digital, la repetición algorítmica sustituye al debate público como fuente de plausibilidad. Aquello que aparece reiteradamente en el flujo personalizado adquiere estatuto de evidencia. La noción de habitus de Pierre Bourdieu (1977) ayuda a comprender la profundidad de este fenómeno.

Así, el habitus se forma mediante la repetición de esquemas perceptivos. La exposición constante a ciertos encuadres políticos y culturales moldea sensibilidades duraderas. Meta-análisis recientes sobre socialización mediática, como el de Valkenburg et al. (2016), muestran que los medios digitales influyen en la formación de actitudes y valores de manera acumulativa.

La polarización cultural aparece entonces como un efecto de largo plazo, inscrito en disposiciones que orientan la percepción del mundo.

El concepto de filter bubble, propuesto por Pariser (2011), fue inicialmente recibido como una metáfora periodística. Sin embargo, revisiones sistemáticas posteriores (Zuiderveen Borgesius et al., 2016), han mostrado evidencia empírica consistente de que la personalización algorítmica reduce la diversidad informativa.

Pero el problema no es el aislamiento absoluto, sino la amplificación desproporcionada de lo afín, un matiz crucial para comprender la polarización contemporánea.

Las consecuencias culturales de este proceso son visibles. El espacio crítico, entendido como lugar de encuentro con lo incómodo, se reduce. Revisiones recientes sobre esfera pública digital, como la de Freelon et al. (2020), confirman que la fragmentación algorítmica dificulta la formación de agendas comunes y el diálogo entre diferencias.

Comprender este escenario no implica necesariamente caer en una nostalgia por un pasado idealizado. Amplios estudios (Pettigrew & Tropp, 2006), indican que el encuentro con la alteridad reduce prejuicios cuando se dan ciertas condiciones, entre ellas igualdad de estatus y objetivos compartidos. Trasladar estas condiciones al diseño cultural y algorítmico supone un desafío estético y ético, no meramente técnico.

La lógica del people pleasing ofrece aquí una metáfora esclarecedora. En el plano individual, la complacencia sostenida puede preservar vínculos a corto plazo, aunque a largo plazo empobrece la relación y erosiona la autenticidad.

En el plano cultural, una arquitectura informativa orientada solo a confirmar termina debilitando la capacidad crítica de la sociedad. Los algoritmos, al activar sistemáticamente los circuitos de recompensa asociados a la confirmación, construyen mundos narrativos cerrados, emocionalmente coherentes y políticamente polarizados.

Qué tipo de experiencia cultural estamos dispuestos a sostener. En el actual entorno dominado por la complacencia algorítmica, recuperar una perspectiva crítica y abierta a lo diferente implica aceptar la tolerancia al malestar y la incomodidad como algo valioso ―habilidad que antiguamente se incluía dentro de la olvidad virtud de la templanza―.

El desafío es interrumpir voluntariamente el circuito de recompensa y recordar que pensar, como crear, siempre implica arriesgarse a ver algo que no pedimos ver.

 

 

 

Referencias bibliográficas

—Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). The social construction of reality: A treatise in the sociology of knowledge. Anchor Books.

—Botvinick, M. M., & Braver, T. S. (2008). Motivation and cognitive control. Psychological Science, 17 (1), 26–31.

—Bourdieu, P. (1977). Outline of a theory of practice. Cambridge University Press.

—Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press.

—Freelon, D., McIlwain, C., & Clark, M. (2020). Beyond the hashtags: #Ferguson, #Blacklivesmatter, and the online struggle for offline justice. Social Media + Society, 6 (2).

—Hart, W., Albarracín, D., Eagly, A. H., Brechan, I., Lindberg, M. J., & Merrill, L. (2009). Feeling validated versus being correct: A meta-analysis of selective exposure to information. Psychological Bulletin, 135 (4), 555–588.

—Huddy, L. (2013). From group identity to political cohesion and commitment. Oxford Handbook of Political Psychology, 737 – 773.

—Iyengar, S., Lelkes, Y., Levendusky, M., Malhotra, N., & Westwood, S. (2019). The origins and consequences of affective polarization in the United States. Annual Review of Political Science, 22, 129–146.

—Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. Guilford Press.

—Pariser, E. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin Press.

—Pettigrew, T. F., & Tropp, L. R. (2006). A meta-analytic test of intergroup contact theory. Journal of Personality and Social Psychology, 90(5), 751–783.

—Schultz, W. (2016). Dopamine reward prediction error coding. Dialogues in Clinical Neuroscience, 18 (1), 23–32.

—Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. En W. G. Austin & S. Worchel (Eds.), The social psychology of intergroup relations (pp. 33–47). Brooks/Cole.

—Van Aelst, P., Strömbäck, J., Aalberg, T., et al. (2017). Political communication in a high-choice media environment. European Journal of Communication, 32 (1), 3–27.

—Valkenburg, P. M., Peter, J., & Walther, J. B. (2016). Media effects: Theory and research. Annual Review of Psychology, 67, 315–338.

—Wojcieszak, M., Bimber, B., Feldman, L., et al. (2021). A meta-analysis of selective exposure to political information. Communication Research, 48(1), 3–33. https://doi.org/10.1177/0093650219879670.

—Zuiderveen Borgesius, F.J., Trilling, D., Möller, J., Bodó, B., de Vreese, C.H., & Helberger, N. (2016). Should we worry about filter bubbles? Internet Policy Review, 5 (1).

—Zhang, Y. (2025). The role of attachment insecurity in people-pleasing behaviors. Lecture Notes in Education Psychology and Public Media, 93, 34–41.

 

 

 

 

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Luis Cruz-Villalobos es un escritor, editor, poeta y psicoterapeuta chileno.

Especialista y posgraduado en psicología clínica de la Universidad de Chile, y doctor en filosofía por la Vrije Universiteit Amsterdam (Países Bajos).

Creador de una amplia obra literaria, con más de 50 libros de poesía publicados, además de varios ensayos sobre afrontamiento postraumático, hermenéutica aplicada y estética, el director titular del Diario Cine y Literatura también fue académico de posgrado en la Universidad de Chile (en el programa de magíster en psicología clínica) y de pregrado en la Universidad de Talca (en la Facultad de Psicología).

El profesor Cruz-Villalobos asimismo es el autor de la reciente versión hispanoamericana del protocolo SPIRIT para terapia espiritualmente integrada, y cuyo texto original es usado en el McLean Hospital de la ciudad de Belmont, en Massachusetts, Estados Unidos, y el cual es un establecimiento de tratamiento psiquiátrico asociado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

 

Luis Cruz-Villalobos

 

 

Imagen destacada: Pierre Bourdieu.

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