Edmundo Moure desentraña con soltura y clara pedagogía —sustentada en la experiencia, que en todo caso, es la síntesis auténtica del conocimiento— el vínculo vernacular existente entre estas dos realidades geográficas, en una amalgama literaria que es raíz, habitación, gestación de humanidad e intuición.
Por Juan Mihovilovich
Publicado el 25.5.2026
«Es que la palabra es quizá lo mágico por excelencia. Nunca podremos afirmar que un vocablo ha muerto o desaparecido para siempre, mientras lo guarde el pueblo en la porfiada ceniza de la memoria colectiva».
Edmundo Moure Rojas
¿Cómo se desgranan los territorios y se convierten en islas y archipiélagos? ¿Es acaso la fuerza telúrica de Caicai Vilú y su confrontación mitológica con Ten Ten Vilú las causantes de la creación de ese conglomerado mágico denominado Chiloé? ¿Y cuál es la secreta relación con el Reino de Galicia, antecesor, desde su aparición en la península Ibérica?
Edmundo Moure (Santiago, 1941) ha estructurado una simbiosis entre Chiloé y Galicia a partir de su propio «descubrimiento» entre dos realidades que ha conocido desde adentro, que las ha engarzado con una secuencia natural y nos la presenta como una connivencia de dos mundos que, en resumidas cuentas y hurgando en profundidad, parecieran ser o son uno sólo, con una raíz común vinculada a una tierra que subyace en un espacio y tiempo que les son propios, no obstante las distancias y las historias que las han conformado en paralelo.
Navegar por sus páginas es adentrarse en los misterios de la creación, sea física o mítica, que al fin de cuentas configuran un todo imposible de disociarse. Establecer las analogías y hurgar en lo recóndito de cada geografía hacen de la lectura una confabulación que asombra, que identifica a los seres y enclaves que la constituyen como una bella alegoría de la existencia mutua.
Galicia es el anticipo y Chiloé su destino. Esta apreciación que pareciera antojadiza tiene un sustrato que Moure desentraña paso a paso, y donde va desenrollando los hilos que entretejen los vínculos ancestrales, la historia, los parajes que se avizoran en lo recóndito de sus singulares arcanos y que emergen con una fuerza telúrica imposible de contrarrestar.
Una ancestralidad asociada al mar
Chiloé, es redescubierta en un vuelo a ras de suelo y cielo, se nutre de una percepción no sólo visual, sino que puede palparse casi con el tacto y el olfato, como si los sentidos se agrupasen de golpe para mostrar su universo como una imagen que se disemina sin tiempo ni medida a través de una historia que suele ser real y maravillosa, mágica e irreal, verdadera y dudosa a la vez.
La vigencia del mito (sic) es, en suma, «un pre-sentimiento», es decir, existe más allá de la realidad material, se inserta en los genes de y en el inconsciente colectivo de quienes han conformado al habitante chilote y al de Galicia, puesto que —como lo señala el autor— son sitios que se anidan en «las culturas verdes», en el mito insoslayable de la Tierra Madre, asociadas a las culturas que la conforman.
O dicho de otro modo, son territorios parte de una ancestralidad asociada al mar, al desglose inevitable de sus zonas o sitios habitados, y desde los cuales se ha diseñado una forma de ver y entender el mundo, un mundo propio, pleno de identidades que les son tan únicas y que han sobrepasado los siglos, como si una deidad misteriosa las hubiera encapsulado a un territorio que vive y sueña como un todo indivisible.
Edmundo Moure desentraña con soltura y clara pedagogía —sustentada en la experiencia, que en todo caso, es la síntesis auténtica del conocimiento— el vínculo vernacular existente entre estas realidades geográficas, esa amalgama que es raíz, habitación, gestación de humanidad e intuición.
Así, la confabulación de estos confines mágicos recobra «el imaginario» individual y trasciende hacia «lo imaginario colectivo», que nos muestra, en definitiva, la concepción esencial de la leyenda y la memoria, de la historia y el desarrollo a escala humana, que retorna a la primacía del hombre y la mujer por encima de la frivolidad tecnológica que nos abruma y se expande como una gangrena planetaria.
Un libro que nos rediseña a Chiloé y Galicia como fragmentos de una cosmovisión indispensable, de ser releídas, comprendidas en su amplia vastedad, asumidas en su misteriosa y maravillosa consonancia.
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Juan Mihovilovich Hernández (Punta Arenas, 1951) es un importante autor chileno de la generación literaria de los 80, nacido en la zona austral de Magallanes, y quien en la actualidad reside en la ciudad de Linares (Séptima Región del Maule).
Entre sus obras destacan las novelas El amor de los caracoles (Simplemente Editores, 2024), Útero (Zuramérica, 2020), Yo mi hermano (Lom, 2015), Grados de referencia (Lom, 2011) y El contagio de la locura (Lom, 2006, y semifinalista del prestigioso Premio Herralde en España, el año anterior).


Imagen destacada: Edmundo Moure y Elvira Hernández.


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