El filme del realizador argentino exige atención, dado que buena parte de su historia debe reconstruirse a partir de indicios fragmentarios. Su principal fortaleza reside en la capacidad de narrar mediante acciones y silencios, así como en la manera en que integra el suspenso criminal con el conflicto entre dos hermanos marcados por un pasado común.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 11.6.2026
Los renacidos (2025), escrita y dirigida por Santiago Estévez, es una coproducción entre Argentina, España y Chile que se inscribe en la tradición del thriller. Con escasos diálogos y una narración que evita entregar explicaciones directas, la película sigue a Manuel, un médico que lleva una vida aparentemente tranquila junto a su esposa embarazada.
Poco a poco se revela que, antes de ejercer como doctor, estuvo involucrado en los negocios ilícitos de su familia, dirigidos por su tío Horacio y en los cuales también participaba su hermano Óscar. Mediante el uso de fármacos, simulaban la muerte de personas para facilitar su traslado clandestino a través de la frontera.
Aunque Manuel parece haberse alejado definitivamente de ese mundo, al comienzo de la película Horacio reaparece para proponerle un último encargo. La misión lo obliga a reencontrarse con Óscar, a quien no ve desde hace tiempo debido al conflicto que existe entre ambos.
A partir de esta premisa, el filme recurre a algunas convenciones reconocibles del género, como el regreso del protagonista a una vida que creía abandonada y la disyuntiva entre proteger su presente o responder a las lealtades familiares.
Una de las principales fortalezas de Los renacidos es la confianza que deposita en el espectador. La historia no se detiene a explicar el pasado de los personajes ni sus motivaciones, pues permite reconstruirlos a partir de recuerdos fragmentarios, gestos y decisiones.
La psicología de Manuel se expresa mediante sus acciones y las vacilaciones que surgen durante el encargo. Nunca resulta del todo claro si su prioridad es cumplir la misión, regresar con vida junto a su familia o rescatar a su hermano. Esta incertidumbre sostiene buena parte de la tensión en el relato.
Con todo, la situación se vuelve más compleja cuando Óscar traiciona al grupo en el que se encuentra Manuel e intenta obtener un beneficio económico propio. Desde ese momento, el relato incorpora persecuciones y distintas organizaciones criminales interesadas en el cuerpo que los protagonistas trasladan.
Este permanece suspendido entre la vida y la muerte: algunos personajes necesitan que sobreviva, mientras otros quieren eliminarlo, y todos parecen actuar de acuerdo con sus propios intereses. La condición ambigua del cuerpo refuerza simbólicamente el conflicto de una historia en la que las alianzas y las posiciones de los personajes cambian constantemente.
Experiencias anteriores que determinan
Así, el eje más interesante del filme radica en la relación entre los hermanos. A través de breves escenas de su infancia se sugieren algunas claves sobre el origen de su enemistad, mientras que en el presente ambos se desafían, se golpean y se traicionan.
La violencia que atraviesa su vínculo no surge únicamente del encargo criminal, pues forma parte de una historia familiar que ambos han heredado y reproducido de maneras distintas. Las circunstancias los obligan a confrontar ese pasado y a recuperar una cercanía que parecía perdida. De este modo, el conflicto entre Manuel y Óscar impide que la trama se reduzca a una sucesión de persecuciones y giros.
Con una duración aproximada de 80 minutos, el largometraje mantiene un ritmo ágil y aprovecha bien su metraje. Las secuencias de acción están montadas con precisión y logran transmitir el peligro inmediato junto con la inestabilidad del protagonista. Las actuaciones también resultan fundamentales: ante la escasez de diálogo, la gestualidad, las miradas y los movimientos de los personajes comunican gran parte de la tensión.
Asimismo, el título adquiere varios sentidos dentro del relato. Alude, en primer lugar, al procedimiento mediante el cual las personas trasladadas son declaradas muertas para luego «renacer» al otro lado de la frontera. También se relaciona con el vínculo entre Manuel y Óscar, que encuentra una posibilidad de recomponerse después de años de resentimiento, y con el hijo que Manuel espera, cuya llegada representa la vida a la que desea regresar.
Estas formas de renacimiento están atravesadas, sin embargo, por experiencias anteriores que continúan determinando las decisiones de los personajes.
Los renacidos exige atención, dado que buena parte de su historia debe reconstruirse a partir de indicios fragmentarios. Su principal fortaleza reside en la capacidad de narrar mediante acciones y silencios, así como en la manera en que integra el suspenso criminal con el conflicto entre dos hermanos marcados por un pasado común.
La brevedad del metraje favorece la tensión, aunque también deja algunos aspectos de la historia familiar apenas esbozados. En lugar de presentar el renacimiento como una ruptura definitiva, la película lo concibe como un intento frágil de regresar a la vida, reparar los vínculos y construir un futuro sin dejar de cargar con la violencia heredada.
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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

Tráiler:

Imagen destacada: Los renacidos (2025).

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