El desaparecido filósofo estadounidense John Searle despliega en este texto su esfuerzo para conciliar el determinismo orgánico con el íntimo convencimiento que albergamos en nuestro interior de ser libres, o sea, de poder elegir sin ataduras ni constricciones en la existencia cotidiana.
Por Luis Miguel Iruela
Publicado el 20.7.2026
Libertad y neurobiología: reflexiones sobre el libre albedrío, el lenguaje y el poder político. Con este título y su subtítulo, se publicó en el año 2005 por la Editorial Paidós en español este librito de John Rogers Searle (1932 – 2025) donde se aborda de frente el problema de la relación entre biología y libertad.
Searle fue un filósofo interesado en muy diversos temas. Conocido de forma especial por las contribuciones a la filosofía del lenguaje de su libro, inspirado en la tesis doctoral, Actos de habla, en el que seguía las enseñanzas de su maestro J.L. Austin.
También le hizo muy conocido su argumento sobre «la habitación china», un experimento mental acerca de una circunstancia concreta para distinguir la inteligencia artificial (IA) de la humana. En este sentido, desarrollaba y refinaba el famoso Test de Turing, ideado con el mismo propósito.
Pero lo que nos interesa en este momento es su esfuerzo para conciliar el determinismo biológico con el íntimo convencimiento que albergamos en nuestro interior de ser libres, o sea, de poder elegir sin ataduras ni constricciones en la vida normal. En el fondo se trata de conseguir una superación del dilema entre mente y cerebro, una solución al dualismo cartesiano.
Las limitaciones que las circunstancias impongan
Desde el punto de vista de la neurobiología todo nuestro organismo obedece las leyes de la materia y la energía que rigen el universo y por tanto el mundo vivo. Para Searle la función digestiva (inmaterial) emerge de las estructuras físicas que componen el aparato en cuestión.
Asimismo, la conciencia, el pensamiento, el lenguaje, la memoria y toda la vida psíquica serían consecuencia de un proceso emergente cerebral. La cuestión se plantea cuando se compara la aporía del funcionamiento lógico-determinista de la masa neuronal del cerebro con la muy sugerente liviandad de las tomas de decisión habituales del ser humano. En otras palabras, estamos convencidos de conducirnos con libertad a lo largo de nuestros días.
Para esquivar semejante escollo, Searle invoca aquí a la «incertidumbre cuántica», a la impredecibilidad del mundo microscópico. Y de este modo, conjetura que cuando aparece en nuestras conciencias un impulso interno, se produce también, un poco después, una breve pausa antes de ejecutarse el acto en el que se ejerce la decisión del albedrío que hace nacer el acto libre.
Miguel Candel, traductor y prologuista del libro, opina, con fundamento, que la propia esencia natural del azar no puede dar cobertura a esa complejidad.
En realidad, se está tratado de conciliar dos planos inmiscibles de naturaleza distinta. El material, con una ontología en tercera persona y por tanto objetivable desde el exterior. Y el mental, con una ontología en primera persona y por tanto solo cognoscible desde la subjetividad.
Con todo, el etólogo Konrad Lorenz advirtió, hace ya algún tiempo, que el dualismo no debe ser considerado una verdad, sino solo un instrumento operativo para alcanzar un acceso práctico a nuestro conocimiento. Mezclar puntos de vista tan diversos suele conducir (de hecho, lo hace) a un estado confusional e inútil.
En cuanto a la libertad, quizá debamos abandonar la seducción de las infinitas posibilidades y cambiarla por la idea matemática de los «grados de libertad». O por mejor decirlo, aceptar las limitaciones que las circunstancias biológicas, sociales y culturales nos impongan para desarrollarnos a partir de ahí.
Quizá suene esto a un cierto estoicismo, pero la historia de la humanidad ha seguido este camino desde el hacha de sílex a la IA, desde la ferocidad a la ética, desde el exterminio a la convivencia. Aunque esto último esté hoy en día en una situación de peligro.
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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.
En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.


Imagen destacada: John Rogers Searle.


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