Esta novela de Andrea Bajani es un ajuste de cuentas, una especie de Proust que dialoga con Macchiavello en la sobremesa dominical, pero con una condensación, con un estilo depurado y revelador que nos ayuda a recorrer el infierno de este clan con un guía que se ahorra todo comentario innecesario, toda diversión fútil.
Por Alfonso Matus Santa Cruz
Publicado el 27.8.2026
Lengua nueva en el tema de siempre, ese que nos convoca e interpela a todos, desde las tragedias griegas hasta las películas de Jarmusch o las novelas de Turguénev y de Elena Ferrante; la familia es el árbol más complejo y misterioso y es el tópico que ataca, con una pluma implacable, el escritor italiano Andrea Bajani (1975) en su última novela, El aniversario, editada en castellano por Anagrama y merecedora del premio Strega.
Así, las sobremesas dominicales, los silencios tensos e intempestivos, la procacidad como una técnica muda que emana de la presencia paterna, la atmósfera de los afectos suspendidos, anudados por fuerza mayor, por dictado incuestionable.
Eso hasta que aparecen las brechas, los desacuerdos, las pequeñas rebeldías de la madre, el desmantelamiento de la aparente normalidad. La materia de las dinámicas familiares es inagotable y el caso de estudio que nos presenta la novela es uno que puede ser repetido, pero a punta de detalles, de incisiones en el músculo incierto de la memoria, Bajani nos abre una trama, una pulsión entre la violencia irreflexiva del padre y la impasibilidad de la madre, con un hijo y una hija de por medio.
No es el decorado, el léxico o la amenidad de la prosa lo que distingue a esta novela familiar de otras, sino la precisión y la confusión desafectada que aporta el punto de vista: aquí el narrador es el hijo que se fue, el hijo que mira hacia atrás y rebobina desde la distancia, desde la despedida, la brecha de tiempo y espacio que lo separa del purgatorio familiar.
Es la lucidez implacable de su voz, el sacrificio de la inocencia que desemboca en autopsia psicológica y retrato desolador del patriarca imponente y la tiranía con que gobierna su casa.
Profundidad y matices «humanos»
El hijo que comprende a distancia la sumisión de la madre, y se sorprende ante sus pequeños gestos de rebeldía, hasta acaso comprender que el poder secreto, el magnetismo que mantenía unida la familia pese a que cayeran las pantomimas sociales por los episodios de violencia, era ella. Siempre ella, que no rebatía, que acataba, que se otorgaba la libertad de algunas llamadas telefónicas, una amiga independiente, un trabajo provisorio por gusto y poco más.
Hay una serenidad a prueba de terremotos, un coraje frío que ilumina los juegos de poder explícitos e implícitos del régimen paterno, en la forma de narrar, de extendernos el espejo trizado de esta familia para rememorar a la propia o tratar de entender qué falló o qué se puede hacer para no vivir solo de escombros.
La necesidad de emanciparse de la madre es acaso algo que aquí el lector necesita más que el personaje, cuyas contradicciones y decisiones son todo menos planas; delicadas, dolorosas, tajantes, toda acción aquí está cargada de profundidad y matices humanos, demasiado humanos.
Es un ajuste de cuentas, una especie de Proust dialoga con Macchiavello en la sobremesa dominical, pero con una condensación, con un estilo depurado y revelador que nos ayuda a recorrer el purgatorio de esta familia con un guía que se ahorra todo comentario innecesario, toda diversión fútil.
Una novela familiar italiana para contratacar la herencia del patriarcado reaccionario, para desmantelar todo el dolor absurdo, la procacidad en altavoz y los silencios que quedan rebotando cuando los hijos ya han partido y un padre y una madre ya no saben qué hacer o cómo comunicarse con la que era carne de su carne.
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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y también el de brigadista forestal.
En la actualidad reside en la ciudad Puerto Varas, y hace cinco años publicó su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura y director de la revista Crisol.


Imagen destacada: Andrea Bajani.


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