Protagonizado por una estupenda Carmen Maura, el filme de la realizadora marroquí Maryam Touzani reflexiona sobre la relación entre el hogar y la identidad, y en torno a la importancia de ese vínculo para dar continuidad a la propia existencia.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 23.8.2026
Calle Málaga, estrenada en 2025 en el Festival de Venecia, donde obtuvo el premio del público de la sección Venezia Spotlight, sigue a María Ángeles, una mujer española de 79 años interpretada por Carmen Maura que ha vivido prácticamente toda su vida en Tánger.
La película abre acompañándola en una rutina que parece perfectamente asentada. La vemos caminar por las calles donde todos parecen conocerla, visitar el cementerio, volver a su departamento, regar sus plantas y escuchar música en su tocadiscos hasta quedarse medio dormida. Hay algo profundamente doméstico en estos primeros minutos, como si Maryam Touzani (1980) quisiera mostrarnos todo aquello que convierte ese lugar en un hogar antes de que María comience a perderlo.
Con todo, la llegada de su hija Clara, interpretada por Marta Etura, interrumpe esta rutina. Con problemas económicos y la intención de comprar una casa en las afueras de Madrid, ha decidido vender el departamento donde vive su madre, que está a nombre suyo.
De pronto, María se enfrenta a dos posibilidades que otros han escogido por ella: marcharse a España con su hija o permanecer en Tánger en una residencia para ancianos. La venta de la casa implica también desprenderse de sus muebles y de los objetos que han acompañado su vida.
Es una historia de desarraigo, un tema que adquiere un significado particular dentro de la filmografía de Maryam Touzani. La realizadora marroquí había dirigido anteriormente Adam (2019), centrada en una joven embarazada y su exclusión social, y El caftán azul (2022), acerca de un matrimonio cuya vida se transforma con la llegada de un joven aprendiz al taller familiar.
Así, en ambas películas existe una atención especial hacia personajes cuyas vidas quedan fuera de ciertas expectativas sociales. Calle Málaga, su primer filme realizado predominantemente en español, desplaza esa mirada hacia la vejez.
Un tiempo suspendido
María pierde autonomía cuando quienes la rodean comienzan a decidir que ya no puede hacerse cargo de su propia vida. Su edad se convierte para los demás en una justificación para organizar su futuro sin consultarla.
Touzani podría haber construido desde ahí una película enteramente melancólica sobre el paso del tiempo, pero lo que hace es algo más vital. La pérdida despierta en María un deseo cada vez más obstinado de seguir viviendo.
Durante buena parte del filme, María parece habitar un tiempo suspendido. No quiere que llegue ese futuro en que su departamento habrá sido vendido y sus cosas pertenecerán a desconocidos. Se aferra a sus recuerdos, aunque poco a poco comienza también a construir otros nuevos.
Ahí está, para mí, una de las ideas más interesantes de Calle Málaga. Su deseo de conservar y recuperar su hogar no implica un refugio en el pasado. La casa forma parte de su identidad y, precisamente por eso, se vuelve fundamental para que pueda continuar involucrándose con el presente.
Gran parte de esa transformación descansa en Carmen Maura. La película se apoya en sus silencios y en todo aquello que María decide no decir. Rara vez la vemos explicar abiertamente su enojo. Su resistencia aparece en acciones mucho más pequeñas. Sale, organiza fiestas, monta un negocio de comida durante los partidos de fútbol y vuelve a enamorarse.
Con cada una de esas acciones, María recupera parte de la vida que otros habían comenzado a decidir por ella.
Maura deja que el cuerpo de María exprese aquello que el personaje calla. Su manera de moverse por la casa, de mirar los objetos que van desapareciendo y de ocupar nuevamente las calles hace visible una negativa a convertirse en una figura pasiva. La ciudad tampoco funciona únicamente como el lugar de sus recuerdos. Es la comunidad en la que todavía puede participar y encontrar nuevas formas de pertenencia.
Por eso Calle Málaga resulta más interesante cuando se aleja de una mirada puramente nostálgica sobre la vejez. Touzani no niega la pérdida ni pretende detener el tiempo. Hacia el final, el filme adquiere un tono más agridulce y recuerda que ese presente suspendido no puede mantenerse para siempre. María no puede conservar intacto el mundo en el que ha vivido. Lo que sí puede hacer es decidir cómo seguir habitándolo mientras todavía sea suyo.
En ese gesto aparece la sensibilidad que atravesaba también las películas anteriores de Touzani. Incluso en medio del dolor, sus personajes conservan una capacidad para encontrar afecto y deseo. Calle Málaga reflexiona sobre la relación entre el hogar y la identidad, y sobre la importancia de ese vínculo para dar continuidad a la propia vida.
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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

Tráiler:

Imagen destacada: Calle Málaga (2025).


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