[Ensayo] «La odisea»: Las claves literarias de una traslación audiovisual

El filme de Christopher Nolan es un largometraje épico que es parcialmente fiel a la estructura y al sentido original del texto homérico. Por este motivo, quizás sea más apreciado por personas que desconocen la obra que por los expertos en el canon clásico a quienes no necesariamente va a convencer la reinterpretación de Ulises como un héroe marcado por la culpa en vez de por la gloria.

Por Isabel Margarita Jordán

Publicado el 27.7.2026

La odisea (2026), escrita y dirigida por Christopher Nolan, es, probablemente, una de las películas más importantes que se han estrenado este año. A grandes rasgos, mantiene la trama del poema homérico, que trata sobre el difícil retorno de Odiseo (Ulises) a su patria, Ítaca, tras el fin de la guerra de Troya.

Ahora bien, a diferencia de la epopeya griega que destaca constantemente la astucia del mítico Odiseo para superar las dificultades, la versión de Nolan se enfoca principalmente en reflexionar sobre las terribles consecuencias de la guerra de Troya en la sociedad y, particularmente, en Odiseo quien, abrumado por el remordimiento, ha olvidado su historia y su identidad.

Respecto al análisis de la película, uno de los aspectos más llamativos es el orden en que se le presentan los acontecimientos al espectador. En general, el desorden cronológico es algo característico de la filmografía de Nolan, pero también es propio del texto literario, el cual está narrado in medias res.

Nolan, no obstante, desordena aún más el relato para darle mayor intensidad a la acción. Así, al comienzo del filme, el director británico intercala escenas de la Telemaquia, de Odiseo en la isla de Calipso y algunos flashbacks sobre el caballo de Troya.

En el libro, en cambio, la acción posee un ritmo mucho más pausado, pues la Telemaquia se narra desde la rapsodia I hasta la IV, mientras que la situación de Odiseo en la isla de Ogigia recién se describe con detalle en la rapsodia V.

Además, Nolan cambia el receptor del relato de Odiseo, pues el racconto sobre todo lo que le ocurrió al héroe de la guerra de Troya no es escuchado por los feacios, personajes inexistentes en el largometraje, sino por Calipso, quien incita al protagonista a recordar tras haberle suministrado flores de loto durante años con el objetivo de hacerle olvidar el trauma de la guerra.

 

Aún más malvado que en el poema

La eliminación o traslación de ciertos episodios del texto original que realiza Nolan en el guion es comprensible, pues sería muy ambicioso pretender adaptar íntegramente la epopeya y hacer una película de una extensión razonable.

En este sentido, es preciso considerar que, pese a la eliminación de ciertos episodios —la visita de Telémaco a la casa de Néstor, el encuentro de Odiseo y Nausícaa, su estadía en el palacio de los feacios, las conversaciones de Odiseo con Anticlea y Aquiles en el Hades, su visita a la casa de Laertes, entre otros—, el filme dura tres horas.

Por otra parte, parece que Nolan modificó la historia para adecuarla al gusto de una audiencia más contemporánea. Por ejemplo, eliminó el diálogo en el que Telémaco le dice a su madre, en la rapsodia I, que deje en paz a Femio, el aedo, que se dedique a las labores domésticas y que hablar es una prerrogativa propia de los hombres y, sobre todo, de él, quien posee el poder en su hogar.

En cambio, en la versión de Nolan la situación se invierte, pues es Penélope quien increpa a su hijo y señala que ella debería reinar en Ítaca. Probablemente, el director realiza este cambio para fortalecer la imagen de la mujer frente a la del varón, de acuerdo con la mentalidad propia de nuestra época. Algo similar ocurre en la escena de Circe. En este caso, el realizador británico le atribuye a la bruja una rabia ante la violencia masculina que no existe en la Circe literaria.

Sin embargo, hay algunas variaciones que parecen responder a otras finalidades. Por ejemplo, Nolan hace coincidir la anagnórisis o reconocimiento de Argos con el de Telémaco, lo que le concede un ritmo más ágil a la historia. En cuanto a la anagnórisis de Penélope, el guion omite la prueba con la que ella pretende comprobar la identidad de su esposo, la cual consiste básicamente en detectar si quien dice llamarse Odiseo sabe o no que su cama matrimonial no se puede mover de la habitación.

En el filme, en cambio, la cama es reemplazada por un supuesto broche que Penélope le habría entregado a Odiseo antes de partir a Troya y que este le devuelve tras asesinar a los pretendientes. Aunque la situación es diferente, el cambio funciona, pues mantiene casi intacto el sentido de la prueba original.

Por último, hay ciertas invenciones que parecen tener como objetivo concederle mayor profundidad psicológica a los personajes, como la historia según la cual Sinón (personaje que no existe en La odisea) habría ido a la guerra después de haber sido engañado por Antínoo para que ocupara su lugar. De esta manera, el pretendiente parece aún más malvado que en el poema.

En lo que respecta al lenguaje, Nolan simplificó bastante el texto original y le restó lirismo al omitir algunos recursos poéticos como los epítetos (frases que caracterizan a los personajes, tales como «Atenea, la de los ojos de lechuza»). Asimismo, los personajes usan un registro lingüístico bastante informal, pues incluso dicen garabatos en algunas ocasiones.

Con todo, el tipo de lenguaje que usa Nolan facilita mucho la comprensión de la historia. El texto homérico, en cambio, resulta bastante más arduo para algunos receptores, lo que explica, en parte, que muchos de ellos no se interesen por los clásicos. En cualquier caso, un posible efecto positivo de la película del realizador inglés, pese a su modesto nivel sintáctico y léxico, podría ser suscitar interés en los espectadores por leer la fuente original.

 

El valor moral de un filme

Ahora bien, hay algunos diálogos valiosos en el guion, aunque más por su sentido que por su belleza. Una de las escenas más significativas es aquella en la que Atenea le explica a Odiseo que los dioses son los motores que mueven el universo, pese a que los hombres no siempre sepan identificar ni comprender claramente las señales de la presencia divina.

Esto contribuye a otorgarles algo de credibilidad a las intervenciones de Poseidón y de Helios en el filme, pues, aunque estos dioses no son encarnados por actores, sí intervienen en la acción a través de la naturaleza.

Así, se nos da a entender que la tempestad que provoca la muerte de los tripulantes de Odiseo y el naufragio del protagonista es un castigo de los dioses por crímenes como haber dejado ciego a Polifemo, hijo de Poseidón, y haberse comido las vacas sagradas del dios del sol.

En esta línea, Atenea también le indica claramente a Odiseo que los hombres son responsables de las desgracias que les ocurren y que deben enfrentar las consecuencias, lo que contribuye a darle un valor moral a la obra audiovisual. Cabe señalar que ambas ideas también están presentes en la epopeya clásica.

En cuanto al aspecto más técnico de la película, hay varios personajes y situaciones muy bien representados. Cabe destacar, por ejemplo, la escena de Polifemo, el cíclope, o la transformación de los tripulantes en cerdos en la cabaña de Circe. Por otro lado, la banda sonora de Ludwig Göransson es muy interesante, pese a que tiene un sonido muy diferente al de otras películas épicas similares debido a la antigüedad de los instrumentos utilizados. En general, las canciones contribuyen a subrayar los sentimientos que experimentan los personajes.

Por ejemplo, el tema Let’s Go Home parece transmitir inicialmente la emoción que sienten los tripulantes de Odiseo por volver a casa tras la guerra de Troya, pero rápidamente la música se vuelve inquietante, dando a entender que el regreso o nostos no va a ser tan sencillo ni breve como ellos esperaban.

Otra muestra es Odysseus, un tema muy melancólico que suena precisamente mientras el protagonista le explica a Penélope cómo fue consumido por la culpa tras haber violado las leyes de los dioses en la guerra de Troya. Por otra parte, la aceleración de los sonidos en canciones como Troy o Vengeance representa la tensión de la conquista y la matanza de los pretendientes, respectivamente.

En conclusión, La odisea es una película épica que es parcialmente fiel a la estructura y al sentido original del texto homérico. Por este motivo, quizás sea más apreciada por personas que desconocen la obra que por los expertos en literatura clásica a quienes no necesariamente va a convencer la reinterpretación de Odiseo como un héroe marcado por la culpa en vez de por la gloria.

De todas formas, es un filme que vale la pena ver y oír en el cine por su espectacularidad técnica y por las preguntas que suscita respecto a la literatura y su relación con el formato audiovisual.

 

 

 

 

 

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Isabel Margarita Jordán Ibarra es licenciada en filosofía y literatura por la Universidad de los Andes (Chile) y magíster en literatura por la Universidad de Chile.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Isabel Margarita Jordán

 

 

Imagen destacada: La odisea (2026).

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