[Ensayo] «París, Texas»: La presencia de Michelangelo Antonioni

Cualquier buen cinéfilo apreciará que es palmaria en esta cinta la presencia de la obra del llamado maestro de Ferrara, en especial de su película «Desierto rojo», sobre todo en lo relativo a los silencios, la incomunicación por la renuncia expresa a hacerlo, el sufrimiento existencial, la visión desolada del mundo moderno y la angustia sin solución.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 10.9.2026

Una de las películas más prestigiosas de la década de los 80, ganadora de la Palma de Oro de Cannes. Dirigida por Wim Wenders, perteneciente a un movimiento renovador del cine germano en los años anteriores junto con Rainer Werner Fassbinder y Werner Herzog entre otros llamado «Nuevo cine alemán».

Autor prolífico, destacan entre sus largometrajes diversas adaptaciones literarias como El miedo del portero ante el penalti, de Peter Handke; La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne; El amigo americano, de Patricia Highsmith. Así como colaboraciones de los más consagrados directores de cine tales como Nicholas Ray en Relámpago sobre el agua y Michelangelo Antonioni en Más allá de las nubes.

Se admite que es el cineasta tudesco más cercano a la cultura americana, por ejemplo, en este filme, rodado con actores estadounidenses en paisajes de California y Texas. Muy interesado en explorar la influencia de la vida yanqui en la Alemania de postguerra.

Cualquier buen cinéfilo apreciará que es palmaria en esta cinta la presencia de la obra de Antonioni, en especial de su película Desierto rojo, sobre todo en lo relativo a los silencios, la incomunicación por la renuncia expresa a hacerlo, el sufrimiento existencial, la visión desolada del mundo moderno y la angustia sin solución.

Es de destacar asimismo en esta road movie o relato de carretera el tratamiento cromático: los rojos, los verdes, naranjas y morados aparecen en la historia con una gran eficacia dramática para señalar la desolación y el naufragio psíquico de los personajes.

Dos apuntes curiosos: la presencia en el celuloide del realizador austriaco Bernard Wicki, regidor de obras como El puente y El día más largo. También la acertada música de Ry Cooder, cuyo famoso punteo de guitarra dio la vuelta al mundo.

La película está dedicada a observar la ruptura irremediable de una pareja, que produce un gran resquebrajamiento en las vidas de sus miembros. De la cinta Super 8 que muestra una familia feliz durante unas vacaciones a los diálogos finales, hay una trayectoria desencadenada por algo muy doloroso que ocurrió y al parecer resulta insuperable.

 

Hablarle a ella sin mirarla

Según el personaje de Travis lo sucedido fue que la relación entre ambos cambió. Por parte de él aparecieron el alcohol, los celos, los deseos de atención exclusiva como si fuera un niño y la necesidad de posesión completa de la esposa.

En el caso de Jane, sentimientos de atrapamiento desde el nacimiento del hijo con el consiguiente imperio de huir. Esta tensión provoca que Travis ate a su mujer para que no escape justo la noche del incendio en la caravana. Hecho duro que desencadena un torrente de cuestiones: ¿qué pasó esa noche?; ¿quién quemó la casa?; ¿trató Jane de asesinar a Travis y huyó con el hijo?; ¿trató simplemente de salvar la propia vida y la del niño?; ¿por qué no avisó a su marido?; ¿o le avisó y estaba borracho por lo que no la oyó?

Los espectadores no sabemos lo sucedido, pero sí tenemos la convicción de que fue algo muy grave que produjo dos destierros divergentes. Tan grave que durante el encuentro en el peep show, Travis solo se atreve a hablarle a ella sin mirarla, dando la espalda al cristal.

A Jane le ocurre lo mismo y cuando puede mirar a su marido, se da la vuelta. Al final hay un acuerdo para unir a la madre con el hijo, pero no para conciliar la pareja de nuevo. Esa relación está fracturada y no es posible curarla.

Para Travis el choque fue tan profundo que ha vagado cuatro años sin rumbo, mutista, aislado, sin voluntad de referir a nadie un sufrimiento incomunicable.

Cuando su hermano Walter acude a recogerlo al pueblo de Terlingua, en pleno desierto, sabe que ya no puede volver a su vida anterior. Su única salida es París, Texas. Es decir, el comienzo desde cero, el regreso al lugar donde fue concebido por sus padres, pero al saber que su hijo Hunter está con Walter y su mujer Ana, y que se desconoce el paradero de Jane, entiende que debe afrontar este ciclo de sufrimiento antes de renacer. Tiene que reunir a Hunter con Jane, debe restañar en parte la herida de la familia.

Travis, bebedor y celoso, se siente responsable de la catástrofe acaecida. Este sentimiento le excluye de la reunificación.

El encuentro de madre e hijo significa para Travis lo mismo que París, Texas el renacimiento, la purificación, el fin de trayecto y el comienzo de uno nuevo. A Jane, el deseo de escapar la lleva de trampa en trampa a la prostitución, alejada del niño y sintiéndose culpable de ello. Es de suponer, por tanto, que el reencuentro la haga abandonar su actividad actual.

Hunter es un infante despierto que reacciona frente a Travis como un vástago abandonado. Primero, rechaza al padre, luego lo acepta y al final lo pierde otra vez. El espectador desconoce cómo le afectará esto último y si la recuperación de una madre compensará esta nueva pérdida. Es curiosa la forma (no sin ironía) en la que Hunter le dice a su amigo que tiene dos padres «por suerte», Travis y su tío Walter.

Una secuencia muy significativa es aquella en la que un desharrapado profeta predica en el puente de cemento de la autopista de una ciudad de automóviles, una Houston futurista, sin contacto humano. Travis, al pasar, lo toca y con eso demuestra que emocionalmente comprende su desesperación, resumiendo en ese gesto toda la película.

 

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: Paris, Texas (1984).

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