Los versos como un puente que atraviesa el paisaje de la experiencia hacia la dimensión interior, ese reino donde el idioma y la conciencia llevan a cabo su particular tira y afloja entre las palabras y el silencio. De allí brota la música conjurada por la autora española Pilar Adón.
Por Alfonso Matus Santa Cruz
Publicado el 13.6.2026
Los materiales de una vida, las idas y vueltas, afirmaciones y preguntas, viajes y épocas de quietud, de sentirse anudado a la tierra, al deseo, a la memoria o la sed de eso otro que nunca alcanzamos a nombrar.
Así, el arco vital de una obra poética, cuando el poeta incursiona con valentía y disposición a quemar sus propios sesgos, sus límites aparentes, hasta sus herencias y lecturas, se asemeja, a veces, al de un asceta: es, de cierto modo, hacer arte del silencio, música del silencio. La voz que nace nunca es nuestra, pero revela algo:
«El amor en bruto no sirve. / Hay que dosificarlo. / Saber domarlo y repartirlo / hasta que se extinga».
Los versos son cosecha de Pilar Adón (Madrid, 1971), escritora española con una obra narrativa y poética de fuste y envergadura, una de las voces más vigentes y distintivas de la literatura hispana. Esos versos no solo se leen, se han vivido.
En efecto, la experiencia, las lecturas, las tentativas del deseo, el desengaño, la profundidad introspectiva, la memoria familiar, la muerte y el duelo: todos los temas que tocan una vida, que nos conmueven y apalean o iluminan por momentos, atraviesan el arco vital de su obra poética reunida en Las huidas. Poesía 1998 – 2024, publicada por la editorial La Bella Varsovia, que cuenta con un iluminador posfacio de su editora Elena Medel.
Un libro de libros que antologa sus nueve poemarios, desde Poems Nipples (1998) hasta el reciente Atractivo carnal (2024).
Como toda antología pensada con cuidado y en colaboración con la propia autora esta selección nos guía por todos los atajos y meandros, por las sendas a la intemperie y las reclusiones, de una voz atenta, honesta no en lo fácil, sino en las sutilezas psicológicas que anudan el pecho y punzan la conciencia.
Es un verbo que sabe a sudor y barro, a observación precisa que decanta en reflexión, en paseos hacia las orillas de nuestra oscuridad, pero también de esa potencia humana que es la creación, la forja de una belleza que nos permite respirar.
La bruma y la pulsión animal de un cuerpo
En la primera fase de su producción son las lecturas y la contemplación, los paseos por París o el Museo Británico, los cuadros o las lecturas de La señora Dalloway y de Faulkner, entre otros, lo que asoma y entrama una voz ya madura, consciente de sus derroches y sus puntos ciegos.
Con todo, es el golpe de realidad, la acumulación sintáctica de lo que deslumbra y la interpela, pero también el anuncio de un algo incómodo, ajeno, de lo que huye y se empapa; acaso ese desdoblamiento, esa herida transparente que se va abriendo dentro nuestro, exigiéndonos que la habitemos y le hagamos justicia:
«No puedo interrumpir ahora la huida. Iniciada está y seguiré. / Las piernas no mías me orientan. / Observador de mi escasez, háblame. / ¿Cómo sabré que puedo detenerme?».
Ese diálogo interno que echó a andar ya no la abandonará y alcanzará nuevas cotas, de elevación y hondura, en los poemarios del mezzo del cammin de nostra vita, que van desde De la mano iremos al bosque (2010) hasta Mente animal (2014).
Así, en este período que comprende tres poemarios se inaugura la bruma y la pulsión animal de un cuerpo y una mente ya adentrada en la selva de la adultez. Lo bucólico y las referencias a la infancia y la adolescencia ceden terreno a la ambigüedad y la contrariedad que implica vivir asediada por obligaciones y responsabilidades que cada vez queman desde más cerca.
Son los lazos familiares, la llamada a cuidar al padre, la erosión del tiempo y los guijarros que la memoria va dejando en la orilla de la percepción lo que da cuerpo a sus versos breves que entraman gallinas, enebros y calcetines azules; son retazos, islas de recuerdos que provocan una convicción cruda y reveladora:
«Hay quien lo vive y luego lo envuelve. / Hay quien lo vive y se queda siempre ahí».
La poesía como un puente que atraviesa el paisaje de la experiencia hacia la dimensión interior, ese reino donde el lenguaje y la conciencia llevan a cabo su particular tira y afloja entre la lengua y el silencio. De allí brota música.
Y la música que conjura Pilar Adón en sus últimos tres poemarios —Las órdenes (2018), Da dolor (2020) y Atractivo carnal (2024)— es cada vez más cruda, voz bruñida y despojada de máscaras.
Su diana son los huesos, calar el deseo y tallar eso espiritual que no podemos nombrar desde el lenguaje literal. Las cosas sólidas ceden, la reflexión se asienta y las preguntas decantan en una afirmación a baja voz: «Para qué seguir puede ser la pregunta más incorrecta, / pero es la única».
Una pregunta que es a la vez afirmación. Acaso de esa materia está hecha la poesía que se decide a abandonar los dominios de la nada para recalar en las orillas de este continente que llamamos literatura. Siguiendo la estela de algunas de sus mayores influencias, como Louise Glück, Anne Carson y María Zambrano, Pilar Adón desemboca en un territorio de susurros tersos, el viento y el canto de las alondras que tocan la ventana de su casa en las rocas.
Hay una espiritualidad heterodoxa, sui generis, un manar del verbo ya casado con un estilo propio, depurado, que hace del último tramo de su obra, poesía que acompaña en la soledad, que clava sus verdades y dudas en el lienzo de nuestro silencio y nos pregunta si estamos dispuestos a seguir, si nuestra fuga ya está en marcha.
***
Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.
Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura y director de la revista Crisol.


Imagen destacada: Pilar Adón.

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