[Crítica] «Tres amigas»: Una comedia moral sobre las formas de amar

La obra audiovisual del realizador francés Emmanuel Mouret —presente por estos días en la cartelera de las salas locales—, logra mantener una estética cinematográfica propia al lograr transformar un conjunto de enredos pasionales en una reflexión ligera, dolorosa y a ratos muy lúcida, acerca de las maneras contradictorias en que las personas intentan vincularse, con el fin de hallar el esquivo afecto sentimental.

Por Camila Gordillo Varas

Publicado el 5.6.2026

El filme Tres amigas, del director galo Emmanuel Mouret, fue estrenado en 2024 y presentado en el Festival de Venecia, donde compitió por el León de Oro.

La cinta se inscribe en una tradición muy francesa de comedias dramáticas morales o relatos sentimentales, en la medida en que retrata la historia de tres mujeres con distintas concepciones sobre el amor, la pareja y el deseo. A través de sus vínculos, la película tensiona esas posturas y deja al espectador la posibilidad de discutir cuál de ellas resulta más convincente, si es que alguna realmente lo es.

Así, la historia inicia con Joan, una mujer de alrededor de 40 años que está en pareja con Victor, con quien tiene una hija llamada Nina.

Joan le confiesa a su amiga Alice, que ya no siente un amor genuino por él y que lo que permanece es la costumbre y una culpa persistente, porque le pesa vivir en una relación donde Víctor la ama más de lo que ella puede corresponderle.

En esa línea, Alice, que tiene una postura muy distinta frente al amor, le aconseja no dramatizar demasiado la situación. Para ella, la estabilidad de una pareja no depende necesariamente de la pasión, sino de otros afectos más duraderos, como la ternura y la compañía. Su propia relación con Éric se sostiene en esa idea, puesto que no está marcada por una pasión intensa, pero sí por una forma de convivencia que ella considera sólida.

Aparece entonces una primera tensión entre estas amigas. Joan busca un amor más pleno, más auténtico y quizás, más ideal, mientras que Alice defiende una visión más pragmática de la vida en pareja. La tercera amiga, Rebecca, parece ocupar una posición diferente a ambas. Es más impulsiva, más inquieta, y confiesa que está saliendo con un hombre casado o comprometido, a quien oculta bajo cierto misterio.

El giro es que ese hombre resulta ser… Este último personaje representa así una concepción del amor ligada a la aventura y al deseo, en el cual el amor puede presentarse incluso de manera egoísta en el secreto. Estas tres posiciones son las que la película desarrolla mediante giros cómicos, dramáticos e incluso nostálgicos.

 

El duelo, la culpa no clausurada y la voz del fantasma

El punto de quiebre ocurre cuando Joan decide ser honesta con Victor y decirle que ya no lo ama. Ella no sigue el consejo de Alice y elige enfrentar la verdad de su relación, lo que causa que Victor quede devastado e intentando procesar la confesión, beba demasiado y muera en un accidente de auto.

Aquella tragedia deja a Joan profundamente marcada por la culpa, porque siente que su sinceridad o su deseo de separarse precipitaron la muerte de su pareja.

Uno de los recursos más interesantes de la película es el uso de una voz en off masculina que narra gran parte de la historia. Durante un tramo significativo no sabemos con claridad quién habla, aunque esa voz describe los sentimientos y acciones de los personajes.

Más adelante se revela que se trata de… Por tanto, hay ahí un elemento cercano a la fantasía sentimental, porque el narrador es un fantasma que observa lo que ocurre después de su muerte y reflexiona de esta manera, sobre la vida, el amor y el duelo.

Este recurso acompaña especialmente la historia de Joan, sus aventuras con otros hombres y su búsqueda de una nueva forma de amar después de la pérdida. El fantasma incluso aparece en algunas escenas y conversa con ella, permitiendo que el filme aborde la culpa sin hundirse por completo en el melodrama. Este elemento cinematográfico aliviana la tragedia y ayuda a suturar, de algún modo, el pasado no clausurado de esa relación.

 

Certezas amorosas en crisis

Resulta interesante que la película construya a sus tres protagonistas como figuras que encarnan distintas ideas sobre el amor: una quizás demasiado idealista, otra demasiado práctica y otra demasiado entregada al deseo. Sin embargo, ninguna postura queda completamente validada, dado que el filme se encarga de demostrar que la honestidad puede herir, la estabilidad puede esconder fisuras y mentiras, y la pasión puede volverse egoísta o pasajera.

Las derivas de estos tres personajes y sus enredos amorosos se presentan desde la ironía, el drama y la comedia, con un tono muy reconocible dentro del cine francés.

En ese sentido, Tres amigas recuerda a ciertas películas de Éric Rohmer, donde la acción principal no está solamente en lo que ocurre, sino en la manera en que los personajes razonan, justifican o contradicen sus propios deseos.

La vida los sitúa en circunstancias que desmienten sus propios discursos sobre el amor, la fidelidad y la pareja. Mouret no castiga ni absuelve a sus personajes de manera burda; más bien los observa con una ironía suave y con un tono tragicómico.

Por la razón anterior, para los espectadores asiduos al cine francés, la película puede funcionar como una evocación de Rohmer, aunque desde una forma más teatral, melodramática y artificiosa. También aparecen ciertos matices que recuerdan a Woody Allen, especialmente en la estructura de comedia coral, los cruces sentimentales y la incorporación de un elemento fantástico.

De todas maneras, Tres amigas logra sostener una identidad propia al transformar un conjunto de enredos amorosos en una reflexión ligera, dolorosa y a ratos muy lúcida sobre las maneras contradictorias en que las personas intentan amar y encontrar amor.

No obstante, el límite de la película aparece, quizás, en que no se arriesga demasiado con esas contradicciones. Aunque propone un mapa atractivo de posturas frente al amor, como la búsqueda de autenticidad, la estabilidad afectiva y el deseo como aventura, termina recorriendo un camino bastante convencional.

Sus conflictos se ordenan apropiadamente, pero rara vez incomodan o tensionan al espectador de manera profunda. El filme parece más interesado en observar con suavidad las oscilaciones sentimentales de sus personajes que en llevar sus dilemas hacia zonas realmente reveladoras.

Por eso, Tres amigas funciona mejor como una comedia moral ligera que como una exploración radical del amor contemporáneo. Tiene una premisa sugestiva y una estructura clara, pero su mirada permanece dentro de un terreno convencional.

Mouret plantea contradicciones interesantes, aunque finalmente las resuelve o las deja circular, sin demasiada incomodidad o profundidad. El resultado es una película algo previsible, más sugerente en su punto de partida que en la profundidad de su desarrollo.

 

 

 

 

 

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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Camila Gordillo Varas

 

 

Imagen destacada: Tres amigas (2024).

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