[Ensayo] «Si lo hubiera sabido…»: La poesía estremecida

Portada del libro "Si lo hubiera sabido" de Gustavo Gac-Artigas, junto a retrato del autor, hombre mayor con barba gris y

El libro del autor chileno Gustavo Gac-Artigas es una obra valiente, y sus adoloridas páginas corresponden a un réquiem por los ideales perdidos y también a una denuncia artística y literaria en contra de todos los fanatismos fermentados en el seno del torturado siglo XX.

Por Pedro Enríquez

Publicado el 26.4.2026

En la vasta tradición de la poesía como testimonio, pocas obras se atreven a asumir la carga que Gustavo Gac-Artigas (Chile, 1944) nos presenta en Si lo hubiera sabido…, publicado por Valparaíso Ediciones. Este no es un libro de poemas para el deleite estético; es un tribunal. Es un «mapamundi del horror» que nos obliga a mirar de frente las grandes infamias ideológicas que han desangrado a la humanidad.

a ti, / lector, / te invito a viajar por este mapamundi del horror
a ti, /inmolado, / perdóname por sacarte del olvido
a ti, / mi hermano, / dame tu fuerza
yo te entrego mi pluma / antes de caminar hacia el olvido.

Desde su «Invitación» inicial, Gac-Artigas subvierte la idea del verso como simple alivio. Aquí, el poeta «no puede callar». Nos suplica, como lectores, que no nos defendamos, que prestemos nuestro canto y nuestra pluma para romper el silencio que nos permite dormir.

El título mismo, Si lo hubiera sabido…, resuena como el lamento del testigo, del sobreviviente y, quizás, del cómplice que alguna vez creyó.

INVITACIÓN

te invito a cantar conmigo / lo sé
el verso se supone cura, alivia el alma, supera el dolor
pero hay veces en que el verso / se desangra, sufre,
tiempos en que la infamia es tan grande que lo alcanza y
el poeta no puede callar / no es él quien se desangra
es la humanidad
te invito a curar las heridas
sube a cantar conmigo, hermano,
préstame tu canto y tu pluma.

La estructura del libro es una procesión de siete cantos, siete «mantos»: siete ideologías o sistemas de poder que, bajo promesas de justicia o pureza, sembraron el terror.

 

Canto 1: El manto rojo

El primer canto comienza con el verso / reflexión si lo hubiera sabido… y disecciona sin piedad el sueño comunista, simbolizado en la hoz y el martillo. Gac-Artigas habla desde la desilusión de quien creyó: «creí / creímos / tenía que creer». La justificación era noble («no se podía vivir en la injusticia»), pero el resultado fue el horror como «rumores» que se materializaron en el Gulag y el Holodomor en Ucrania.

todo era de todos / todo menos la libertad encadenada
bajo el sueño / creí / creímos / tenía que creer
teníamos que creer / no se podía vivir en la injusticia
era preferible vivir en la ceguera
el horror eran rumores / propaganda del enemigo
creí / y me enviaron a un campo de concentración
a un gulag / a un centro de reeducación.

Este «manto» no se limita a la Unión Soviética. El poeta extiende la mancha roja a los centros de reeducación en Cuba, a los gulags en Rusia, y al dolor en Nicaragua y Caracas. La verdadera tragedia que expone Gac-Artigas no es solo la cárcel o la tortura, sino «la destrucción / de nuestros ideales».

 

Canto 2: El manto pardo

El segundo canto nos traslada al horror del nazismo, el «manto pardo». Iniciando con la ominosa fecha de 1933 y el incendio del Reichstag, el poeta evoca el «heil» de la sumisión y la locura de la pureza racial. Gac-Artigas humaniza la estadística del genocidio al recordarnos a la niña en la buhardilla (Ana Frank) y los «cristales rotos» de Berlín.

se tembló en europa / se tembló en el mundo
en ámsterdam, / nombre mágico para un niño en chile,
en una buhardilla, una niña temblaba,
no de miedo / de amor / su joven cuerpo
abriéndose a la vida / las calles de berlín
se tapizaron de cristales / jude
se leía en ellos / las botas trituraban los cristales
creando mosaicos de muerte / mosaicos de terror.

El poeta conecta este horror con otros: «la noche de los lápices en Argentina» y el genocidio armenio de 1915:

se encendieron las antorchas
iluminaron la noche parda
se alimentaron las hogueras de la ignorancia
quemaron los libros
al igual que años más tarde lo hicieran en Chile.

Pero el canto no se queda en el pasado. Se estrella contra el presente, denunciando la respuesta a la masacre de Hamás con la muerte de 36 mil 000 palestinos en Gaza, señalando el uso de inteligencia artificial como «Lavanda» y «Where is daddy?». La conclusión es una de las más terribles del libro: «el manto pardo tiene imitadores / incluso entre sus víctimas».

érase el año de desgracia 2024
en Gaza han muerto 36000 palestinos
una niña / un niño / una madre / un anciano
una adolescente abriéndose a la vida
una adolescente abrazada por la muerte
con olor a lavanda / la muerte huele.

 

Canto 3: El manto rojo verde blanco y negro

Este canto aborda el fanatismo del yihadismo radical. Los colores de las banderas se mezclan con «el terror divino» y la «obligación de dar muerte al infiel». Gac-Artigas identifica al «ser pensante» como el enemigo principal y a la violencia como el «lenguaje universal / el esperanto del terror».

el manto rojo verde blanco y negro / se vistió de violencia
el lenguaje universal / el esperanto del terror
los colores se escondieron / era la manta negra del terrorismo
cubriendo el mundo.

El poeta denuncia la esclavitud de la mujer y la promesa perversa de las «72 vírgenes». Sin embargo, Gac-Artigas traza una línea crucial de humanismo: «no es el islam / es el fanatismo». Es la «ciega sed de venganza», el «califato de la maldad», lo que el poeta condena.

los terroristas salen de sus madrigueras
les surgen alas / navegan por el cielo / para destruir al enemigo
explotan sus cuerpos / para llevarse con ellos al enemigo
no es el islam / es el fanatismo
nunca es una religión / siempre es el fanatismo.

 

Canto 4: El manto de franjas y estrellas

El cuarto canto se vuelve hacia el imperialismo estadounidense. Gac-Artigas expone la contradicción fundacional de una nación que, «escapando de la persecución, traía el imperio en su sangre».

Con todo, este es el manto de la hipocresía: «combatieron para liberarse / combatieron para dominar». El poeta señala los pecados originales del esclavismo y la política exterior que «defiende al autócrata si sirve a mis intereses». El «billete verde» y la «arrogancia del que se cree superior» completan este retrato de un poder que, en su defensa de la democracia, puede «autoinmolar» sus propios principios.

los absorbimos / alimentamos nuestra mente / nos creímos parte
nos creímos invencibles / por algo somos una nación bajo un dios
y es nuestra tarea / conquistar la tierra de los infieles
apoderarnos de la riqueza de los infieles
reglamentar el mundo / a nuestra imagen y semejanza.

 

Canto 5: El manto rojo con destellos dorados

El quinto canto nos lleva a la China maoísta. El rojo vuelve, esta vez con los «destellos dorados» del sol de Mao. La «gran marcha» de la revolución agraria se convierte en la «revolución cultural» que silencia el pensamiento.

Gac-Artigas describe la persecución del intelecto («los violines son malditos»), los «campos de reeducación» y la denuncia del padre y la madre. Compara directamente los «20 millones de campesinos» muertos de hambre con las víctimas del «manto modelo» soviético, concluyendo que «el autoritarismo iguala a las víctimas». El poeta lanza una pregunta universal: «¿cuántos muertos se necesitan para que sea genocidio?».

el alimento no puede ser intelectual
es peligroso el pensamiento
puede dar paso a la rebelión
la ciencia es ciencia si es revolucionaria
es obscurantismo si el microscopio no repite
las máximas de la revolución.

los guardias rojos preservaron la llama
incendiaron los libros / no es la primera vez / no será la última
la palabra es peligrosa.

 

Canto 6: El manto de las dictaduras cubrió mi continente

Este es, quizás, el canto más íntimo. Gac-Artigas enfoca el horror en su propio continente, América Latina. Comienza con la belleza de los mantos multicolores precolombinos, rotos primero por el «manto de la conquista española, con la cruz y la espada».

Tras un breve «sueño» de justicia, donde «los de abajo… subieron a escena», cae «el manto de las dictaduras» del siglo XX. Es el horror de los «ríos llevaron cadáveres», los «cuerpos» lloviendo «del cielo» y el canto silenciado. Es el terror de las marionetas «manejadas por los hilos del imperio». La resistencia también es continental: «las arpilleras contaron la historia».

un día los de abajo / los olvidados de la historia
subieron a escena / fueron personaje principal
fueron la voz de su historia / un día fueron ejemplo a seguir
ese día se volvieron un peligro / ese día / una noche
un negro amanecer / el sueño despertó en la pesadilla.

 

Canto 7: El manto blanco y azul se viste de rojo

El libro cierra su círculo trágico regresando a Tierra Santa. El manto de Israel, la estrella de seis puntas, «se tiñó de rojo». El poeta denuncia «el ojo por ojo inhumano» donde las víctimas «se transformaron en verdugos».

Gac-Artigas conecta directamente «el humo de los hornos» con «el humo de las bombas», en un lamento por el ciclo interminable de la venganza. El poeta clama que «la muerte con muerte no se combate / el odio con odio no se combate» y reza por un futuro donde «dos estados dormirán en paz».

algún día / algún día los hombres / vivirán en paz
en el respeto / y ese día / tierra santa / será / tierra santa.

 

Conclusión: El ruego del poeta

Si lo hubiera sabido… no es un cierre, sino una súplica y una transferencia de responsabilidad.

Tras el viaje por los siete «mantos» del horror, el poeta Gustavo Gac-Artigas abandona el tono de la crónica para adoptar el del ruego en su penúltimo poema, «El ruego del poeta».

En esta letanía final, se dirige directamente a la esencia de cada ideología devastadora: le pide a la «bota que aplasta» que no aplaste a la niña en la buhardilla; al «profeta de la muerte» que regrese a la oración de vida; al «sol rojo» que no queme los libros; y al «muro de los lamentos» que escuche su canto infiel.

Si lo hubiera sabido… es una obra valiente. Es un réquiem por los ideales perdidos y una denuncia de todos los fanatismos.

oh, muro de los lamentos / escucha el canto del poeta,
ora conmigo el infiel

desde mi dolor / a ti lector te imploro / escribe tu verso
oh, lector, te suplico / escribe en la página en blanco
tu primer verso.

El libro no termina con la voz del poeta, sino con un desafío. La última sección, «Tu página, lector», nos entrega una página en blanco. Tras este viaje por el horror, Gac-Artigas nos cede la pluma y nos exige escribir nuestro propio verso, un verso que, ojalá, rompa el ciclo.

TU PÁGINA, LECTOR
escribe tu primer verso, o el último.

De este modo, Gac-Artigas no termina la obra; la deja abierta, insistiendo en que el silencio solo se rompe si el lector, ahora testigo, asume su papel y añade su propia voz para impedir que el dolor «estremezca nuevamente al mundo».

 

 

 

 

 

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Pedro Enríquez (España, 1956). Poeta, narrador y editor. Académico de la Academia de Buenas Letras de Granada (letra Z). Su libro más reciente es Sueño y misterio (Ediciones Rilke, 2023).

Entre sus títulos destacan: La exacta quietud del ahora (Alhulia, 2022), En el hueco de su mano. Fi yuf yada (Ebjed Cultural Foundation, 2021/2022), Las estatuas de sal (ΕΟΕ Books, 2019), Késelen. Ese filo (AB ART, 2019), En el hueco de su mano (Alhulia, 2018), Poesía para desafinados (Ediciones Puerto, 2017), y Libélulas y granados (Dauro, 2015).

Ha recibido, entre otros, el Gran Premio Internacional de la Feria del Libro de Puerto Rico, el Premio Dama de Baza, el Premio Dámaso Alonso y el Premio Internacional Nelson Mandela.

 

«Si lo hubiera sabido…», de Gustavo Gac-Artigas (Valparaíso Ediciones, 2024)

 

 

 

Pedro Enríquez

 

 

Imagen destacada: Gustavo Gac-Artigas.

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